Rurik:destino de Invierno

Capitulo ocho: Voces entre la nieve

El día comenzó con un silencio extraño. No era el mismo de siempre. Este se sentía… expectante. Me levanté antes que de costumbre. El grnadulon no estaba en su rincón. El fuego aún humeaba. Lumi dormía junto a mí.

Cuando la puerta se abrió, no fue con el golpe habitual del viento.

Fue descontrolada.

Él grandulon entró cubierto de nieve. No traía nada en las manos. Ni leña. Ni raíces.
Solo ese rostro.

No estaba furioso. No estaba agitado.
Estaba calculando.

Cerró la puerta con más cuidado de lo normal. Se quedó unos segundos de espaldas, como escuchando algo más allá de la madera. Luego echó el cerrojo.
Sus hombros estaban tensos.

—¿Qué pasa? —pregunté, sin saber por qué bajé la voz.

Silencio.

Se acercó a la mesa, dejó el hacha. Sus ojos recorrieron la cabaña… las paredes, la ventana, la puerta… y finalmente se detuvieron en mí.

No había rabia en su mirada.

Había advertencia.

Dio dos pasos hacia mí.

—Hér. (Aquí.) —dijo simplemente.

Señaló el rincón más oscuro de la cabaña. No el más cómodo. El más escondido.
No entendí la palabra. Pero entendí el gesto.

—¿Por qué…?—

No terminó de escucharme. Me tomó por los hombros —no brusco, pero firme— y me movió hasta el rincón. Señaló el suelo.

—Kyrr. (Quieto/a.) —

Su voz no era alta. Era baja. Y eso la hacía más peligrosa.

Mi estómago se apretó.

No sabía qué ocurría. No sabía si había algo afuera. No sabía si el peligro era el bosque… o él.

Solo sabía que algo había cambiado.
Se quedó de pie frente a la puerta unos segundos más, inmóvil, como si esperara que alguien la empujara desde el otro lado.
Pero nada ocurrió.

Silencio.

Demasiado silencio.

Finalmente soltó el aire por la nariz y se apartó, aunque no del todo relajado.
No explicó nada.

No intentó hacerlo.

Simplemente me miró otra vez, asegurándose de que yo seguía donde me había puesto.

Como si eso fuera suficiente.

Rurik's POV

La nieve siempre guarda secretos.
Y esa mañana, había guardado demasiados.
Había salido antes del amanecer, como siempre. El aire estaba limpio, cortante. El bosque callado.

Demasiado callado.

Fue cerca del límite donde los vi.

Tres hombres.
No cazadores.
No viajeros.
Borrachos.

Nada de que preocuparse

Sus risas atravesaban el bosque como hachas mal lanzadas. Uno de ellos había encendido una antorcha, tambaleándose demasiado cerca de las marcas de piedra que delimitaban la Tierra Maldita.

Idiotas.

Se habían vuelto más bulliciosos, gritaban y se reían a carcajadas entre sí. Y los vi, vi como se acercaban a uno de los borrachos y quitaban sus bebidas, observe como le decían algo que no lograba escuchar.

Los caballeros qué los habían sarandeado se quedaron rondando en los limites pensé que no pasaría de más pero uno de ellos se adentró, más de lo que creí que alguno de ellos lo haría alguna vez.

Me preparé por si lo tenía que enfrentar, escondido entre los árboles me agache saque me cuchillo y esperé.

Solo fueron unos segundos y en lo profundo del bosque se escucho un rugido, seguido del aleteo y el chillar de los pájaros, eso fue suficiente para acobardar al jinete qué paró enseguida y volvió con sus compañeros

Uno de ellos orinó sobre la nieve, justo antes de retroceder entre carcajadas, mientras tomaban de la botella que le habían quitado a los borrachos.

“Valientes”, cuando están ebrios.
Cobardes, cuando recuerdan dónde están.
Permaneci oculto entre los árboles hasta que se marcharon.

Pero eso no significaba que fuera irrelevante.

Si el límite empezaba a perder el miedo…
otros podrían atreverse.

Y no podía permitirlo.

Regrese a la cabaña con el ceño fruncido, repasando distancias, rutas, posibles puntos débiles.

Hasta que lo vi, un animal tendido en el suelo mientras la sangre salía de su cuerpo y mi mente no pudo evitar repasar el rugido qué había escuchado anteriormente.

Corrí, lo hice mientras mi cabeza repasaba la cabaña, la reserva qué había recolectado para el jol, las hierbas... Y esa pelirroja qué había estado conviviendo conmigo estos últimos días.

El invierno hacía más difíciles las invasiones… pero también más fáciles las imprudencias.

Cuando entre, ella me miró su rostro con una combinación de sorpresa y alivio.

No debía de preocuparme todo estaba bien la cabaña se encontraba en perfecto estado, las reservas igual... Y ese cabello rojizo esta en perfectas condiciones.

La movi al rincón más protegido sin explicaciones. No porque creyera que algo pudiera pasar en estos momentos… sino porque necesitaba medir el riesgo.

Necesitaba saber si ella obedecería.

Y Lo hizo.

Eso fue… bueno.

Ahora permanecía dentro, del pequeño espacio cerrado donde la había guiado para que ella pasara las noches.

No salió de nuevo.

Coloco el hacha más cerca de la puerta. Revisó el cerrojo. Ajuste la madera que reforzaba la ventana. Fingió ocuparse del fuego, pero su oído estaba atento al bosque.

Cada crujido.

Cada golpe de viento.

Ella miraba mi espalda lo sentia, silenciosa.

Aún desconfiaba.

Aún me observaba como si fuera parte del peligro.

Y quizá lo era.

Pero no permitiría que otros lo fueran también.

Mis pensamientos se deslizaron hacia algo más cercano: Jól.

La festividad se acercaba.

Quedaban pocos días.

Aún debía preparar la leña especial, la que ardería durante toda la noche. Debía revisar las reservas de carne. Asegurarme de que el techo resistiera otra nevada fuerte.

Y ahora… vigilar el límite.

Si los hombres del otro lado empezaban a perder el temor justo antes de Jól, sería una mala señal.

Aunque sabía que eso sería casi imposible había pasado casi una década en la que nadie del clan se atrevia a cruzar, no había ser valiente qué prefiriera cruzar el límite antes que cualquier cosa, pero no debía de confiarme había sobrevivido gracias a siempre estar a la espectativa



#3212 en Novela romántica
#1048 en Chick lit
#124 en Joven Adulto

En el texto hay: amor-odio, romance, vikingos

Editado: 16.03.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.