Ryan Martinez 2

EP.15 "Fue Facil"

El 17 de noviembre amaneció fresco y despejado.

Ryan llegó al coliseo municipal con una hora de antelación. Llevaba los guantes nuevos al hombro, la cadena de su padre al cuello y la pulsera de Scarleth en la muñeca. Se sentía diferente. No era arrogancia, pero sí una confianza que no había sentido antes.

—Hoy es el día —dijo Kevin, caminando a su lado.

—Hoy es el día —repitió Ryan.

Lucas consultó su bloc de notas.

—Facundo "El Metrónomo". Colegio San Miguel. Es rápido y técnico. Pero se cansa después del segundo asalto. Su única fortaleza es que marca el ritmo de la pelea. Si no te dejas llevar, lo tenés.

—No me voy a dejar llevar.

—Bien.

Matías se acercó con las manos en los bolsillos.

—Scarleth no pudo venir hoy. Está con su mamá. Pero dijo que te manda suerte.

Ryan sintió una pequeña punzada de decepción, pero no le dio importancia.

—Dale, gracias.

—No la extrañes —dijo Matías, con una sonrisa celosa.

—No la extraño —dijo Ryan.

Kevin se rió.

—Ya, metanse al vestuario. Que la pelea empieza en media hora.

Ryan se vendó las manos con calma. Tres vueltas en la muñeca, dos en los nudillos, una en el pulgar. La rutina ya era parte de él. Se puso los guantes nuevos. El cuero crujió.

Mario entró al vestuario.

—¿Listo?

—Listo.

—Escuchame bien. Este chico es rápido. Pero no es fuerte. Si te mantenés firme y no te dejás llevar por su ritmo, lo tenés. No te apures.

—No me voy a apurar.

—No te confíes.

—No me voy a confiar.

Mario lo miró fijo.

—Te conozco, conejo. Cuando ganás fácil, te relajás. Y eso es peligroso. La próxima pelea no va a ser fácil.

—Lo sé profe.

—Entonces demostralo.

Ryan salió del vestuario. Sus amigos lo siguieron. Las gradas del coliseo estaban más llenas que en la primera pelea. La gente ya empezaba a conocerlo. Algunos aplaudieron cuando pasó.

Ryan subió al ring. Al otro lado, Facundo "El Metrónomo" ya estaba listo. Era un chico delgado, de pelo corto y mirada concentrada. No sonreía. No saludaba. Solo esperaba.

El árbitro los reunió en el centro.

—Tres asaltos de dos minutos. Golpes limpios. ¿Entendido?

—Entendido —dijeron los dos.

Chocaron guantes. La campana sonó.

Primer asalto

Facundo salió rápido. Movía la cabeza, lanzaba jabs de sondeo, intentaba marcar el ritmo. Ryan se mantuvo firme, con la guardia alta, recordando las palabras de Mario: No te dejes llevar por su ritmo.

Facundo lanzó un jab. Ryan lo esquivó. Facundo lanzó un cross. Ryan lo bloqueó.

Facundo respondió. Siguió moviéndose. Pero Ryan empezó a leerlo. Cada golpe, cada paso, cada movimiento. Era predecible.

Ryan esperó su momento. Facundo bajó la guardia un segundo. Ryan no dudó.

Jab. Cross. Gancho de izquierda.

El gancho conectó en la mandíbula de Facundo. El chico retrocedió. Ryan avanzó. Otro gancho. Esta vez al hígado. Facundo se dobló.

El árbitro se interpuso.

—¡Alto! ¡Alto! ¿Estás bien?

Facundo asintió, pero su mirada estaba perdida. Ryan se mantuvo en su esquina. No celebraba. No sonreía. Solo esperaba.

El árbitro dejó continuar. Ryan no necesitó más de treinta segundos. Conectó un cross directo al rostro de Facundo. El chico cayó de espaldas. La lona azul amortiguó su caída.

El árbitro comenzó la cuenta. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Seis. Siete. Ocho. Nueve...

Facundo intentó levantarse, pero sus piernas no respondían. El árbitro agitó los brazos.

—¡FUERA! ¡FUERA! ¡GANADOR POR NOCAUT EN EL PRIMER ASALTO, RYAN MARTÍNEZ!

Ryan levantó los brazos. El público estalló. La gente aplaudía.

Ryan bajó del ring. Sus amigos lo rodearon. Kevin lo abrazó con tanta fuerza que casi lo ahoga. Lucas sonrió con su bloc de notas. Matías le dio una palmada en el hombro.

—¡Eso fue increíble! —gritó Kevin.

—Fue un poco fácil —dijo Ryan.

—No fue fácil. Fuiste vos.

Ryan se rió. Se sentía invencible.

En ese momento, Mario se acercó. No sonreía. Tenía la cara seria.

—Bien —dijo—. Ahora, a prepararse para la siguiente.

—¿Cuándo es la semifinal? —preguntó Ryan.

—Pasado mañana. Vas a pelear contra el ganador del otro cuadro. Y no va a ser fácil. Así que no te confíes.

—No me confío —dijo Ryan, pero sus ojos brillaban con una chispa que Mario no le había visto antes.

Mario lo miró un momento.

—Conejo. Escuchame. Ganar una pelea fácil no te hace campeón. Las peleas difíciles son las que te definen.

—Lo sé —dijo Ryan.

—Entonces demostralo.

Ryan asintió. Pero en su interior, no podía evitar sentirse más grande que el ring.

Esa noche, Ryan volvió a su casa con el cuerpo intacto y el ego por las nubes.

No había recibido ni un solo golpe limpio en toda la pelea. Su mandíbula estaba intacta. Sus costillas también. Se sentía como un tanque.

Su madre lo esperaba en la cocina.

—¿Ganaste? —preguntó, aunque ya sabía la respuesta.

—Gané. En el primer asalto.

—¡Mi campeón!

—Todavía no soy campeón —dijo Ryan, pero sonrió.

Su madre lo abrazó. Ryan se sintió orgulloso. Se sintió fuerte.

Subió a su cuarto. Se miró al espejo. No tenía ni un solo moretón nuevo. Se sentía invencible.

Colgó los guantes en la pared. Miró la pulsera de Scarleth. Miró la cadena de su padre.

—Mañana entreno —se dijo—. Pero no tanto. Total, la próxima pelea va a ser igual.

Apagó la luz. Y durmió con una sonrisa en la cara.

No sabía que esa confianza, esa seguridad, iba a ser su peor enemigo en la semifinal.



#2736 en Otros
#498 en Acción
#246 en Aventura

En el texto hay: colegios, superación personal., boxeo juvenil

Editado: 14.07.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.