¾■¾í¾■¾
Este es el último año de preparatoria y debo enfocarme más en mis estudios para ingresar a una buena universidad. Debo estar enfocada en eso. Siempre ha sido mi meta ingresar a mi carrera soñada de arquitectura. Por ello, no necesito ninguna distracción. Por lo tanto, debo estar metida en los libros de estudio.
O eso es lo que repito a diario.
—¿Has tenido un primer amor, Kristy? —preguntó una de mis compañeras de curso, mientras dibujaba en su cuaderno una linda escena de romance entre dos protagonistas que estaban enamorados—. Todos tenemos uno. Dar un beso a persona, sabe igual que un suave melocotón.
¿Un beso con sabor a melocotón?
No puedo asociarlo así.
Sin querer, mi mente trajo consigo a una escena de verano donde yo era la protagonista en un lugar alto de la secundaria, donde se podía apreciar la vista panorámica de todas las aulas.
Recuerdo que hacía mucho calor.
Sí y enfrente de mí, estaba ese chico con su uniforme todo pulcro, muy diferente a la persona despreocupaba que mostraba en el aula y en su vida. Fue hace unos tres años.
Mi rival en notas.
Después que pasó ese evento donde rompimos relación cualquiera, sea de rivalidad o amistad, me refugié en mis estudios y nos alejamos. Lo evité a toda costa hasta este momento.
Él solo es una mancha de mi pubertad que quiero borrarla por completo.
—¿No irás al club de fotografía? —pregunta Asia a mi lado. Es mi mejor amiga desde que pasé a preparatoria—. ¿Sigues teniendo una amistad con Arista?
La líder del club que quiero meterme.
—Sí —respondo sonriendo—. Necesito tener algunos créditos acumulativos. También me gusta ver fotos.
Ella se acerca hasta mi oído.
—Dice que su novio es muy guapo. ¿Lo conoces?
Sonrío sin importarme el tema.
—Algo así —respondo, acomodando la mochila detrás de mi espalda—. ¿No tiene unos meses saliendo con él?
—Medio año —comunica a medida que nos acercamos a la cafetería—. Es un chico muy productivo en sus notas. Al parecer, no solo es popular en su desempeño académico, sino, en otras cosas. Los clubes se pelean para que entre. Es muy bueno en todo lo que hace.
—También lo sé.
—¿En serio?
Volteo a comprar un sánduche, pero mi mirada se cuela en el ruido de los estudiantes que hacen al ver a una pareja caminar juntos. Asia no sabe que el novio de Arista Conley, la líder del club de fotografía, no es nada menos que Arther Brewer, el chico que fue mi rival de notas en la secundaria.
Cabello castaño claro y ojos oscuros.
No ha cambiado nada ese porte tan tranquilo y llamativo. Es perfecto como pareja de Arista Conley. Una chica con una belleza delicada. Con su cabello corto y su cuerpo notificado por estar yendo al Ballet, hace una perfecta combinación con él.
—¿Nunca te ha gustado nadie, Palmer? —preguntó Arther sentado a mi lado con su sánduche medio mordido—. No me digas que, en tu cabecita de sabelotodo, no se le ha cruzado eso.
—Yo me esfuerzo mucho estudiando, no como otros que faltan a clases seguido.
Él rio. Una risa muy grácil de un puberto travieso.
—A diferencia de ti, Palmer. Yo tengo alguien que me gusta y quiero darle mi primer beso.
Resoplé.
—¿En serio piensas que me crea eso?
—Que cruel. ¿Piensas que no soy un chico puro, Palmer? —replicó en un melodrama de comedia. Sacó mis lentes y se los puso él, mientras me regaló esa sonrisa que todos comentaban. Un arco dental perfecto que derretía a cualquier chica de nuestra edad—. Te juro que no soy como piensas en el tema de chicas. Deberías dejar de mirarme así, sabelotodo.
Nuestra relación era extraña.
Siempre terminaba peleándome con él y hablándome sin respeto, pero por arte de magia, Arther me perseguía solo para fastidiarme la vida.
Él viento pasa fuerte, dándome cuenta que la mirada del novio de Arista Conley se ha quedado en mí. Es igual que cuando me azota una brisa pasajera. Solo por unos segundos, queda adherida en mí, para luego borrarse por completo esa sensación.
Soy la primera en voltear la mirada.
—Vamos rápido. Necesito regresar a la biblioteca, Asia —comento. Ella se queja—. Necesito pasar con excelentes notas. Así, puedo tener una beca en la universidad que quiero postularme.
Ella suspira cansada.
—¿En serio no te interesa los temas de adolescentes, Kristy?
—No. No tengo tiempo para eso —respondo sonriendo, mientras compramos nuestras meriendas—. Sentémonos a comer.
—Debes tener al menos un romance en la preparatoria.
Su queja hace que ría.
—No tengo tiempo —repito, metiendo mi sánduche en la boca—. En serio, no me interesa ese tema.
No me interesa, porque jamás volveré a tocar eso.