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Con la resignación vuelvo rendida a mi casa, no sin antes Arther acompañarme hasta mi casa. Él lo propuso de sorpresa, quise negarme, pero su mamá insistió en hacerlo. Un acto gallardo que no pude decir no con facilidad. Por ello, no me quedó de otra que venirme a la parada de autobús.
Ambos nos sentamos a esperar tranquilos para que mi bus llegue.
Está sentado solo con su uniforme. Saco mi MP3 y audífonos para escuchar música. Él observa con curiosidad y no evita escapar una pequeña risa. Lo observo con una ceja arqueada.
¿Ahora por qué su risa?
—¿Por qué te ríes?
—No pensé encontrar a alguien utilizar un MP3 —comenta riendo. Lo miro confundida—. Imaginé verte con un celular.
—No traigo mi celular a la secundaria —digo con un encogimiento de hombros, mientras pongo un audífono en mi oído derecho—. Sería problemático si me lo quitan en requisa.
—Eres muy precavida.
—Debo serlo para no causar problemas en mi vida estudiantil —confieso tranquila. Sobresalto al ver que agarra uno de mis audífonos para llevarlo a su oído—. ¡Hey!
Él permanece quieto, escuchando la música que resuena.
—¿Te gustan este tipo de música?
Enarco el ceño. ¿Acaso dirá un comentario despectivo de mi gusto musical?
—Me gustan las melodías dulces —confieso—. El jazz y el Blues, son suaves de escuchar. También escucho instrumental que tienen que ver con piano y violín al momento que debo aprender un tema complejo.
Su mirada queda adherida en mi perfil.
—Puedo entonar la guitarra.
¿Qué cosa? Lo miro desconcertada por su declaración.
—¿Tú entonas la guitarra?
Mi pregunta hace que ría entretenido.
—Soy bueno en muchas cosas, Palmer —confiesa con un tono lleno orgullo. Sí, debí suponer que este chico es así—. También escucho instrumental cuando…. Duermo.
Eso último hace que carcajee divertido.
—Las máquinas como tú, no entenderán a personas como yo —comento en un suspiro, mientras cambio de música—. Mi retentiva no es buena, debo estudiar mucho para que la información esté asegurada en mi cerebro.
Él sonríe.
—Es fácil aprender.
Resoplo.
—Claro, máquina.
—¿Quieres saber mi secreto para tener mi cerebro sano y activo? —pregunta, llamándome la atención—. Comer bien. Bebe mucha leche y haz ejercicio, Palmer. —Carcajea al ver mi frente arrugada—. En serio lo digo.
De mala gana, me levanto al ver el bus llegar.
—No importa, Brewer —digo, quitando mi otro audífono de sus manos—. Tienes suerte de tener ese cerebro. Llegarás lejos de esa forma. Nos vemos mañana en la secundaria.
Antes que entrara por completo al bus, él se levanta y sujeta mi muñeca, haciendo que volteara a verlo.
—Habrá clase de baile, serás mi pareja.
¿Qué cosa?
—¿Es una orden?
Sonríe, mostrando esa hilera de dientes perfectos.
—Sí. Eres mi sombra por un mes, Palmer.
Sí. Debo cumplir con lo acordado. Suelta mi mano, mientras me embarco en mi bus. Solo alcanzo a afirmar en un movimiento de cabeza que estoy de acuerdo en ello.
Después de todo, hice un trato con él.
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Bostezo y friego el puente de mi nariz.
Tuve que estudiar ciertas cosas hasta la media noche. Tengo sueño. De lunes a viernes, tengo que levantarme a las seis para salir de mi casa a la secundaria. Falta poco para el examen de inglés y necesito memorizar verbos. Por ello, debo llevar cartillas y empezar a aprender lo más que pueda.
A medida que camino por la entrada de la secundaria, murmuro las cartillas, pero dejo de hacerlo al tropezarme con alguien. No es nada menos que la hermana menor de la líder del club de animadoras de la preparatoria.
Al verme en el suelo con las cartillas, ríe.
—Ups. No es nada menos que la nerd del curso —pronuncia de manera desdeñosa—. ¿Siempre andas distraída en los estudios? Hasta has olvidado cambiar tus lentes.
Lo dice porque siempre debo acomodármelos.
Sin renegar, me pongo de pie y sacudo mi uniforme, acomodando mis cartillas de los verbos que están en inglés.
Ignoro su comentario para seguir, pero bloquea mi camino.
—¿Qué ocurre?
—Escuché que te has pegado como polilla a nuestro modelo de notas —manifiesta. ¿Se refiere a Arther?—. No estarás interesada en él, ¿verdad? No hacen una buena pareja. Tu aspecto no es agraciado. Ya me entiendes.
Ella es del tipo que le gusta sentirse bien al humillar a otros.
—¿Eso importa? —cuestiono tranquila. Ella arruga su frente—. No me interesa ese tema. Solo me enfoco en asuntos que me saquen beneficios.