Sabor A MelocotÓn

CAPÍTULO 4

¾■¾í¾■¾

Las clases de baile, es una materia optativa que no sirve de nada.

O así lo veo. Siempre que hago algo, es para sacar beneficios, pero dudo que esto me beneficie. A pesar que no soy buena en ciertas cosas, estudio mucho en ello a comparación de mi pareja de baile que todo le sale bien. Su estatura pasa por unos centímetros a la mía; sin embargo, eso no es obstáculo para bailar bien.

Es un vals. Una música buena que practican a los quince años.

—Uno. Dos. Tres —dice la maestra aplaudiendo, mientras los otros estudiantes danzan alrededor. La mayoría se tropieza—. Vamos. No traten de pisar los pies a sus compañeros. Enfóquense en tener una buena química igual que los estudiantes Palmer y Brewer.

No me gusta bailar.

O eso digo en mi cabeza. Más con este tipo que todo le sale bien.

—¿Acaso nos están adulando, compañera de baile?

Giro los ojos.

—Sigue bailando, Brewer.

Ríe y se mueve conmigo, igual que una pareja que han practicado mucho. Mi cuerpo gira con elegancia, mientras escuchamos los aplausos de la profesora. Está encantada al vernos. Por otra parte, los demás, solo quedan observándonos en silencio.

—¿No tienes miedo que tengas problemas de envidia más tarde? —pregunta Arther a mi lado—. También soy bueno defendiéndome.

Resoplo.

—¿Crees que necesito tu ayuda para defenderme?

Ríe.

—Al verte hace poco, no.

—No resuelvo conflictos de la misma manera que el agresor —comento, moviéndome por el salón con él—. Tengo mi manera de salir de ello.

—De esto no tengo dudas, pero si necesitas ayuda solo grita: ¡Ayúdame! —exclama, haciendo un drama de comedia. Lo miro con una ceja alzada—. Vendré enseguida, igual que es esos príncipes que protegen a su damisela.

Resoplo.

—¿Tengo cara de damisela?

—¿Quieres la verdad? —pregunta con una sonrisa burlona. Tengo ganas de pisarle el pie—. Si te digo lo que pienso de tu aspecto en este momento, es quizás te ruborices.

¿Qué ha dicho?

¿Por qué me pusiera sonrojada con un comentario de él?

—Dudo que lo haga.

Ríe y sujeta mi cintura para acercarme a él.

—Te pareces a la princesa que se convierte en cisne —murmura, dejándome sorprendida. Lo observo desconcertada por su comentario. La música termina justo cuando ha soltado algo extraño—. Gracias por ser mi compañera, Palmer.

Ambos hacemos una reverencia elegante.

¿Por qué iba a sonrojarme este tipo de comentario viniendo de él? O esa es la pregunta que tengo en mi mente. Siento mi rostro algo caliente. Descarto que me haya puesto así por lo que dijo ese chico.

▬♥♥▬

Termina las clases y recojo todo lo que está sobre mi escritorio, lista para irme a casa con tranquilidad, pero mi dichoso compañero, sujeta mi muñeca. Sigue estando recostado y voltea a verme con una expresión sonriente y dormilona. La luz del atardecer entra por la ventana, alumbrando su rostro.

Si lo veo con detenimiento, sí es guapo.

Es probable que se ponga más guapo al ingresar en la preparatoria.

—Eres mi sombra, Palmer.

Aich, retiro lo dicho.

—¿Qué quieres ahora?

—Quiero comer algo rico. ¿Deseas unas hamburguesas picantes? —pregunta riendo al ver mi expresión—. Es broma. Mejor, vayamos al restaurante de mi madre. Nos tiene preparado un buen platillo que no es picoso.

—¿Por eso me regalaste el llavero de Kikyo?

—¡Qué no, Palmer!

—Lo que sea, levántate rápido —replico de mala gana. Él se levanta y agarra mi mochila—. ¡Oye! Puedo cargar mis cosas por mi propia cuenta.

Voltea a verme con una sonrisa risueña.

¿Desde cuándo sonríe de esta manera este chico? ¿Lo estoy imaginando?

—¿Quieres competir conmigo en lo que respecta a cargar cosas? —pregunta, haciendo que lo observara con una ceja levantada—. Dudo que me ganes en eso, Palmer.

Este chico…

¡Retiro lo dicho!

—¡Puedo hacerlo! —exclamo, agarrando su mochila, pero al hacerlo, no pesa nada. Lo miro desconcertada, mientras ríe—. ¿Acaso no traes cuadernos de estudio?

Él encoge los hombros.

—Solo traigo lo necesario, nada extras, como tú.

Cierto, este chico es una máquina de información. ¿Para qué iría a la biblioteca?

—Retiro mi comentario.

Sonríe y quita su mochila para llevar la mía en sus hombros.

—Si quieres competir conmigo en peso, podemos hacerlo cuando tu cuerpo esté lleno de músculos —comenta entre una risa. Quiero quitarle mi mochila, pero rehúye de ello—. Si no es así, ¡puedes alcanzar hasta la entrada de la secundaria, sabelotodo!

Cuando hace esto, tengo ganas de darle un golpe en su pantorrilla.



#2 en Joven Adulto
#42 en Otros
#24 en Humor

En el texto hay: humor, primer amor, emiesylovers

Editado: 13.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.