¾■¾í¾■¾
Las prácticas empezaron para la obra de teatro.
Todos comenzaron a practicar sus papeles de la obra que presentará el curso. Mis líneas son cortas y sin importancia por ser la hermana del príncipe que es nada menos que el número uno, Arther Brewer, el cual, no deja de empujarme y molestarme con regalarme caramelos de sabor a melocotón.
Estoy hostigada de esos caramelos, pero no para de meterme a la boca sin previo aviso para luego reírse con ese sonido melodioso. Ahora comprendo el motivo, del cual, piensan que estamos saliendo.
—Dicen que el primer beso sabe igual que un dulce —pronuncia Arther en el centro del aula con Lorette a su lado. Está diciendo líneas de su papel de príncipe, mientras la sostiene del mentón—. ¿Quieres experimentarlo, princesa?
Todas las chicas chillan emocionadas.
Se acerca más a su rostro, pero antes que sus labios se posaran a un costado le detiene.
—¿No hay beso?
—No besaría a alguien que no me gusta solo por un papel de una obra —comenta Arther, separándose de ella. La profesora lo aplaude—. ¿Lo hice bien?
—¡Perfecto, alumno Brewer!
Él pasa una mano por su cabello y me observa sonriendo para luego acercarse hasta mí para entregarme otro caramelo. No evito devorarlo en mi boca.
—¿Qué te pareció, Palmer? Lo hice mejor que tú, ¿verdad?
Lo miro ceñuda.
—Tienes el papel principal. Por supuesto que lo hiciste bien, idiota —comento de mala gana, mientras mastico el caramelo—. Tuviste a todas babeando.
Ríe.
—No a todas.
Arqueo una ceja.
—Todas están babeando por ti, Brewer.
No dice nada, pero mete otro caramelo en mi boca.
—Sí. Al parecer eres amante a los dulces —Ríe—. Pareces una ardilla escondiendo semillas en sus mejillas.
¿Qué ha dicho este chico?
—Deja de decir tonterías y para de darme caramelos. Puedo padecer de diabetes más adelante.
—Aún eres joven para que pienses eso.
Giro los ojos.
—Lo que sea. Iré a ayudar en ciertas cosas. Puedes seguir con lo tuyo —comento, recogiendo unos trajes para dejarlos en la bodega, pero él me ayuda en ello—. Puedo hacerlo sola.
—Soy un caballero. Un príncipe. No dejaré que una princesa recoja las cosas por sí solas —detalla riendo a medida que camina hasta la entrada. Permanezco con la mirada confundida en él—. Vamos, querida.
Este tipo solo lo hace para molestarme. Nada más.
▬♥♥▬
Dejamos todos los trajes en la bodega, pero antes que saliéramos, la puerta se cierra. Escuchamos el “click” del candado, indicio que nos han encerrado, junto a unas risitas. Ambos nos quedamos mirando en silencio. No puedo creer que hagan cosas inmaduras como estas. Debe ser el grupo de Lorette.
—No pensé que tenías enemigas, Palmer.
Giro los ojos.
—Mejor no hables. Es tu culpa.
—¿Por qué sería mi culpa?
—¿Bromeas? ¡Siempre estás apegado a mí! —amonesto—. No me extraña que ganara enemigas por estar al lado del chico número uno en toda el aula.
Me acerco hasta la puerta y empiezo a mover la perilla. En efecto, nos encerraron.
—Entonces, deberías de sentirte orgullosa por estar a solas conmigo, Palmer —comenta, haciendo que lo mirara mal. Alza las manos y ríe—. No es para tanto. No es como si te fuera a comer. —Cubre con sus manos su pecho—. Soy puro. Esperaré a mi esposa para dar el siguiente paso.
Este chico…
—No puedo creer que haya escuchado ese comentario, viniendo de un puberto —comento, haciéndolo reír—. Deja de decir pavadas y ayúdame a buscar algo para salir de aquí. O podemos gritar.
—Tú también eres puberta, Palmer.
—Lo que sea —comento, golpeando fuerte la puerta—. ¡¿Alguien hay por ahí?! —Espero escuchar una contestación, pero nada—. Debí de suponer que pasaría algo así cuando estoy a tu lado, Brewer.
Él ríe y sujeta mi mano, haciéndome sorprender.
Se encamina conmigo hasta un rincón, donde lo acomoda para sentarnos tranquilos. En cada paso que damos, lo miro ceñuda. ¿Por qué este chico siempre está tranquilo en todo?
—Mandaré un mensaje a uno de mis amigos, mientras tanto practiquemos nuestros papeles —declara, sacando su celular. Lo observo seria—. ¿Qué? Puedo ser un buen estudiante, pero no inocente.
—Traer celular está prohibido.
—Lo sé. Por eso, solo lo saco cuando estoy a solas —indica, escribiendo en su celular para luego guardarlo en el bolsillo del pantalón—. Bien. Vamos a practicar un poco.
—¿No practicaste hace poco con Lorette?
—Sí, pero no di mi cien por ciento —responde sonriendo—. Esa chica no es una buena compañera de teatro. —Saca otro caramelo. Esta vez, se lo lleva a su boca—. ¿Y bien? ¿Practicamos?