¾■¾í¾■¾
No he dicho nada.
Estoy demasiado confundida para soltar alguna palabra. Observo sin interés el sánduche de pollo que me ha regalado. De nuevo estamos en la terraza del edificio de nuestra aula. ¿Qué debería de decir? Lo que dijeron esas chicas, se repite en mi cabeza sin parar.
¿Este chico jugando conmigo?
Si lo pienso de manera diferente, es posible que sea así.
Él es apuesto e inteligente. Puede que sea solo un medio de distracción en su vida. Nada más; sin embargo, pensar eso, hace que me duela el corazón.
Sí. Duele.
—¿Qué ocurre? ¿Qué tanto piensas, Palmer?
¿Por qué debería de dolerme? Siempre he agarrado de estos temas sin importarme nada de ello. ¿Por qué ahora me afecta que este tipo esté jugando conmigo?
No comprendo.
Pensé que toda mi vida tenía que estar en orden, pero no ha sido así.
—Estoy pensando.
—¿En qué?
—En mis sentimientos —respondo con sinceridad con la mirada a otro sitio, menos en su rostro—. A veces, piensas que tienes todo en orden, pero te sale un tema nuevo que te desordena tu punto de vida y te empiezas a cuestionar muchas cosas para buscarle lógica.
Él ríe.
—¿Qué es ese diálogo profundo? Pareces una mujer de edad avanzada.
Muerdo el sánduche de mala gana.
Puede que sea así, pero es la primera vez que me pasa esto. Mi mente no deja de pensar muchas cosas extrañas. Ni que hablar de las emociones nuevas que están rodeando mi corazón.
Es normal enamorarse a esta edad.
Un amor inocente. O eso leí de ciertos libros. Una etapa donde las hormonas empiezan a presentarse de manera inmadura. ¿Me pasó? ¿Es por ese bendito beso sorpresa?
Frunzo el ceño.
¿No dirá nada sobre ese momento?
—Oye.
—Oh, eso sonó serio, Palmer.
Lo miro ceñuda. Tengo tantas ganas de darle una patada en su canilla.
—Ayer…. Tú…. —manifiesto con algo de timidez. No sé cómo abordar este tema sin sentirme cohibida—. Ya sabes….Lo que pasó entre los dos…. El ensayo…
Sonríe.
—Ya te dije que me dejé llevar.
Por eso digo que este chico me cae mal.
—Dijiste que ibas a dar tu primer beso a tu novia —comento de mala gana—. Mentiste por haberte dejado llevar por el papel.
—Sí. Pasó eso.
—Si es así, vamos a hacer que eso no ocurrió —declaro con convicción—. De esta manera, podrás pensar que el siguiente beso, sea especial y con tu novia, como dicen en esos libros rosas.
Por un momento me observa sonriendo en silencio, pero luego suelta a reírse.
—¿Acaso eres una máquina que borra información, Palmer?
Alzo una ceja.
—Si estamos hablando de máquina de esas, ese serías tú, Brewer —comento de mala gana—. Lo que sea. Este tema, se cerrará de esta manera, ¿entendido?
No dice nada y sigue comiendo entretenido lo que tiene en la mano.
¿Primer amor? Suena algo lejano para mí, pero después de lo que pasó, no puedo negar que esté pasando por ese bendito proceso. Todavía necesito comprobar esa afirmación.
¿Cómo debería de comprobarlo?
Echo un vistazo a su perfil. Leí que el corazón se acelera tan solo con tocarle la mano. Sin reparo alguno, sujeto una de las suyas y la observo con atención.
—¿Palmer?
Miro con atención nuestras manos y nada.
¿Qué más puedo hacer? ¿Acercarme más? Eso debería de funcionar. Ante su expresión de incertidumbre, me le acerco y me coloco a centímetros de su rostro. Observo sus ojos con detenimiento, hasta que el recuerdo del beso viene a mí.
Mi corazón late apresurado.
Lo empujo y retrocedo, cayendo de trasero a un lado. No puedo controlar los latidos de mi corazón.
—No entiendo.
—¿Qué no entiendes? ¿Por qué estás actuando extraño, Palmer?
Eso mismo quiero saberlo.
—Debo irme.
—¿Qué?
Me levanto ante que diga otra cosa más. Esto es demasiado para mi mente de estudiante. A medida que camino, siento caliente mi rostro, algo extraño.
▬♥♥▬
Me voy con la excusa que no me siento bien.
Casi corro del aula después del ensayo de la obra, pero traté de caminar tranquila. Arther quiere decir algo; sin embargo, se lo impido por completo con la huida que doy.
—Dicen que después de la obra, van a declararse.
Sigo caminando, mientras escucho los rumores de las chicas que ríen al pensar que es bonito tener novio a esta edad. Acelero el paso hasta que tropiezo con alguien, haciendo que caiga sobre algo duro. Mis lentes caen a un lado, escuchando un gemido de dolor.