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Después de ese día de encontrarme con Arther, lo estuve viendo más seguido, trayendo cosas del club o hasta comida para todos nosotros. Conocí a los otros integrantes y empecé a entrar en confianza. A pesar de ello, la relación entre ese chico y yo, es diferente a la de antes.
Muy normal después de haberlo evitado por años.
Hemos cambiado un poco, pero seguimos manteniendo esa esencia de antes. Pude ver la relación que lleva con Arista y preguntarme si así hubiera sido si ese día yo….
Un momento.
Niego con la cabeza. ¿Por qué debo estar pensando tonterías?
Este es el último año de preparatoria y debo enfocarme más en mis estudios para entrar a una buena universidad. Siempre ha sido mi meta ingresar a mi carrera soñada de arquitectura. Por ello, no necesito ninguna distracción. Por lo tanto, debo estar metida en los libros de estudio.
O eso es lo que repito a diario.
—¿Has tenido un primer amor, Kristy? —preguntó una de mis compañeras de curso, mientras dibujaba en su cuaderno una linda escena de romance entre dos protagonistas que estaban enamorados—. Todos tenemos uno. Dar un beso a una persona, sabe igual que un suave melocotón.
¿Un beso con sabor a melocotón?
Sin querer, mi mente trajo consigo a una escena de verano donde yo era la protagonista en un lugar alto de la secundaria, donde se podía apreciar la vista panorámica de todas las aulas.
Recuerdo que hacía mucho calor.
Sí y enfrente de mí, estaba ese chico con su uniforme todo pulcro, muy diferente a la persona despreocupaba que mostraba en el aula y en su vida. Fue hace unos tres años.
Mi rival en notas.
Después que pasó ese evento donde rompimos relación cualquiera, sea de rivalidad o amistad, me refugié en mis estudios y nos alejamos. Lo evité a toda costa hasta este momento.
Él solo es una mancha de mi pubertad que quiero borrarla por completo.
—¿No irás al club de fotografía? —pregunta Asia a mi lado. Es mi mejor amiga desde que pasé a preparatoria—. Por lo visto te has estado llevando bien con Arista, la novia de Arther Brewer.
—Sí —respondo sonriendo—. Necesito tener algunos créditos acumulativos. También me gusta ver fotos.
Ella se acerca hasta mi oído.
—Es guapo, ¿verdad?
Haba de la belleza hormonal de Arther. Sonrío sin importarme el tema.
—Algo así —respondo, acomodando la mochila detrás de mi espalda—. ¿No tiene unos meses saliendo con él?
Ni sé cuánto tiempo llevan juntos
—Medio año —comunica a medida que nos acercamos a la cafetería—. Se ha ganado la lotería. Arther Brewer es codiciado entre todos. Los clubes se pelean para que entre. Es muy bueno en todo lo que hace.
—También lo sé.
—¿En serio?
Volteo para comprar un sánduche, pero mi mirada se cuela en el ruido de los estudiantes que hacen al ver a una pareja caminar juntos. Asia no sabe que el novio de Arista Conley, la líder del club de fotografía, no es nada menos mi rival de notas en la secundaria.
Cabello castaño claro y ojos oscuros.
No ha cambiado nada ese porte tan tranquilo y llamativo. Es perfecto como pareja de Arista Conley. Una chica con una belleza delicada. Con su cabello corto y su cuerpo perfecto, hace una perfecta combinación con él.
—¿Nunca te ha gustado nadie, Palmer? —preguntó Arther sentado a mi lado con su sánduche medio mordido—. No me digas que, en tu cabecita de sabelotodo, no se le ha cruzado eso.
—Yo me esfuerzo mucho estudiando, no como otros que faltan a clases seguido.
Él rio. Una risa muy grácil de un puberto travieso.
—A diferencia de ti, Palmer. Yo tengo alguien que me gusta y quiero darle mi primer beso.
Resoplé.
—¿En serio piensas que me crea eso?
—Que cruel. ¿Piensas que no soy un chico puro, Palmer? —replicó en un melodrama de comedia. Sacó mis lentes y se los puso él, mientras me regaló esa sonrisa que todos comentaban. Un arco dental perfecto que derretía a cualquier chica de nuestra edad—. Te juro que no soy como piensas en el tema de chicas. Deberías dejar de mirarme así, sabelotodo.
Nuestra relación era extraña.
Siempre terminaba peleándome con él y hablándome sin respeto, pero por arte de magia, Arther me perseguía solo para fastidiarme la vida.
Él viento pasa fuerte, dándome cuenta que la mirada del dichoso novio de Arista Conley se ha quedado en mí. Es igual que cuando me azota una brisa pasajera. Solo por unos segundos, queda adherida en mí para luego borrarse por completo esa sensación.
Soy la primera en voltear la mirada.
—Vamos rápido. Necesito regresar a la biblioteca, Asia —comento. Ella se queja—. Necesito pasar con excelentes notas. Así, puedo tener una beca en la universidad que quiero postularme.