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Trabajar en programas de diseños, es innovador.
O así lo llamo al experimentar con varios programas que aprendí por medio online. Retocar fotos, ayuda mucho a mi estrés. Mientras Arista enreda sus brazos en el cuello por detrás de Arther, aprovecho en aprender más retoques que Víctor está indicándome.
—Eres buena aprendiendo, Kristy.
Sonrío orgullosa.
—Lo sé —respondo, prestando atención a la pantalla—. También eres bueno explicando, Víctor.
El nombrado ríe, mientras indica la pantalla.
—Parece que está coqueteando —indica Nora, la otra integrante del club. Ella tiene siempre el cabello sujetado en una coleta—. No me sorprendería si se convierten en novios.
¿Novios?
Carcajeo entretenida por la escena de mi cabeza.
—Dudo que Víctor me vea como un prospecto de novia —comento—. Estoy muy metida en mis materias. Casi no tengo tiempo para andar con novio.
—¿Nunca has tenido uno? —cuestiona Arista sorprendida—. ¿Por qué no tendrías un novio? Todos tenemos algo que nos hace resaltar.
No me sorprendo escuchar este tipo de comentarios sobre mi apariencia física.
—Significa que nunca se te han confesado —espeta Sora tecleando en la computadora—. Dudo que no te hayan declarado su amor.
Declarado su amor.
No evito recordar lo que pasó años atrás con nada menos que el novio de Arista. Ni siquiera le echo una ojeada y sigo mirando la pantalla de la computadora. Ya no estoy molesta con Arther por haber jugado con el tema del romance.
—Nadie se me ha confesado.
El ruido de algo caer, llama mi atención. Es Arther, quien está observándome con una expresión llena de molestia. ¿Qué le pasa? ¿Está molesto por mi respuesta?
Lo que pasó entre nosotros, lo he borrado.
Nunca lo vi de esa manera.
Por mi paz mental, tuve que borrar todo lo que ocurrió en ese tiempo.
—No pensé que fueras mentirosa, Palmer.
¿Qué?
Lo observo desconcertada.
—No miento.
Resopla.
—Sigues mintiendo.
—¡No miento, Brewer!
Ambos nos miramos con rivalidad.
¿Qué le pasa? ¿Piensa que tomaré su jueguito como confesión amorosa? Es imposible.
—Bien. Parece que ambos han tenido malentendidos —replica Arista riendo, mientras le besa la mejilla a Arther—. Deja de pelear con mi nueva integrante, cariño.
Su ceño desaparece. Suspira hondo y se levanta de mala gana.
—Iré a comprar algo para todos.
Oh, cielos. Este tipo….
Está cayéndome mal.
Quiero decir, su versión puberta, era todo un caso, pero no era gruñón como lo es ahora con su versión adolescente hormonal. ¿Qué más da? No me vincularé igual que antes con este chico.
Solo es un excompañero de aula.
—¿Tuvieron una mala relación antes?
—Era mi rival en las notas —respondo, volviendo a ver la pantalla de la computadora—. Antes no era gruñón. Quizás, le agarró la adolescencia bien fuerte.
Todos ríen.
—Oh, vamos. No culpes a mi novio. Te aseguro que no es para nada gruñón —replica entre risas—. Quizás, solo está sensible. Leí que los hombres también tienen sus días.
Víctor resopla.
—Eso no existe. No somos hormonales.
Arista golpea la mesa con suavidad.
—Sí existe. Hay ratos que Arther está pensativo y suelta a decir cosas extrañas —cuenta sonriendo—. Un día dijo me preguntó si recuerdo mi primer beso y le dije: “Tú fuiste mi primer beso”.
Tanto Nora y Sora ríen.
—Eso sonó cliché.
—Lo es, ¿verdad? —concuerda Arista entre una risa—. Pero es cierto. No miento. Arther es mi primer novio. Por lo tanto, todas mis primeras veces fueron para él.
Eso sonó muy romántico.
—¿Y qué te dijo cuándo le dijiste eso? —cuestiona Nora riendo—. ¿Te besó?
Ella niega.
—Solo sonrío y sujetó mi mano. —Suspira enamorada—. Luego dijo que su primer beso, sabía a melocotón.
¿Qué cosa? ¿Melocotón?
El sabor de un caramelo vino a mi mente. El que siempre ponía de sorpresa en mi boca. Cierto, ese día….
Él comió ese caramelo y….
Sabía a melocotón.
—¿Has tenido un primer amor, Kristy? Todos tenemos uno. Dar un beso a persona, sabe igual que un suave melocotón.
Lo olvidé.
Nunca asocié ese primer beso como un melocotón, pero ahora que la novia del implicado lo dice, he recordado algo que era mejor olvidarlo.