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Él está demente.
O eso pienso al ver lo que ha soltado. Sé que es por su pérdida de memoria, porque si tuviera con sus recuerdos, dudo que hablaría así. He leído que cuando alguien tiene un accidente donde la cabeza es afectada, puede resultar con estos efectos secundarios severos, pero no pensé que iba a presenciarlo en vivo y directo.
No de mi rival de la secundaria.
—Es complicado —recalca Arther a mi lado—. ¿Cómo piensas que actúe? No tengo memoria de estos últimos años. Solo sé que eres la niña que me gusta y…..—Ríe al ver mi expresión—. Eres graciosa, Palmer.
Este chico….está haciendo que pierda mi paciencia.
—Mira, Brewer. Entiendo tu condición, pero también deberías pensar en los demás —comento, poniéndome de pie—. Arista es una chica muy amable. No es mala para ti. Quizás, por eso, te enamoraste de ella.
No dice nada.
—Arista mi novia de la preparatoria. La chica que salvé la vida —repite lo que escuchó—. Es irónico, porque no siento amor hacia ella.
—Es por tu pérdida de memoria.
—Sí. Puede que sea eso.
—¡Es por eso! —exclamo estresada—. ¿Piensas que de la nada tendrías un amorío con cualquiera? ¿No decías que eras especial? Dijiste que darías tu primer beso a tu primer novia y…..—No hablo, porque recuerdo a quién le dio eso—. Olvida eso .—Él ríe—. ¡Brewer!
Sonríe, mostrando su dentadura perfecta de modelo.
—Es posible que sea verdad lo que dices.
—Lo es.
—Pero ahora es imposible que sienta amor por alguien que no recuerdo —comenta, sujetando una de mis manos. Sus ojos quedan adheridos en mí—. Duele pensar que me rechazaste porque pensaste que era un vil canalla que solo jugueteaba con los corazones de otros.
Eso sonó muy fuerte.
—Eso…
—Vamos a tratarnos como antes —comenta sonriendo. Lo miro desconcertada—. Eres la única que conozco en medio de todo este embrollo, Palmer.
Quisiera decirle no, pero al ver esa expresión y viendo su estado, ataca mi conciencia.
—Está bien, pero….
No deja que siga hablando, porque se ha levantado. Su estatura sobrepasa a la mía. Este chico tiene diecisiete años. No es como antes que mediamos casi la misma altura.
Su presencia, es muy llamativa.
—Soy muy alto.
Arqueo una ceja.
—¿Y qué?
—Significa que puedo cargarte entre mis brazos —responde sonriendo. Lo miro sorprendida por su coqueteo abierto—. Quisiera comprobarlo, pero tengo roto un brazo.
—¡¡Brewer!!
—¿Qué? Pensé que estabas acostumbrada a los coqueteos —comenta sonriendo—. Estás más hermosa, Palmer. —Su sonrisa disminuye—. ¿Tienes novio?
Oh, cielos.
Esta conversación, no resultará en nada bueno.
—Eso no debería de… —No termino mi diatriba, porque su sonrisa ha desaparecido por completo. ¿Qué es esta situación?—. Será mejor que vuelvas a la habitación, Brewer.
—Eres problemática y te gusta verme mal —murmura—. Eso no ha cambiado en ti, Palmer. —Lleva mi mano hasta su boca para depositar un beso en el dorso, dejándome petrificada. Su mirada oscura choca con la mía, haciendo que me pusiera nerviosa—. Esto no estaba en mis planes. Ha sido un resultado deprimente.
Está soltando conversaciones nostálgicas.
—Brewer, por favor. No hagas que….
—Ahí están —pronuncia Arista, quien llega de improvisto, haciendo que soltara el agarre de Arther—. Te acompañaré con tu madre, Arther.
Él la mira sin expresión en el rostro.
—No me siento bien presentando chicas a mi madre —suelta, tensándome—. Sé que eres mi novia, pero no puedo sentirlo de esa manera en este momento.
Esta situación, es bochornosa.
—Lo sé —concuerda Arista con una leve sonrisa, mientras le sujeta de su brazo sano—. Lo dijiste desde el principio de la relación. Al año, íbamos a presentarnos enfrente de nuestras familias.
¿Un año?
Lo miro confundida.
—Eso sonó muy mío —dice Arther riendo con suavidad—. Al parecer no he cambiado en ciertas cosas. Me alivia pensar eso de mí.
Al parecer le importa mucho llevar una buena vida.
No dijimos más y seguimos nuestro camino, hasta que la mamá de Arther lo ayuda para irse a casa. Los demás, estamos a un lado de ellos, mientras que Arista no deja de mirarlo preocupada.
—¿Acaso no eres la amiga que iba a comer al restaurante? —pregunta la madre de Arther. Casi no ha envejecido—. La niña linda que se sentaba a esperarlo hasta que me ayudara.
Oh, lo recuerda.
Sonrío.
—Sí. Soy Kristy Palmer.
—¡Kristy! ¡Sí! ¡Ese era tu nombre! —dice sonriendo—. Dejaste de venir desde hace un tiempo. Pensé que se pelearon.