¾■¾í¾■¾
No he terminado de comer ese plato de fideos porque después de su declaración amorosa, nada me pasó por la garganta. No sabe lo que quiere hacer en concreto. Estoy segura que si recupera su memoria, se va a arrepentir de su decisión precipitada y, ahí es cuando nuestra dichosa relación, terminará por completo.
Espero a su lado en la parada de autobús, mientras el cielo empieza a nublarse, advirtiendo que quiere llover.
—¿Te sigue gustando el invierno? —pregunta Arther a mi lado—. Recuerdo que amabas el sonido y aroma de tierra mojada.
—Sí. Las estaciones del año…
—Tienen aromas y se sienten diferentes —completa sonriendo—. Esa parte, me enamoró de ti.
Otra vez eso.
Miro a un lado, menos su rostro.
—Deja de coquetearme. No me gustan los chicos que tienen novia.
Él ríe.
—Cierto —indica—. Lo siento. Es que quería contarte. ¿No te da curiosidad de lo que me enamoró de ti?
Quería decirle sí, pero traté de no entrar más en ese tema por mi bienestar mental.
—No importa ahora.
—Somos muy parecidos en ciertas cosas —comenta, tocando mi mano con uno de sus dedos—. Voy a hablar cuanto antes con Arista. Ni tú, ni nadie, puede meterse en mi decisión, Kristy.
Quisiera decirle que lo piense bien, pero ya no tengo fuerza para hablar.
Estoy descubriendo cosas nuevas de Arther que desconocía en ese tiempo. Es muy directo y obstinado. Sigue siendo despreocupado. ¿Qué más diría? ¿Seguirá teniendo una mala relación con Lynel?
Soy maestra de matemáticas de su medio hermano menor, pero jamás, le pregunté sobre Arther.
—¿Sigues teniendo una mala relación con la familia de tu padre?
Mi pregunta lo toma desprevenido, pero luego sonríe tranquilo.
—Al parecer, sí. No me he comunicado con ellos todos estos años —responde—. ¿Por qué lo preguntas? ¿Te interesa mi vida familiar, Kristy?
Tomo un respiro.
No sé si sea buena o mala idea decirle sobre Lynel, pero tarde o temprano, lo sabrá.
—Hace poco, tomé un trabajo de medio tiempo como maestra —comento con suavidad. Él me observa atento—. Enseño matemáticas a Lynel.
El ambiente cambia por uno tenso.
—¿Qué has dicho?
—Él se acercó a mí y me propuso este trabajo —declaro sin mirarlo. ¡No puedo hacerlo!—. Por supuesto, no hablamos nada de ti.
—¿Qué es esto? ¿Acaso mi medio hermano menor pretende a mi futura mujer? —cuestiona, haciendo que volteara a verlo. Tiene una sonrisa llena de molestia—. ¿Están saliendo?
—¿Qué? ¡No!
—¿Te gusta ese chico?
—¡No! ¿Acaso no escuchaste lo que dije? —cuestiono ceñuda—. ¡Soy su maestra de matemáticas!
Él resopla.
—¿Desde cuándo es malo para una materia fácil? —cuestiona. Lo miro con una ceja alzada—. Bien. No es sencilla para algunos, pero eso no significa que no pueda ir contigo. —Le doy otra mirada—. Sí. Entiendo eso también.
—Deja de decir tonterías, Brewer.
Otro resoplido.
—A ese chico le llamas por su nombre y a mí lo haces por mi apellido.
Parece un berrinche.
—¿Sabes que en este momento te estás comportando igual que un niño, Brewer? —pregunto—. Solo te informo para que no te sorprendas al verme a su lado. Quizás, así aprovechen y tengan una conversación llena de hermandad.
Ríe sin ganas.
—Eso ni en sueños.
—Lynel no es malo.
—Lo estás defendiendo —balbucea—. Deja de llamarlo por su nombre.
Giro los ojos.
—Lo llamaré así, porque es mi alumno.
—Si es así, llámame también por mi nombre —comenta—. Si lo haces, dejaré a un lado el tema que mi medio hermano menor quiere tener a mi futura mujer.
Está soltando el tema de futura mujer a la ligera.
—En primer lugar, ¿cómo sabes que seré tu futura mujer? —pregunto ceñuda—. Es más probable que cuando recuperes tu memoria, nuestra relación termine para siempre.
Él ríe.
—Lo dudo.
—¿Y si decidido volver a ignorarte por vergüenza?
Su risa desaparece, pero queda su sonrisa que no llega a los ojos. Señal que está molesto. ¡Ahora lo conozco más!
—¿Piensas que volveré a permitir eso?
—¿Y qué piensas hacer, Brewer? —manifiesto en un desafío—. Sé que respetarás mi decisión definitiva.
Resopla.
—Años tomándote fotos a escondidas y, piensas que nuestra relación terminará con facilidad —declara con esa sonrisa llena de ironía—. Estás equivocada, Kristy.
Ambos nos quedamos observando en silencio.