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Algunos estudiantes están comiendo entretenidos.
Algunos son de nuestra preparatoria y, otros son universitarios. Al parecer, la comida de la madre de Arther, es muy famosa entre ellos. Con una sonrisa de vendedora, ayudo en atenderlos, mientras que el nombrado no para de mirarme sonriente desde la cocina.
—¿Eres Kristy Palmer?
Fijo mis ojos al grupo de chicos.
¿Son de nuestra preparatoria?
—Eres el primer amor del cuadro de oro —comenta uno de los chicos, quien no para de sonreírme entretenido—. Escuché los rumores que Arther Brewer, terminó con la líder del club de fotografía porque ya estaba enamorado.
Los rumores se han extendido igual que pólvora.
—Eso…
—¿O es mentira? —pregunta—. Escuchamos que eres muy buena en tus materias. —Saca un pequeño papel y anota un número—. Puedes tenerlo. Si necesitas ayuda en querer prestar un libro, llámame, Kristy Palmer. Tengo algunos libros de estudio que te pueden ayudar.
He quedado sin saber cómo mismo reaccionar.
Es la primera vez que un chico me entrega su número de esta manera.
—Sí.
Ellos ríen al escuchar mi respuesta, mientras vuelvo a la cocina confundida por lo que acaba de pasar. Arther me observa de pie y con una expresión seria.
—¿Qué te dio ese tipo?
¿Habla sobre el papel?
—Su número.
—¿Número? —cuestiona con una ceja arqueada—. ¿Por qué te lo dio? ¿Aceptaste de la nada, Kristy?
Oh, cielos.
—No. Eso….
—Dámelo —declara, extendiendo una de sus manos—. Sé que no pensaste con profundidad, pero igual aclararé este asunto.
¿Aclarará este asunto?
¿A qué se refiere con eso?
Entre la confusión, entrego el papel, mientras lo acepta y sin reparo alguno, camina hasta el grupo de chicos, quienes dejan de hablar al verlo acercarse.
—Ella no está para citas —declara Arther rompiendo el papel enfrente del chico que me la entregó. Todos en la mesa, permanecen con la mirada en él—. Es mía.
Oh, Dios mío.
—Es verdad los rumores —dice el mismo chico con tranquilidad—. Pensé que estabas enamorado de la líder del club de fotografía. Se veían bien juntos.
Arther resopla.
—Siempre les gustan las apariencias.
—También dijeron que tuviste un accidente —comenta otro de ellos al verlo con el brazo enyesado—. Escuchamos que estabas mal con tu cabeza, ¿es verdad?
—No pensé que les gustara mi vida privada —recalca Arther riendo sin ganas—. Tienen demasiado tiempo para empezar a indagar las vidas de otros. —Sonríe de lado—. Kristy Palmer es mía. Por lo tanto, si quieren acercarse solo para ver mi reacción, lo han logrado.
Todos quedan en silencio.
No solo ellos, sino las personas de otras mesas, están mirando el cuadro que ha hecho Arther.
—Combinabas bien con Arista.
El ambiente se vuelve más pesado.
—Las apariencias no lo son todo —comenta Arther con la mirada fría en él—. Por lo que veo, la mayoría son artificiales.
—Arther. —Llamo su atención, mientras voltea a verme. Lo observo con ruego que no arme ningún problema, pero él ríe—. Por favor…
—¿Preocupada, cariño?
¿Qué ha dicho?
Lo observo desconcertada.
—Anda a sentarte. No olvides que todavía estás herido —comunico con una sonrisa endurecida, mientras observo a los demás que están en la mesa—. Nos retiraremos.
—Eres bonita, Kristy Palmer.
Esas palabras, hacen tensarme por completo.
Antes que Arther fuera a él, lo sujeto de la mano y lo alejo de ahí hasta llevarlo hacia la bodega de la tienda de su madre, donde nos encerramos.
¿Por qué pasó eso?
¿Querían tener problemas con Arther? ¿Qué clase de personas son esos tipos? Tomo un respiro y paso una mano por mi cabello, tratando de tranquilizarme. Los rumores se han extendido por toda la preparatoria. Es normal porque se trata de nada menos que del cuadro de oro.
Soy el primer amor de Arther Brewer.
—Casi lo golpeo —confiesa Arther, tensándome—. Si no fuera porque estaba en la tienda de mi madre y tengo un brazo enyesado, hubiera estado en el piso con los dientes rotos.
¿Qué ha dicho?
—No lo dices en serio, ¿verdad?
Ríe sin ganas.
—¿Por qué no lo diría en serio? —cuestiona—. Estaba buscando pelea conmigo, Kristy.
—Lo sé, pero debes reaccionar de otra forma.
—¿De qué forma querías verme reaccionar? —pregunta—. Te coqueteó enfrente de mí y trató de ver mi reacción. Una actitud muy infantil.