¾■¾í¾■¾
Solo ha dicho dos palabras y no ha soltado otra cosa más.
Hemos dejado las bicicletas y estamos sentados en la parado de autobús. No ha dicho palabra alguna. Tiene una expresión impasible, como si su mente estuviera en la nebulosa, lejos de aquí. Ya no sé qué mismo decir ante su comportamiento tan frío.
¿Qué mismo le pasó?
—Habla ya —replico ceñuda. Él me observa—. ¿Qué es? ¿Por qué estás tan pensativo?
No dice nada por unos largos segundos.
—Estoy tratando de pensar.
Alzo una ceja.
—¿Pensar? ¿Te refieres a decirme tonta?
Sonríe de lado.
—¿Te molesta que te diga así, Kristy?
Algo en él ha cambiado.
Lo miro ceñuda, mientras me acerco hasta quedar a centímetros de su rostro. No se ha movido de su posición, ni ha cambiado su expresión. En este caso, él….
—Brewer.
—Pensé que quedamos en llamarnos por nuestros nombres —declara sin dejarme de observar—. ¿Estás molesta por haberte llamado tonta? Solo dije la verdad.
—¿Por qué me llamarías así?
—Porque lo eres.
—¡Arther!
—¿Qué?
Ambos nos miramos en silencio.
No. No debo crear ansiedad en mi interior. Con un suspiro de resignación, vuelvo a mi posición inicial del asiento.
—Soy lenta en ciertas cosas —admito, fregándome el cuello—. No entiendo del porqué lo dices directo.
—¿Te gusté en ese tiempo?
¿Qué?
Volteo a mirarlo sorprendida. No está sonriendo para nada.
—¿Por qué lo preguntas?
—Estaba pensando mientras andaba en bicicleta. Por eso, me choqué con otra persona —responde sin dejarme de mirar—. ¿No dirás la respuesta a mi pregunta?
Por eso, está actuando extraño.
Solo recordar lo que vivimos en la secundaria y hoy, hace que entre en vergüenza. Evito mirarlo.
—No es necesario contestar eso. Está en el pasado.
—Quiero saberlo.
Está insistiendo mucho.
—¿Qué pasaría si te dijera que sí? —pregunto, observándolo. Él me observa atento a todo—. Dicen que el primer amor es fugaz. Una experiencia pasajera……—Sonrío leve—. Bonito concepto, ¿verdad?
Nos observamos en silencio por unos largos segundos.
—De verdad, eres compleja en estos temas.
—¿Recordaste algo?
—No —responde—. ¿Qué crees que pasará al recordar todo?
Una buena pregunta.
—Nuestra relación nunca volverá a ser la misma de antes —contesto, levantándome. El autobús está viniendo de lejos—. Todo regresará a su posición inicial.
Él no dice nada.
—Kristy.
—¿Sí?
Sujeta una de mis manos para acercarme a él hasta abrazarme de mi cintura, colocando su cabeza sobre mi estómago.
—Bésame.
¿Qué ha dicho?
Busca mi mirada. Encuentro una expresión nueva en su rostro. Muerdo mi mejilla interna. Siempre es él que ha iniciado un beso. Mi corazón late fuerte, pero en medio de la avalancha de sentimientos, sujeto su cara entre mis manos y lo hago.
Deposito un beso en sus labios.
Cierro fuerte los ojos y deposito un beso tierno en sus labios. Es la primera vez que me pide besarlo. Abro uno ojo, viendo que tiene una expresión llena de sorpresa.
—¿Qué es? ¿No pediste un beso?
Él pestañea varias veces.
—Sí, pero no pensé que lo ibas a hacer.
Retrocedo y carraspeo. El bus está punto de llegar.
—Olvídalo. Ya no te besaré.
—Espera…
—Ya viene al autobús.
—Dije que esperes —comenta, sosteniendo una de mis muñecas—. Puedes irte en el otro autobús.
¿Qué cosa?
Su expresión es todo un caso.
No digo nada y acepto su petición de quedarme un poco más de tiempo. Permanezco de pie, mientras sostiene una de mis manos. ¿Qué le pasa? Pidió un beso y ahora está comportándose con vergüenza.
—¿Qué es esto? ¿Estás siendo tímido?
Él no contesta.
—Algo así.
—Tú me has besado muchas veces —comento con una ceja arqueada. Él me observa sorprendido, pero luego mira a otro lado—. ¿Qué te pasa, Arther?
—Esto me está volviendo loco.
—¿Qué?
Vuelve a abrazarme, escondiendo su rostro en mi barriga. Aspira profundo y me aprieta contra sí.