Sacrificio

Novena Ofrenda: Mazmorra celestial

Desde la ventana, Annia observaba el paisaje de Zhakenwa mientras era llevada en la camioneta que Mergo conducía, la cual compraron en una pequeña ciudad cercana a la frontera del país desértico.

Los grandes campos áridos, las pocas plantas y el intenso sol dejaron pensando a la mujer en todo lo que había pasado, lo que le habían explicado hace un par de días después de la muerte de Rosè.

Ella no lo podía creer, e incluso el mismo Mergo se mostró un tanto negativo ante todo, pero luego de que Geron les mostrara la información recopilada, además de testimonios de varias personas encargadas de medios de difusión que estaban obligadas a mostrar a Dandy como ya algo ficticio, ambos se comenzaron a convencer más de la verdad.

Tal como lo explicó Geron, las grandes compañías y lideres del mundo se dieron cuenta que, con la ayuda de los orbes nox, la gente privilegiada podría volverse más rica y poderosa que nunca, algo que anhelaban con toda su fuerza. Por ello, ocultaron la existencia del dragón, quien sabían era el único que tal vez podría deshacerse de estos seres para siempre. Incluso, se cree que trataron de silenciar a Dandelan, el pueblo que está a las faldas del monte Gomoth, hogar de Dandy.

Sin la bestia mitológica, las personas poderosas alcanzarían el pináculo del poder, controlando a los cazadores y haciendo del mundo el horrible lugar que ahora era. Podía entrar en guerra cuando quisieran y destrozar el ambiente si lo requerían sin que nadie se opusiera. Los medios controlaban todo, la ignorancia estaba en su apogeo. Una nueva era de oscurantismos estaba cegando a todos de manera literal y no literal sin poderse detener ya. Por suerte, algunos juglares de Dandelan viajaron y continuaron contando sobre Dandy con sus canciones, lo que lo popularizó en algunas generaciones, tentadas las empresas a crear mercancía por su propia popularidad, además que era una manera de distraer a los más pequeños del horror que ellos propiciaban.

—Estamos llegando ya. Ese es el monte Gomoth —mencionó Mergo, para luego Annia voltear y ver que mucha vegetación estaba surgiendo de repente a los alrededores, así como a lo lejos se observaba una gran montaña que poseía en la cima, a su costado este, un palacio de piedra blanca. Aquel era visible a la perfección desde donde estaban.

—Creí que sería más grande —comentó la chica sin mucho ánimo.

—Ni siquiera estamos en las faldas del lugar y podemos verlo sin problemas. Es titánico —agregó Mergo, cosa que no terminó por impresionar a Annia, quien continuaba pensando en todo lo ocurrido.

Luego de unas horas, cuando el crepúsculo se acercaba, ambos cazadores consiguieron llegar hasta Dandelan: un pueblo antiguo rodeado por muchísimas linternas nox. Ahí, se les recibió de manera común por algunas personas que poseían armas un tanto rusticas, como lanzas y espadas, quienes vieron que se trataban de cazadores y les dieron la bienvenida como mucha alegría, algo que extrañó a los extranjeros, mas les siguieron la corriente sin bajar la guardia.

Sin pensarlo, los habitantes de la ciudad los llevaron a una posada, donde los cazadores tuvieron que pagar con dinero su estadía, cosa que se les hizo un tanto raro, pues tenían muchos años que no manejaban eso, sino intercambios digitales o por medio de orbes nox. Por suerte se les advirtió de lo mismo, por lo que iban preparados con efectivo.

En la noche, los cazadores preguntaron a la gente de la posada si había un restaurante donde pudieran cenar, y el encargado les recomendó ir a una casa que estaba justo cerca de la plaza principal del pueblo, a donde ambos visitantes fueron luego de agradecer el dato.

Annia y Mergo caminaron tranquilos por las calles de tierra del sitio, observaron las pequeñas pero pintorescas casas a su alrededor, los faros con velas de aceite que alumbraban los alrededores y la luna brillante en el cielo junto a un hermoso pergamino negro repleto de estrellas que se avistaban de manera hermosa, algo que Annia tenía mucho sin ver.

—Había olvidado lo hermosas que son en un lugar que no está invadido por la luz artificial —explicó la chica con la mirada en el cielo, mientras Mergo hizo lo mismo y respondió.

—Sí, es una visión bella, llena de horribles recuerdos para mí —secundó el hombre, cosa que extrañó a la mujer, la cual iba a preguntar, pero entonces llegaron a la plaza, donde estaba reunida mucha gente del pueblo con velas en las manos.

Al arribar, todos les abrieron paso a los cazadores, hasta que un camino se formó hasta el centro, donde una persona mayor con ropas ceremoniales los esperaba con los brazos abiertos.

—¡Demos la bienvenida a estos poderosos cazadores al poblado de Dandelan! ¡Benvenuti, cacciatori! —Al decir esto el señor, la gente levantó la mano que tenían libre con la palma abierta y la movió sobre su propio eje como un aplauso silencioso, cosa que puso nerviosos a Annia y Mergo.

—Vamos —dijo el hombre, para ser seguido por su compañera. Ambos caminaron un tanto apenados, observaron la felicidad de las personas y recibieron algunos regalos que estos les ofrecían, hasta llegar al centro.

—El día de hoy, Dandy nos trae nuevas esperanzas. Nuevas personas que nos pueden traer la luz de nuestro señor a nuestras vidas nuevamente. Le agradecemos al padre de la luz que haya pintado con su radiante presencia el camino a estos jóvenes. ¿Cuáles son sus nombres?

—Annia.

—Mergo.

—¡Annia y Mergo! ¡Gracias por venir hasta Dandelan! Díganos: ¿Qué es lo que han venido a buscar hasta acá? —Aquello dejó a todos en silencio, para luego Mergo, un tanto nervioso, respondiera con toda la seguridad que su corazón le dio.

—Venimos a buscar a Dandy, el dragón Gomoso. —Esto hizo que la gente del pueblo gritara emocionada, alegre de escuchar esas palabras, mas el hombre que parecía ser el portavoz, temeroso, pidió silencio, para luego mirar hacia el castillo con miedo en sus ojos.




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