Sacrificio

Décima Novena Ofrenda: Atrapados

Una vez que todos recuperaron el aliento, un tanto desanimados, se vieron en la tarea de abandonar el bosque del santuario para regresar a un lugar seguro donde pudieran descansar antes de avanzar a su siguiente destino.

En el camino, andando a un paso un tanto lento, el silencio acompañó a todos de manera incomoda. La pérdida de Kosuke los había dejado bastante heridos, sobre todo a los cazadores de Vonrvus. Ellos no sabían con qué cara pensaban enfrentar a Aerya, a quien le prometieron cuidar del joven.

—¿Faltan todavía tres más? —preguntó de repente Hung. Él había sido vendado del brazo con los repuestos que cargaba Mergo para sí mismo—. Hay tres más de esas cosas allá afuera, ¿cierto? —insistió el hombre, provocado que los cazadores de Nwarvus se vieran a el uno al otro, preocupados.

—En efecto. Hay todavía tres más y vamos a derrotarlos. Arnbvus, Hexlevus y Qwinbakvus son nuestras siguientes paradas. Sin importar lo hostiles o peligrosos que sean dichos lugares, iremos —explicó Annia, lo que dejó boquiabierto a Mergo.

—Permítanos ir con ustedes —pidió el menor, impresionados los extranjeros de su desición—. Tan pronto Hung gēge se recuperé, podrá pelear. Daré todo de mí para hacer esto de una mejor manera. Ahora que irán a un nuevo continente, quien sabe si tendrán la suerte de encontrar aliados como pasó aquí. Éramos 5 y como quiera alguien murió. No sabemos qué puede hacer el siguiente monstruo o qué tan difícil será llegar a él, sobre todo en Qwinbakvus. —Lo dicho por Chūnfēng puso a pensar a los cazadores, para luego aceptar su oferta.

—Bien, regresemos con Aerya para que Hung pueda recuperarse. Una vez esté mejor, partiremos ya sea a Arnbvus o Hexlevus —declaró Mergo, agradecidos los nativos del lugar.

La caminata continuó, y cuando empezaron a ver el final del sitio, también encontraron algo más allá en la salida.

Tan pronto se acercaron a las afueras del bosque, los cazadores fueron atacados por magia de otros de su misma calaña. Con mucho esfuerzo, todos lograron esquivar la agresión, para luego darse cuenta que un batallón de al menos veinte cazadores estaba esperándolos, listos para atacar.

—¿Qué demonios? Son cazadores de Nwarvus —mencionó la chica al ver bien a sus agresores, emergido de entre todos uno de ropas verdes y negras, cuya piel morena y grandes músculos lo hacían resaltar de entre los demás—. ¡Ah, mierda!

—¿Lo conoces?

—Sí, es Denzen Basilisco —contestó Annia a Mergo. La respuesta hizo que el cazador girará su ojo de momento.

—Con un demonio. Lo que nos faltaba —sentenció el hombre, colocado en posición de combate al igual que Annia y los demás, aunque se les veía agotados.

Los cazadores que estaban del lado de Denzen hicieron lo mismo, listos para arremeter contra todos, mas el aparente líder levantó la mano en señal de que no hicieran nada hasta su comando, lo que provocó que todos se relajaran y el pudiera avanzar unos pasos hacia el frente.

—Annia Lawrence, heredera de Kaito Zhou. ¡Debería darte vergüenza! Lo que estás haciendo sin duda decepcionaría mucho al gran asesino de cazadores. Seguir sus pasos es algo mucho mejor para ti que esto: ganarte el odio del mundo entero, en lugar del de un pequeño grupo de envidiosos —declaró el hombre, confiado y sonriente, molesta Annia al escuchar aquello.

—¡Wow! Ella es la niña que Kaito Zhou entrenó. Ahora muchas cosas me hacen sentido —comentó Hung, algo que confundió a Chūnfēng.

—Gēge, ¿Quién es Kaito Zhou? —preguntó curioso y en voz baja, no respondido de inmediato por el mayor, pues Annia se adelantó a contestarle a Denzen.

—¡Qué Kaito se vaya a la mierda! Me vale verga qué es lo que piensa de mí o mis decisiones. Él y el mundo entero pueden hacer fila para irse a la mierda. Además, jamás seguiría el camino de un imbécil ególatra, egoista y dañado como él —declaró la mujer, sorprendidos todos los presentes.

—Kaito Zhou es un famoso asesino de cazadores. La gente poderosa lo contrataba para asesinar a personas que estuvieran en un gran pináculo de riqueza gracias a su buena caza de orbes nox, tanto así que desbalanceara la economía del lugar por sí solo. Hace tiempo, las grandes corporaciones consiguieron controlar el flujo de dinero proveniente de los orbes, mas había cazadores que continuaban juntando estos y ganando muchísimo dinero, hambrientos de poder y con la facilidad de abusar de este para hacer cosas terribles. Tanto así, que ya era imposible llenar sus bolsillos y horribles apetitos. Se volverían dueños de todo, eran como demonios. Tal vez peores que los noxakos de cierta manera. Kaito era contratado para asesinarlos, lo que le dio inmunidad a la ley y otros beneficios. Se dice que cuando no seguía este tipo de trabajos, cazaba noxakos día y noche, mas nunca vendió un sólo orbe a nadie. Vivía de matar otros como él, mas no por riqueza, sino por algún tipo de ideal o moral autoimpuesta. Es todo un misterio, en realidad —contó Hung, escuchado por Annia.

—Es verdad. Kaito era una persona despreciable y sí, él me enseñó absolutamente todo lo que sé, mas eso no lo hace, ni de lejos, alguien bueno. Ni porque mató a esos cazadores abusivos, o quizás a otros que ni lo eran. Nadie de aquí lo conoce como yo, y les aseguro que, sí vieran quién realmente es, no quisieran ser como él por más torcido que su sentido de la moral esté —declaró la mujer apuntado Denzen con sus armas.

—¡Qué desperdicio! Supongo que aquí termina todo. Adiós, Annia y… Ustedes. —El hombre dio un salto y golpeó la tierra con fuerza usando sus piernas, luego se agachó y lanzó ambas manos desde abajo hacia lo más alto que pudiese. Eso provocó que debajo de los cazadores heridos brotaran grandes estalactitas filosas hechas de tierra, conseguido por todos esquivarlas con algo de problema, cayendo Hung y Annia, pues eran los más lastimados.

—¡Con un carajo! —Se quejó la chica, observado Denzen y cómo daba la orden a sus acompañantes de atacar.




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