Saga Unidos Por La Sangre #1

CAPITULO 3

Esta mañana, al abrir los ojos, supe de inmediato que había dormido bien; y mi buen humor aumentó al percibir la luz de sol entrar por las cortinas y calentar mi cama. Con una sonrisa, me levanté hambrienta, se me antojaba unos huevos revueltos con tostadas y una buena taza de café. Caminé sin parar de cantar hasta la cocina para prepararme el desayuno. De la gaveta de madera clara, saqué un vaso y lo lleno con el jugo de naranja "recién" exprimido de anteayer. Luego prendí la máquina de café, y comencé a freír los huevos en el sartén.

Una vez listo, cargué mi desayuno en una bandeja hasta la mesa frente al televisor. Casi iba a prenderla pero al último momento cambié de parecer, era la hora de los noticieros: la hora de las malas noticias, de los accidentes, de las muertes, de las guerras, del desempleo, y del alza de las tarifas... A momentos odiaba mi futura profesión.
Al final opté por un CD de música clásica, y con mi taza de café en mis manos, la encendí. Cuando las primeras notas empezaron a sonar, mi oído se deleitó con la música, y mi lengua con el sorbo de café. Distraida, miré la cortina de satín azul clara moverse con el viente hasta acariciar mi antebrazo: me sentía estupenda. Al ritmo de la música, me volvi a sentar y disfrute mi desayuno con tranquilidad, sin dejar de admirar por la ventana el bosque bajo el cielo de un azul intachable. 
Con mi ultimo pedazo de tostada en la boca, recogí mi plato y taza de café para colocarlos en el fregader. Y de paso, tome mi vaso de jugo. Lo estaba saboreando, cuando una idea estraña comenzó a deslisarze en mi cabeza. Una impresión, tan común, como extraña. Ese sentimiento que algo se te escapa, o que estás olvidándote de algo... importante. Contrariada, hice un chequeo de mi lista de "que haceres" y por más que la revisaba, no encontraba nada . Al final, preferí pensar en la ropa que me iba a poner: mi blusa de seda amarrilla con una falda lápiz café y las botas a juego.
Una vez mi ropa lista sobre mi cama, me duché al ritmo de la misma música mientras adelantaba mi agenda de hoy: primero clase de economía,  luego tenía Técnicas de Investigación Periodística, y por la noche Teoría del Estado... sin olvidar ser el guía de Víktor. De pronto, se me ocurré la idea de llevarle los cuadernos de todas las materias para que se ponga al día, y en cierta forma liberarme de él. Contenta con mi plan, recogí mi cabello rojizo ondulado en una cola desordenada, me pinté los ojos y me puse algo de brillo en los labios. Lista para irme, agarré todos los cuadernos, las llaves, cerré todas las ventanas y la puerta de mi apartamento.

Llegué bastante rápido, sabía que tenía que hablar con Víktor a un momento dado pero preferí retrasar el intercambio quedándome en mi auto a “repasar la materia”. Tras varios intentos de leer y tratar de entender la misma frase me di por vencida, era absurdo, mi mente estaba en otro lado. Miré la hora, entrábamos en cinco minutos, ya era tiempo.
En el salón, encontré a Víktor sentado y esperando, nuestros ojos se cruzaron y me forcé a sostener el peso de su mirada negra; segundos después, Víktor bajaba sus hermosos ojos negros contrayendo su mandíbula. Al llegar a su mesa le enseñé los cuadernos explicándole que si necesitaba alguna ayuda o tenía alguna duda le podría ayudar.

—Gracias —dijo, sin ninguna expresión en particular. Perpleja, decidí ignorarlo; a lo más seguro pensaba que yo sería una de las tantas en sucumbir a su “encanto”.

—A propósito, necesito que me los devuelvas este viernes —dije, satisfecha por el tono tajante de mi voz.

En ese instante, la profesora Betancourt entró solemnemente... sin nada en sus manos. Su traje de color gris reflejaba sus gafas rosadas, tipo secretaria. Nerviosa, se aclaró la voz y colocó mejor sus gafas sobre el puente de su nariz y apoyó sus manos sobre su pupitre en silencio. Cuando la mayoría de los alumnos se dieron cuenta de su presencia, el silencio en el aula fue total. En ese momento la profesora inspiró hondo.

—Saludos a todos. Antes de sacar sus libros, me acaban de informar que las clases se suspenderán el día de hoy. Como sabrán, el joven Lucio no ha sido encontrado todavía y hemos descubierto un cadáver en las afueras del bosque. Por ese motivo, nos reuniremos todos en el gimnasio. Allí estarán los padres de Lucio y la policía. Pasaré lista, todos los presentes tienen que ir, esa reunión es de carácter obligatorio.

La noticia cayó como una bomba, susurros y exclamaciones resonaron entre las cuatro paredes, mientras mi frágil equilibrio se tambaleaba. Casi, casi, lo iba a lograr, vivir con la ausencia de Lucio. Pero la realidad nos alcanza a todos, y por más que quisiéramos huir o escapar, la vida nos recuerda en un instante lo que fue, lo que pudo haber sido y lo que nunca será.

—¿Vas a estar bien? —preguntó Víktor.

—Ahora tienes lengua, como si te importara —contesté con acritud.

Sin hacerme caso, Víktor tomó su mochila, alzó los hombros y se encaminó hacia las afueras con una tranquilidad que me hacía perder la cordura. Resentida, tomé la mía y me encaminé hacia el gimnasio.




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