Saga Unidos Por La Sangre #1

NINA Y ADAM (3)

Horas después, las maletas hechas con los arreglos nos encaminamos hasta el garaje. Durante todo el trayecto hasta el aeropuerto Adam manejo siempre con mi mano puesta en la suya pasando las marchas juntos. Estaba exhausta pero me negaba en dormirme. De vez en cuando Adam me miraba como si tuviese miedo que me fuera a desaparecer, cuando de pronto, bajo su sonrisa divertida y pícara me acorde de nuestro último paseo hasta la estación de tren; la manera que había aparcado el auto bruscamente y sin más me había besado acariciándome. Sonrojada bajé la cabeza bajo la risa sonora y cristalina del hombre a la par mía preguntándome qué había hecho para tener una persona tan perfecta solamente para mí.

Súbitamente el auto de William nos adelantó pitándonos mientras una mano del lado pasajero nos saludaba por la ventana mientras el conductor parecía acelerar a toda velocidad.

—No te retengas por mí —le dije divertida.

No tuve que decírselo dos veces, Adam lanzó el motor pasando la marcha pegándose justo detrás de William. No hubiera puesto ni mi mano entre los dos, emocionada y preocupada a la vez miré a Adam, él parecía en pleno control de sus facultades sonriendo apreciando con anticipación su jugada.

—Ponte el cinturón Nina —me ordenó sin mirarme, lo cual hice inmediatamente, apenas Adam escuchó el sonido de mi cinturón abrochado que giro el volante bruscamente doblando a William en plena curva.

—¡Estás loco! —le exclame a Adam.

—Loco por ti, muñeca. Y William va a perder esa carrera —anunció disfrutando del momento acelerando empujando el motor aún más bajo sus rugidos en plena noche. Me deje llevar, me sentía segura con él: entera. Abrí la ventana y deje el viento frío azotarme la cara y mi cabello.

—No pongas la mano afuera, Nina —me advirtió Adam mientras yo reprimía las ganas—, puedes poner la mano en  otro lado —me incitó con una mirada traviesa.

—Me encanta cuando te sonrojas. Nina, siento que vamos a pasar una semana de vacaciones inolvidables.

Mi corazón saltó de mi pecho de la felicidad y de emoción, Adam, mi Adam siempre llenó de promesas cumplidas. Y William perdió.

 

Cuando el auto pasó las rejas de la pista del aeropuerto me sorprendí bastante, me imaginaba pasar por la aduana, migración, seguridad, chequeo de boletos, sala de espera…

— ¡Creíste mal! —se burló Adam abrazándome, sosteniéndome afuera en la noche fresca y despejada acompañados por las estrellas y la luna en forma resplandecida. El abrazo de Adam se volvió más insistente apretándome sensualmente contra su torso. Mis manos y mis ojos ardientes miraban su musculoso pecho admirando su fuerza cuando sentí su dedo debajo de mi barbilla levantar mi mirada.

—Nunca bajes la mirada cielo. —Y sosteniendo mi rostro con sus dos manos clavó su mirada en la mía envolviéndome con su mirada ámbar verdosa como si fuera la flor más frágil y delicada del mundo. En sus brazos, bajo su mirada me sentía tan especial y única. Mis pensamientos deambulaban rápidamente, era el momento, el momento en el que sabes que el hombre de tus sueños está a punto de besarte intensamente haciéndote suya para siempre, marcándote hasta lo más profundo… y callada, sensaciones y electricidad con un calor ardiente naciendo justo dentro de mi pecho apretando mi estómago mientras mis manos y mis brazos se apegaban más a él mientras su lengua comenzó a envolverse con la mía explotando mi corazón engrandándolo mágicamente. Adam era mágico, mi mago.

—No es que queramos interrumpir tan bello y apasionado encuentro pero nos tenemos que ir —anunció Robert calmado bajo las risas de William y Ethan.

Adam terminó por soltarme y caminando abrazándome me deslizó un beso justo debajo de mi oreja provocando un intenso escalofrió: —No he terminado contigo —me advirtió seriamente—. ¿Quieres ser mi copiloto? —preguntó en voz alta.

—No Adam, no queremos que Nina sea tu copiloto queremos llegar a destino sin un rasguño —dijo Ethan riéndose, antes de añadir—, Adam estaría más concentrado en ti que en el avión.

— ¿Por quién me toman, por un muchachito que no puede controlar sus impulsos? Si no se han dado cuenta, Nina y yo les metimos una paliza, llegamos primero —tacleó Adam guiñándome—, copiloto adelante nosotros la seguimos— dijo dejándome subir las escaleras hasta entrar en el avión. Nunca antes había subido en un jet, era muy superficial, impersonal y lujoso.

—Olvidamos las maletas —dije volviéndome para bajar cuando Adam me tomó en sus brazos: —los muchachos del aeropuerto lo están haciendo. No te preocupes, deja de pensar y déjate vivir.

Tomándome de la mano me guio hasta la cabina de mando, estaba impresionada y de repente angustiada: —Prefiero ser azafata —le dije seriamente bajo la risa consternada de Adam.

—Realmente no quieres, se ve más complicado de lo que es. Igualmente no necesito de un copiloto pero si de una acompañante, de tu compañía Nina, ven.




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