El grupo de rescate apareció por el recodo de la playa, con Barnaby y Pike sosteniendo a Finola por los hombros mientras ella arrastraba los pies por la arena caliente. Noah y Meldrick se pusieron en pie al verlos llegar, pero fue Liriel quien reaccionó primero.
Al ver la silueta desgarbada de su navegante, la capitana dejó atrás la melancolía que le había provocado el encuentro con la princesa Tara. Sus ojos dorados se iluminaron y una sonrisa auténtica, la primera que Noah veía en su rostro, rompió su máscara de frialdad.
—¡Liriel! ¡Capitana de mi alma! —gritó Finola al verla.
La mujer se soltó de sus compañeros con una energía que nadie sabía de dónde había sacado y echó a correr por la orilla. Tropezó un par de veces, enviando arena por los aires, pero no se detuvo hasta chocar contra Liriel.
Finola rodeó a la capitana con un abrazo desesperado, hundiendo la cara en el hombro de su casaca. Liriel, lejos de apartarla con su habitual brusquedad, la recibió con fuerza, cerrando los ojos y dejando escapar un suspiro de alivio que había estado contenido desde la noche de la tormenta.
—Estás viva, pedazo de tonta —susurró Liriel, apretándola contra sí—. Pensé que te habrías convertido en comida de tiburones o en la nueva mascota de alguna taberna.
—Casi, capitana, casi —rio Finola entre dientes, separándose un poco para mirarla a la cara, aunque todavía sin soltarle los brazos—. Pero esos peces no saben apreciar un buen ron, y yo tenía una cita pendiente con el Destino Oscuro. No podías deshacerte de mí tan fácil.
Liriel le sacudió el polvo del hombro y le colocó bien el sombrero de paja con un gesto casi maternal. Noah observaba la escena desde la distancia, asombrado por el cambio radical en la capitana. En ese abrazo no había jerarquías ni órdenes; solo dos amigas que habían compartido años de salitre y peligros.
—Te hemos echado de menos, Finola —dijo Meldrick, acercándose con Ana, quien soltó un balido que pareció de bienvenida—. Sobre todo porque este chico de aquí nos va a volver locos con sus preguntas de príncipe.
Finola se giró hacia Noah, entrecerrando los ojos mientras se limpiaba la nariz con la manga.
—¿Así que este es el famoso principito? —preguntó, volviendo a abrazar a Liriel por la cintura, como si temiera que fuera a desaparecer de nuevo—. Es un poco más limpio de lo que esperaba, pero supongo que el mar se encargará de eso pronto.
Liriel soltó una carcajada suave y palmeó la espalda de su amiga.
—Ya lo está intentando, Finola. Ya lo está intentando.
El ambiente en la playa había cambiado por completo. Con la llegada de la navegante, el grupo se sentía completo por primera vez en días. El peso del trato de Noah y el misterio del Ojo seguían ahí, pero por un momento, bajo el sol de Azura, la alegría del reencuentro fue más fuerte que cualquier maldición.
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Editado: 17.04.2026