Sail

XVIII

Mientras el Destino Oscuro se perdía en las brumas de las Islas Olvidadas, en el Reino de Kaelin el ambiente era muy distinto. El sol golpeaba con fuerza las almenas de mármol, pero dentro del gabinete privado del Rey, el aire era gélido. El Rey Kaelin permanecía de pie frente a un mapa estelar de obsidiana, escuchando el informe de su general de inteligencia.

—Majestad, el Príncipe Noah no viaja solo —informó el oficial, arrodillado—. Los espías en Azura confirman que la Princesa Tara ha desaparecido. Se cree que ha subido a bordo de un navío pirata de casco negro. El nombre del barco es el Destino Oscuro.

Kaelin no se movió, pero sus ojos se entrecerraron. El nombre del barco no le era desconocido.

—¿El Destino Oscuro? —repitió el Rey, y una sonrisa torva, cargada de una sabiduría malévola, curvó sus labios—. Así que el destino tiene un sentido del humor bastante retorcido. Mi hijo huye de una corona para terminar en los brazos de la misma perdición que intenté erradicar hace dos décadas.

—Señor, si me permite... —dijo el general con duda—. El trato que hizo con el príncipe... ¿realmente espera que encuentre el Ojo de la Pirata Temible? Es una reliquia que nadie ha visto en una generación. El riesgo de que muera en la búsqueda es...

Kaelin soltó una carcajada seca que resonó en las paredes de piedra. Se dio la vuelta, revelando una mirada que brillaba con una ambición antigua y oscura.

—Noah es un necio, pero es un necio con mi sangre —sentenció el Rey—. Él cree que el Ojo es una joya escondida en una cueva de coral o enterrada bajo arena maldita. Cree que es un objeto que se puede poseer y entregar en una bandeja de plata.

El Rey se acercó a un pequeño cofre de hierro, sacó una brújula que no apuntaba al norte, sino que vibraba erráticamente, atraída por algo vivo.

—El Ojo de la Pirata Temible nunca fue una piedra, general. Es un linaje. Es el poder de ver a través de las tormentas y mandar sobre las mareas. Siempre estuvo cerca de Noah, más cerca de lo que él jamás imaginó. La "Pirata Temible" no es una leyenda muerta; es una presencia. Y si mi hijo está en ese barco, significa que ya ha encontrado el tesoro sin saberlo. Él viaja al lado de la reliquia.

El general abrió los ojos, comprendiendo la magnitud de la revelación. El Rey no buscaba un tesoro para el tesoro del reino; buscaba capturar a la fuente del poder.

—Preparen mi fragata personal, la Soberano —ordenó Kaelin, ajustándose su capa de armiño y oro—. No voy a esperar cinco lunas. Si Noah despierta el Ojo antes de que yo llegue, el equilibrio de los mares se romperá. Voy a recuperar a mi hijo... y voy a encadenar a esa pirata de una vez por todas. Ella cree que escapó de Azura, cree que el mar la hizo libre, pero solo es una pieza más en mi tablero.

Kaelin caminó hacia el balcón, mirando hacia el sur. Sabía que Liriel no era una simple capitana de fortuna. Sabía que ella era el Ojo, la primogénita perdida, la clave de una profecía que él pretendía controlar.

—Corre todo lo que quieras, Noah —susurró el Rey al viento—. Cada legua que navegas hacia ese tesoro, me acercas más a mi verdadera conquista.

Aquel día, el puerto real se llenó de actividad frenética. La flota de guerra de Kaelin zarpó con un rugido de cañones de salva, desplegando velas negras y carmesíes. El cazador finalmente había decidido entrar en la arena, y el rastro de salitre de su propio hijo era la guía perfecta para la emboscada que cambiaría la historia de los Siete Mares.




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