Sail

XXIII

El regreso al Destino Oscuro fue un ascenso agónico bajo una lluvia de astillas y salitre. Noah y Tara treparon por la escala de cuerda con los dedos entumecidos, mientras el eco de los remos de los guardias reales se perdía en la bruma, llevándose consigo a Liriel. En cuanto los pies del príncipe tocaron la madera de la cubierta, el silencio que lo recibió fue más aterrador que el rugido de los cañones del Soberano.

Toda la tripulación estaba allí. Meldrick sostenía el timón con los nudillos blancos; Pike y Barnaby tenían las manos en las empuñaduras de sus armas, y Finola... Finola parecía un demonio surgido del abismo. Su rostro, habitualmente risueño por el ron, estaba contraído en una mueca de furia animal.

—¡Tú! —rugió la navegante, lanzándose hacia Noah con un rugido que desgarró el aire.

Su puño iba directo a la mandíbula del príncipe, cargado con toda la rabia de una hermana que acaba de ver cómo secuestran a su otra mitad. Sin embargo, antes de que el golpe impactara, Pike y Barnaby la rodearon por la cintura y los hombros, frenando su avance a duras penas. Finola pataleaba y forcejeaba, con los ojos inyectados en sangre.

—¡Suéltenme! ¡Voy a lanzarlo por la borda pedazo a pedazo! —gritaba ella, señalando a Noah con un dedo tembloroso—. ¡Nos vendiste, principito de porcelana! ¡Le diste nuestra ubicación a ese carnicero que llamas padre!

—¡Finola, detente! —gritó Tara, interponiéndose entre ellos—. ¡Él no lo hizo! ¡Míralo!

Noah no se defendió. Se quedó allí, con los brazos caídos y la mirada perdida en el rastro de sangre de Liriel que aún manchaba sus propias mangas. La culpa lo asfixiaba más que cualquier soga.

—Déjala, Pike —dijo Noah con voz hueca, casi inaudible—. Si cree que soy el culpable, tiene derecho a golpearme.

Finola dejó de forcejear, pero no se calmó. Se zafó de los brazos de sus compañeros y dio un paso hacia Noah, quedando a escasos centímetros de su rostro. Su respiración era errática, cargada de odio.

—Quiero la verdad, Noah. Y júralo por la sangre de esa mujer que se acaban de llevar —siseó ella, bajando el tono a un susurro letal—. ¿Fue una trampa? ¿Sabías que Kaelin vendría antes de las cinco lunas? ¿O eres simplemente el títere más tonto que ha pisado este barco?

Noah levantó la vista. Sus ojos, antes llenos de la inocencia de quien busca aventuras, ahora reflejaban una oscuridad vieja y amarga.
—No lo sabía, Finola. Mi padre me mintió. Me usó como un rastro de migas de pan para llegar a ella. Él no busca el Ojo como un objeto... busca a Liriel porque cree que ella es el poder. Jamás quise que esto sucediera. Preferiría haber muerto en esa playa antes que ver cómo se la llevaban.

El silencio volvió a reinar. Finola lo escrutó durante lo que pareció una eternidad, buscando cualquier rastro de mentira en su expresión. Finalmente, escupió a un lado y se dio la vuelta, frotándose la cara con frustración.

—No nos queda tiempo para lamentarnos —intervino Meldrick desde el puente, su voz grave y cargada de una autoridad sombría—. El Soberano ha puesto rumbo al este. No vuelven al reino de Kaelin. Van hacia la Isla Azura.

Tara se tensó.
—¿Azura? ¿Por qué mi hogar?

—Porque allí es donde se sellará la alianza de sangre —respondió Meldrick—. Kaelin y tu padre, el Rey de Azura, han planeado esto desde hace años. Van a realizar una ejecución pública. Quieren que el mundo vea cómo muere la "Pirata Temible" para que el Ojo sea reclamado por la Corona bajo el derecho de conquista. La ejecución de Liriel será el espectáculo que unirá ambos reinos.

—No permitiré que suceda —dijo Noah, y por primera vez, su voz no tembló. Se giró hacia la tripulación, con una resolución que hizo que Pike y Barnaby se enderezaran—. Liriel nos salvó de las sirenas, nos mantuvo con vida en la tormenta y nos trajo hasta aquí. No me importa si soy un traidor a mi sangre o un fugitivo para siempre. Vamos a regresar a Azura.

—Es una locura —murmuró Barnaby—. Es meterse en la boca del lobo. Dos flotas reales nos estarán esperando.

—No vamos a atacar de frente —dijo Finola, cuya mente estratégica empezaba a trabajar de nuevo, impulsada por la necesidad de rescate—. Conocemos los bajíos que los barcos reales temen. Conocemos las entradas traseras del puerto. Si llegamos a tiempo, podemos infiltrarnos antes de que el hacha caiga.

Tara dio un paso al frente, mirando a sus compañeros.
—Yo conozco los pasadizos del palacio. Sé cómo entrar en las mazmorras sin ser vista. Si vamos a salvarla, necesitamos mi conocimiento y el valor de este barco.

Noah miró hacia el horizonte, donde la silueta del barco de su padre desaparecía en la distancia.
—Preparen las velas. No vamos a Azura como príncipes ni como invitados. Vamos como el Destino Oscuro. Y si mi padre quiere un espectáculo, le daremos uno que nunca olvidará.

Con un grito de mando, la tripulación se puso en marcha. Las dudas y las sospechas fueron enterradas bajo la necesidad de acción. El barco viró violentamente, cortando las olas con una furia renovada. El viaje de regreso a casa no era un retorno a la paz, sino una marcha hacia el corazón de la ejecución, donde la sangre, la realeza y la piratería se encontrarían en un choque final por la libertad.




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