El sol del mediodía caía implacable sobre la cubierta del Destino Oscuro, pero el calor ambiental no era nada comparado con la atmósfera cargada de electricidad que envolvía al barco. Noah no había pegado ojo en toda la noche. Las piezas del rompecabezas —la reacción de los reyes, la voz de la sirena, la curiosidad infantil de Liriel por el lujo— finalmente habían encajado en su mente con la fuerza de un rayo.
Liriel estaba junto a la borda, revisando con excesivo celo la tensión de los cabos. Su rostro volvía a ser una máscara de frialdad profesional, ocultando cualquier rastro de la vulnerabilidad que había sentido frente al espejo la noche anterior.
—Liriel, detente —dijo Noah, acercándose con paso firme. Su voz no era una súplica, era una demanda.
Ella no levantó la vista.
—El viento está cambiando, Noah. Si no ajustamos las velas, perderemos el impulso antes del atardecer. Ve a ayudar a Barnaby con las provisiones.
—No voy a moverme de aquí —insistió él, poniéndose frente a ella, obligándola a detenerse—. He estado pensando. He unido los puntos. Mi padre no arriesgaría su flota por un simple cofre de monedas. El Rey Raeden no se quedaría mudo de horror por una criminal común.
Liriel soltó un cabo con violencia y lo miró fijamente, con los ojos entrecerrados.
—¿Y qué conclusión ha sacado tu brillante mente de heredero, principito?
Noah dio un paso adelante, bajando la voz pero cargándola de una intensidad vibrante.
—Dímelo a la cara. El "Ojo de la Pirata Temible" no es una gema. No es algo que se pueda guardar en un bolsillo. Eres tú, ¿verdad? El nombre, la leyenda... la "Pirata Temible" es un linaje. Eres la hija perdida de Azura. Eres tú a quien buscan.
Liriel soltó una carcajada seca y amarga, dándose la vuelta para caminar hacia el timón.
—Tienes demasiada imaginación, Noah. El mar te ha reblandecido el cerebro. Yo soy una náufraga que aprendió a morder antes de que la mordieran. Nada más. El Ojo es solo una historia que inventamos para que los mercaderes se orinen en los pantalones antes de que abordemos sus barcos.
—¡Deja de mentir! —gritó Noah, perdiendo la paciencia. La rodeó y la tomó del brazo, obligándola a encararlo—. ¡Ayer te mirabas al espejo buscando a la princesa que te arrebataron! ¡Te vi! ¡Vi cómo preguntabas por los vestidos y las joyas como si intentaras recordar una vida que te robaron! ¿Por qué te escondes detrás de esta armadura de sal?
La mención del espejo hizo que el rostro de Liriel se encendiera de una furia gélida. Se zafó del agarre de Noah con un movimiento brusco, empujándolo hacia atrás.
—¡No sabes nada de mi vida! —siseó ella, con la voz temblando de rabia contenida—. ¡Crees que porque compartimos un par de noches de tormenta tienes derecho a hurgar en mis cicatrices! Mis secretos son lo único que mantiene a este barco a flote. Si el mundo supiera quién soy, no habría rincón en el océano donde escondernos.
—¡Tus secretos nos están matando! —estalló Noah, dando un golpe al mástil—. Por culpa de este misterio, mi padre casi te mata. Por tu silencio, Tara está huyendo de su propio hogar. ¡Y por tu maldito orgullo, Liriel, murió la gente que querías! El hombre del relicario... tus amigos... todos los que has perdido terminaron en el fondo del mar porque te negaste a ser quien realmente eres. ¡Tu silencio es una tumba, y nos estás arrastrando a todos a ella!
El silencio que siguió a esas palabras fue devastador. La mención de sus muertos fue como un puñal directo al corazón de Liriel. Sus ojos dorados se llenaron de lágrimas que se negó a dejar caer, transformándolas en un odio líquido.
—¿Cómo te atreves? —la voz de Liriel subió de volumen hasta convertirse en un rugido que hizo que Finola y Pike se detuvieran en seco en la otra punta del barco—. ¡Tú, que naciste entre sábanas de seda y nunca has tenido que elegir entre morir o convertirte en un monstruo! ¿Vienes a darme lecciones de moralidad? ¡Los que murieron, murieron por protegerme de gente como TU PADRE!
Liriel se acercó a Noah, invadiendo su espacio personal, con el dedo índice clavado en su pecho.
—¡Están muertos porque el mundo de los reyes no permite que nada sea libre! ¡Si yo hubiera sido la "princesita" que tú quieres que sea, me habrían usado como moneda de cambio o me habrían degollado en mi cuna! ¡Soy la Pirata Temible porque es la única forma de sobrevivir a hombres como Kaelin y Raeden! ¡Y si no te gusta cómo dirijo mi vida o mi barco, lánzate por la borda y nada de vuelta a tu palacio de mentiras!
—¡Solo quiero ayudarte! —gritó Noah, con los ojos rojos de frustración.
—¡No necesito tu ayuda! —respondió ella, empujándolo de nuevo, esta vez con más fuerza—. ¡Necesito que dejes de mirarme como si fuera un tesoro por descubrir! ¡No soy un mapa, Noah! ¡Soy una tormenta! ¡Y si te quedas demasiado cerca, te voy a destruir igual que destruí a todos los demás!
Liriel se dio la vuelta y se encerró en su cabina, dando un portazo que pareció sacudir los cimientos del barco. Noah se quedó solo en la cubierta, con el pecho agitado y los nudillos blancos de tanto apretar los puños. La tripulación lo miraba con una mezcla de lástima y miedo. Había tocado la fibra más sensible de la capitana, y al hacerlo, había provocado un naufragio emocional del que no estaba seguro si alguno de los dos lograría salir ileso. El abismo entre el príncipe y la pirata nunca había sido tan profundo como en ese momento de brutal honestidad.
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Editado: 20.04.2026