El amanecer no trajo luz, sino una penumbra grisácea que devoraba los colores del Destino Oscuro. Habían cruzado el umbral del Mar de las Sombras, una región donde las corrientes parecen fluir en sentido contrario y el aire pesa como si estuviera saturado de recuerdos olvidados. La neblina aquí no era vapor de agua; era una mortaja densa que amortiguaba el sonido de las olas, convirtiendo el avance del barco en un deslizamiento fantasmal sobre un espejo de obsidiana.
Liriel estaba en el puente, con las manos aferradas a los radios del timón. Sus nudillos estaban blancos y sus ojos, enmarcados por ojeras profundas, no se apartaban de la brújula, cuya aguja giraba erráticamente, enloquecida por el magnetismo de las islas sumergidas. No había vuelto a mirar a Noah desde que él subió a cubierta, pero la tensión entre ambos era un cable tenso a punto de romperse. El beso de la noche anterior flotaba en el aire como un secreto a voces, una perturbación en la disciplina de hierro que solía regir el barco.
—La corriente nos arrastra hacia los Arrecifes de los Lamentos —gruñó Meldrick, consultando una carta náutica que parecía hecha de piel humana—. Si no recuperamos el rumbo, el banco de coral nos abrirá la panza antes de mediodía.
—Lo sé, Meldrick —respondió Liriel, su voz era un látigo de mando—. ¡Pike, Barnaby! ¡A las velas de proa! ¡Necesito que cacen el poco viento que nos queda!
Noah intentó acercarse para ayudar, pero una figura se interpuso en su camino con la solidez de una montaña de granito. Kitt, con los brazos cruzados y una expresión que no permitía réplicas, lo detuvo en seco.
—Tú quédate en la línea de seguridad, principito —dijo Kitt, su tono era bajo, gélido como el agua del Ártico—. En este mar, los que no saben distinguir un cabo de una trampa solo sirven para estorbar. Y tú has estado... "distraído" últimamente.
Noah sostuvo la mirada de Kitt. Ya no era el joven asustadizo que había subido al barco semanas atrás.
—Sé cumplir con mis obligaciones, Kitt. Y sé que este barco necesita todas las manos disponibles si queremos salir de aquí.
—Lo que este barco necesita es una capitana con la cabeza fría —siseó Kitt, acercándose tanto que Noah pudo oler el tabaco y el acero—. Vi lo que pasó anoche. Vi el error que cometiste. Liriel no es un juguete de tu corte, Noah. Si tus sentimientos la debilitan, nos matas a todos. ¿Entiendes el peso de eso?
Noah apretó los dientes, sintiendo la verdad en las palabras de Kitt, pero antes de que pudiera responder, un grito de Tara desde la proa rompió la atmósfera.
—¡Algo se mueve bajo el agua! ¡A estribor!
El mar, antes liso como el cristal, comenzó a burbujear. Grandes manchas fosforescentes ascendieron desde las profundidades, iluminando el casco del barco con una luz verdosa y enferma. No eran peces, sino restos de naufragios antiguos que la corriente ascendente arrastraba a la superficie: maderas podridas, mascarones desfigurados y jirones de velas que parecían manos suplicantes.
—¡Es la marea de los espectros! —gritó Finola, corriendo hacia los cañones—. ¡No disparen! El ruido solo atraerá a las sombras. ¡Remen, si quieren vivir!
Liriel giró el timón con una fuerza sobrehumana, tratando de esquivar un mástil que emergía del agua como una lanza. En medio del caos, sus ojos finalmente se encontraron con los de Noah. No hubo romance en esa mirada, solo una urgencia desesperada y una advertencia muda. Él comprendió en ese instante que el beso no había sido un final, sino el inicio de una prueba mucho más dura. El Mar de las Sombras no solo ponía a prueba la madera del barco, sino la integridad de las almas que lo habitaban.
—¡Noah! —gritó Liriel por encima del siseo de la espuma—. ¡Toma el cabo de seguridad de Tara! ¡Si cae al agua, no habrá nada que la traiga de vuelta!
Noah corrió hacia la princesa, asegurándola justo cuando una ola de agua gélida barría la cubierta. El Destino Oscuro crujió, luchando contra los restos del pasado que intentaban arrastrarlo al fondo. Mientras luchaban contra los elementos, el beso de la noche anterior se sentía como un sueño lejano, una chispa de luz que ahora debían proteger contra la oscuridad absoluta que amenazaba con devorarlos a todos. Kitt, Meldrick y Liriel trabajaban como una sola máquina de guerra, pero el equilibrio se había roto; el amor se había infiltrado en el barco de los secretos, y el Mar de las Sombras no aceptaba nada que no fuera el sacrificio total.
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Editado: 20.04.2026