Mientras el Destino Oscuro se abría paso entre la bruma del Mar de las Sombras, a cientos de leguas de allí, en la imponente capital de Azura, el aire no era más puro. El Rey Kaelin permanecía de pie frente a un ventanal de cristal tallado, observando el puerto real. Sus hombros, cargados por el peso de la corona y la humillación de la reciente huida de sus hijos, se mantenían rígidos.
Tras él, sentado en una silla de roble con una familiaridad que rozaba la insolencia, se encontraba un hombre que parecía un trozo de madera a la deriva: Morgath "El Arpón". Su rostro era un mapa de cicatrices, y su barba canosa, trenzada con huesos de ave, delataba una vida entera dedicada al saqueo. Morgath era un viejo pirata, uno de los pocos que recordaba los tiempos de Azura antes de que Kaelin tomara el control total de las rutas comerciales.
—Has perdido el toque, Kaelin —dijo Morgath, soltando una carcajada rasposa mientras servía vino real en una copa de plata—. Dejar que una mujer y un barco negro te roben la descendencia bajo tus propias narices... es el chiste de moda en todas las tabernas desde aquí hasta las Islas de la Bruma.
Kaelin se giró lentamente, sus ojos brillando con una furia fría.
—No te he llamado para que seas mi bufón, Morgath. Te he llamado porque conoces los rincones donde las ratas como ella se esconden. Quiero a Noah y a Tara de vuelta. Ilesos.
El rey golpeó la mesa, haciendo saltar la copa.
—Y quiero la cabeza de esa mujer. Quiero que el "Ojo de la Pirata Temible" sea clavado en la puerta de mi palacio para que todos vean lo que sucede con las leyendas que desafían mi ley.
Morgath bebió un sorbo largo, limpiándose la boca con el dorso de la mano.
—La cabeza de Liriel... —Morgath sonrió, mostrando unos dientes amarillentos—. Eso te va a costar más que oro, majestad. Pero hay algo que no estás viendo en tu mapa de estrategias. Conozco a los chicos de tu estirpe. Noah siempre fue... blando. Un idealista.
El pirata se inclinó hacia adelante, con los ojos brillando de malicia.
—Hay muchas probabilidades, Kaelin, de que tu preciado heredero no sea un prisionero. Hay probabilidades de que se haya enamorado de la capitana. No hay nada más peligroso que un príncipe que confunde el peligro con la belleza. Si Noah se ha entregado a ella, tu "rescate" será una guerra civil.
Kaelin apretó la mandíbula con tal fuerza que los músculos de su rostro temblaron. La idea le revolvía el estómago, pero en el fondo de su mente, sabía que Noah siempre había buscado algo que no encontraba en la corte.
—Si eso es cierto —siseó Kaelin, acercándose al pirata hasta que sus rostros quedaron a escasos centímetros—, entonces te encargarás de que Noah sepa la verdad. No la verdad de las baladas, sino la verdad de la sangre.
—¿Y cuál es esa verdad, Kaelin? —preguntó Morgath, arqueando una ceja.
—Dile lo monstruosa que es. Recuérdale por qué se ganó el título de Pirata Temible. Cuéntale sobre la carnicería en el Estrecho de los Huesos. Cuéntale cómo dejó morir a sus propios hombres para salvar su pellejo. Si Noah se ha enamorado, asegúrate de que ese amor se pudra cuando vea las manos de Liriel empapadas en la sangre que ella misma ha derramado por ambición. Que vea al monstruo detrás de la máscara antes de que le cortes el cuello.
Morgath soltó una risita seca y se puso en pie, ajustándose el cinturón de cuero.
—Destruir un romance con la realidad es mi especialidad, majestad. Iré tras ellos. Pero ten cuidado... a veces, cuando le muestras a un hombre el monstruo que ama, decide que prefiere volverse un monstruo también antes que dejar de amarlo.
Kaelin no respondió. Se quedó solo en la habitación, mirando el mar. La caza había comenzado oficialmente, y esta vez, las armas no serían solo cañones y espadas, sino las oscuras verdades de un pasado que Liriel pensaba haber dejado atrás, pero que su propio padre estaba dispuesto a resucitar para destruir el único puente de luz que ella había logrado construir.
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Editado: 20.04.2026