Saisto - El erudito del Núcleo

Prólogo – El cometa que trajo la niebla

El cielo aparecía todos los días en las noticias debido a un punto brillante que crecía cada noche. Al principio el tema era solo una nota breve al final del reporte, pero con el tiempo ocupó las portadas de los periódicos y provocó debates en todos lados. Los observatorios llamaron al objeto Aegis-9 y explicaron que era un cuerpo celeste grande que pasaría muy cerca de la Tierra. Nadie sabía con certeza de qué estaba hecho, por lo que advirtieron que era inestable y que cualquier cambio de ruta alteraría el pronóstico. Mucha gente hablaba del fin del mundo mientras otros esperaban un milagro. Los gobiernos pedían calma y los científicos repetían que no había pruebas de impacto, aunque tampoco lo descartaban por completo.

En medio de todo esto, Saisto era un joven común que estudiaba, trabajaba y seguía con su rutina diaria. Miraba el cielo con intriga, observando cómo el miedo y la emoción convivían en la gente, mientras él solo esperaba que nada ocurriera.

Con los días, Aegis-9 se volvió visible a simple vista, y las personas salían por las noches a mirarlo. Todo el planeta compartía el mismo punto de atención en el cielo.

La noche anterior al día clave la tensión alcanzó su punto máximo. Los hospitales activaron emergencias, las bolsas cerraron y muchas familias se reunieron como si fuera el último día. Sin embargo, el impacto nunca ocurrió.

El cuerpo celeste se deshizo al entrar en la atmósfera superior y no explotó. En su lugar, se transformó en una nube de gas que envolvió el planeta. Una niebla azul descendió lentamente durante horas, cubriendo ciudades, mares y campos con un brillo tenue.

Al principio hubo alarma, pero no se detectaron toxinas ni radiación. Poco a poco el miedo desapareció y la vida volvió a la normalidad. El fenómeno pasó a ser un recuerdo mediático.

Años después comenzaron a aparecer casos inexplicables: personas que no envejecían, otras que no mostraban desgaste físico, niños que permanecían iguales con el tiempo. Los médicos descubrieron un patrón: una de cada diez millones de personas estaba afectada.

Saisto tardó décadas en comprender que era uno de ellos. Mientras los demás cambiaban, él seguía igual frente al espejo. Al final, el cometa no destruyó el mundo, pero cambió silenciosamente a una parte de la humanidad, iniciando algo que nadie podía explicar.

Al final, el cometa no destruyó el mundo, pero cambió silenciosamente a una parte de la humanidad, iniciando algo que nadie podía explicar




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