Sak nikté

Trece

El regreso a la casa naranja fue un viaje a través de un mundo que, de repente, se había vuelto totalmente nuevo para mí. Cada paso, cada sonido —el crujido de las hojas secas bajo nuestros pies, el canto distante de un pájaro que ya no podía entender, el suspiro del viento que ya no traía mensajes ni secretos— era a la vez extraño y maravillosamente sencillo. Ya no era el guardián que escuchaba el latido de la selva. Era solo un hombre, caminando junto al hombre que amaba, hacia un hogar que ahora era solo nuestro.

La mano de K'ak' no se separó de la mía en ningún momento. Su agarre era firme, como si quisiera anclarme a esta nueva realidad para que no me perdiera en el cambio. Podía sentir el leve temblor en sus dedos, un eco del impacto que ambos habíamos vivido, pero también una determinación férrea, idéntica a la que yo sentía crecer en mi interior.

Al cruzar el umbral, una sensación de paz profunda, mezclada con una tristeza agridulce, se apoderó de mí. Todo estaba igual que siempre: el desorden de sus libros, la taza de café de la mañana anterior todavía en el fregadero, la manta del sofá arrugada por el uso de estos días. Y sin embargo, nada volvería a ser lo mismo.

K'ak' cerró la puerta y se apoyó en ella por un momento, exhalando un suspiro largo, como si soltara la tensión acumulada. Luego, se volvió hacia mí. Sus ojos recorrieron mi rostro despacio, buscando algo, asegurándose de que yo siguiera ahí, con él.

—¿Estás... estás bien? —preguntó, y su voz sonaba cuidadosa, como si temiera que yo, al igual que el bosque, me hubiera vuelto mudo y distante.

Sonreí, un gesto pequeño pero genuino, que ahora me pertenecía solo a mí.
—Sí. Estoy... aquí. Completamente.

Él miró hacia la ventana, hacia los árboles que antes eran mi reino.
—¿Y el bosque? ¿Realmente ya no...?

—Ya no —confirmé, y para mi sorpresa, no sentí un dolor desgarrador, sino una aceptación serena. Era el precio acordado, y lo pagaría mil veces con tal de seguir a su lado—. Es solo un lugar hermoso ahora. Un paisaje. Silencioso para mí. Ya no me llama, ni me habla, ni me pide nada.

Asintió, procesando esa pérdida que también era una ganancia. Luego, una sonrisa tímida y dulce se dibujó en sus labios.
—Entonces supongo que ahora me toca a mí. Seré yo quien te cuente sus secretos, sus cambios, lo que florece y lo que se seca. Te lo contaré todo.

La simpleza y la ternura de esa promesa me llegaron directo al corazón.
—Me encantaría escucharlo todo.

Dio unos pasos cortos hacia mí y tomó mis manos entre las suyas.
—Akbal... tenemos que hablar en serio. De nosotros. De ahora en adelante.

Mi estómago se encogió un poco.
—¿Del precio?

—Del futuro —corrigió él con firmeza—. Nuestro futuro. No podemos permitir que lo que pasó hoy, ni la sombra del tiempo que nos queda, defina cada momento que vivamos. Si lo hacemos, entonces Yum Kaax nos habrá robado mucho más que años: nos habrá robado la alegría de vivirlos. Y yo no voy a permitir eso.

Me guió hacia el sofá y nos sentamos, uno frente al otro, nuestras rodillas rozándose suavemente. La luz de la mañana entraba por la ventana, iluminando el polvo que danzaba en el aire. Era una escena doméstica, normal, y sin embargo, sentía que estábamos a punto de sentar las bases de todo lo que vendría.

—Lo primero —dijo K'ak', tomando aire y mirándome fijamente a los ojos— es una promesa. No quiero que cuentes los días. No quiero que mires mi cabello buscando canas, ni que escuches mi respiración pensando en cuánto tiempo más podré hacerlo. ¿Me prometes que vivirás conmigo, no vigilando mi reloj?

La petición me tomó por sorpresa.
—K'ak', es imposible no pensar en...

—¡Prométemelo! —insistió, apretando mis manos con suavidad pero con fuerza—. Porque si pasamos el resto de nuestro tiempo con esa espada sobre la cabeza, entonces habremos fracasado. El amor no es vigilar, es disfrutar. Y yo quiero disfrutarte. Quiero que tú disfrutes de mí.

Sus palabras resonaron en mí con una verdad innegable. Tenía razón. Dejar que el miedo nublara cada risa, cada beso, cada desayuno compartido... sería traicionar la elección que ambos habíamos hecho.

—De acuerdo —susurré, sintiendo cómo un peso enorme, que ni siquiera sabía que cargaba, se levantaba de mis hombros—. Lo prometo. No contaré el tiempo, solo lo viviré.

—Bien —asintió, visiblemente aliviado—. Lo segundo: esta casa. Es nuestra. Iré a hablar con mi madre pronto. Le diré... una versión de la verdad. Que he encontrado a alguien, que quiero quedarme aquí, que mi vida ya no está en la ciudad. Veremos cómo arreglamos lo de la pasantía, quizás pueda trabajar de forma remota o buscar algo por aquí. Pero este es nuestro hogar.

—¿Estás seguro? —pregunté, abrumado por su determinación de cambiar todo su mundo por mí—. Tus planes... tu carrera... todo lo que soñabas...

—Mis planes cambiaron el día que te conocí —dijo con sencillez absoluta—. Cuando tú apareciste aquí, o cuando yo entré en tu vida, como quieras verlo. Esto —señaló a su alrededor, y luego a mí—, esto es el plan ahora. Tú y yo. Lo demás se acomoda.

El amor que sentí en ese momento fue tan abrumador que casi no pude respirar. Este hombre, al que le habían acortado la vida a la mitad, estaba ahí, replanteando todo su futuro para hacerme la vida más fácil a mí.

—Y tú —continuó él, su mirada se volvió curiosa e inquisitiva—. ¿Qué quieres hacer ahora, Akbal? Ahora que eres libre. Ahora que el bosque ya no te da órdenes ni te define. ¿Qué desea el hombre que llevabas tanto tiempo escondido?

La pregunta me dejó sin palabras. En cuatrocientos años, nadie me había preguntado qué era lo que yo quería. Mi propósito siempre había sido impuesto, mi existencia delineada por mi naturaleza espiritual.

—Yo... no lo sé —admití, sintiéndome vulnerable y, extrañamente, emocionado por esa misma vulnerabilidad—. Nunca... nunca tuve que pensarlo. Siempre había algo que debía hacer, algo que debía cuidar.



#1634 en Fantasía
#309 en Magia

En el texto hay: mayas, bl juvenil, yucatán

Editado: 12.07.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.