El olor a vainilla y chocolate siempre me había tranquilizado, hoy más que nunca lo sentía como un refugio, ya que era mi última clase de repostería. Ademas de que en unos días comenzaría un nuevo año escolar, y aunque me emocionaba lo que estaba por venir, una pequeña parte de mí lamentaba dejar esta cocina que había sido mi espacio seguro durante mucho tiempo.
Con una sonrisa, saqué mi celular para ver el mensaje de Alvaro, esperaba su confirmación de a qué hora pasaría a buscarme, ya que me había quedado tiempo extra para terminar de hornear y de paso poderme despedirme a solas del lugar.
Alvaro —Hola, amor.
Alvaro —Necesitamos hablar.
Vi los mensajes pero decidí no contestar de inmediato, en cambio me puse a limpiar un poco el lugar, mi teléfono no hizo ningún ruido en un largo tiempo, cuando al fin lo hizo lo revise, pero lo que encontré en la pantalla fue un mensaje tan inesperado que me quedé congelada, incapaz de reaccionar.
Alvaro —No puedo seguir contigo, lo siento mucho.
Sentí como el celular se me escapo de las manos, cayendo al suelo provocando un ruido sordo, ¿qué significaba eso?, ¿por qué así de repente y justo ahora?, miré a mi alrededor, buscando alguna señal de que esto fuera una broma, algo que no fuera real, pero el lugar estaba prácticamente vacío y solo unos pocos estudiantes cruzaban distraídos por el pasillo.
Me senté en un banco cercano, con la cabeza hecha un caos y el pecho apretado, ¿cómo podía ser posible?, después de estar dos años compartiendo sueños, de reírnos juntos y hacer planes... ahora todo se habían desvanecido en un instante, en un mensaje tan frío e inesperado.
No pude evitar que las lágrimas comenzaron a brotar, cerré los ojos y automáticamente recordé todas las veces que habíamos hablado de nuestro futuro, de cómo iríamos juntos a la universidad, de cómo sería nuestra vida juntos... pero ahora en un abrir y cerrar de ojos todo eso se había convertido en nada, ¿qué había hecho mal?
Antes de irme me limpie las lagrimas, guarde las donas que había hecho y salí del lugar. Me fije que el sol se empezaba a ponerse, el cielo se estaba tiñendo de tonos rosados y anaranjados, me quede observándolo inmóvil unos segundos, hasta que de repente sentí una mano en mi hombro, al girarme vi que era Alvaro, me quede congelada, mi mente quería hablarle, gritarle, pedirle explicaciones, pero apenas logré murmurar:
—¿Por qué?, ¿por qué ahora, Alvaro?, ¿qué hice mal?, dime —pregunte, tratando de mantener la calma, aunque por dentro me estremecía.
—Ya no funciona lo de nosotros —soltó de una vez, como si se hubiera quitado un peso de encima.
El mundo a mi alrededor se volvió borroso y sus las palabras resonaron en mis oídos como un eco lejano.
—¿Por qué? —volví a decir mi voz se había convertido en un susurro, apenas audible.
—No lo sé, simplemente... siento que nos en los últimos meses nos estuvimos alejando —respondió, encogiéndose de hombros
Sentí un nudo en la garganta, ¿alejándonos?, ¿cómo era posible si hacía apenas una semana habíamos planeado juntos la vuelta a clases?, las lágrimas amenazaban con brotar nuevamente, me giré, tratando de contenerlas, pero fue inútil, las gotas resbalaron por mis mejillas, comencé a caminar, sintiendo un vacío inmenso en mi pecho, pero él volvió a hablar.
—No has hecho nada mal, Danna.
Me detuve y me gire.
—Pero... ¿no podemos intentarlo? —lo mire a los ojos esperando encontrar algo de esperanza.
—Lo he pensado mucho... —suspiró, bajando la mirada—. Y creo que lo mejor es dejarlo así, no sería justo para ninguno de los dos seguir fingiendo.
Intenté sonreír, pero me sentía rota, su mirada ahora evitaba la mía, como si le doliera verme así, aunque era como si ya hubiera tomado la decisión desde mucho antes de hoy, no pude evitar abrazarlo, buscando un consuelo que sabía que ya no estaba allí. Caminamos juntos hacia el estacionamiento en silencio y al llegar a su coche me ofreció llevarme, pero me negué, antes de que él entrara en su auto, se detuvo, me miró una última vez y con un beso en la mejilla se despidió.
Me quedé allí de pie viendo cómo se alejaba, hasta que su coche desapareció en la distancia. Las lágrimas volvieron a resbalar por mis mejillas mientras caminaba hacia mi casa, sintiendo un vacío inmenso en mi pecho, lo peor era que había sucedido una semana antes de empezar el nuevo ciclo escolar, ¿cómo iba a enfrentar el nuevo curso sin él?
Al llegar a casa, me encerré en mi habitación y me dejé llevar por la tristeza, revisé las fotos de nosotros en mi teléfono, recordando todos aquellos momentos felices que ahora parecían lejanos y borrosos.
Me dejé caer en mi cama, abrazando mis rodillas y dejando que las lágrimas fluyeran libremente, sabía que el tiempo lo cura todo, pero en ese momento, con el corazón hecho mil pedazos, me parecía imposible imaginar un mañana, por ahora solo me preguntaba si alguna vez volvería a ser feliz.
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Editado: 10.09.2026