Sal de mi piel

Ellas

No sabía cómo iba a hacerlo, no sabía cómo había llegado a este punto, ya habían pasado 3 días, mi teléfono no paraba de vibraba en mi mano, la pantalla iluminaba mi rostro que se había hecho pálido, los mensajes de mis amigas se amontonaban, preguntando por qué no había ido al cine con ellas como lo habíamos planeado, sus emojis de corazones y preguntas me hacían sentir peor.

Suspiré hondo y marqué el número de Kenia, mi mejor amiga, el teléfono tan solo sonó dos veces antes de que contestara con su voz llena de alegría y preocupación.

—¿Todo bien?, o ¿por qué no has contestado nuestros mensajes?

Traté de que mi voz sonara lo más normal posible, pero sé que fallé.

—Es que... bueno, es complicado decirlo, pero tenemos que hablar.

La noté tensarse al otro lado de la línea.

—¿Pasa algo malo?, ¿estás bien?

Asentí con la cabeza, aunque sabía que no podía verme.

—Es sobre... sobre Alvaro.

Un silencio se apoderó de la línea, el cual me dejaba oír las voces de mis demás amigas.

—¿Qué ha pasado?

Cerré los ojos con fuerza.

—Él y yo... terminamos.

Escuché su exhalación y un susurro de incredulidad.

—¿Cómo?, ¿cuándo? y ¿por qué?

—Es mejor que vengan a mi casa.

—Enseguida vamos.

Respiré hondo, sintiendo cómo un nudo se formaba en mi garganta, estaba sentada en el sillón de mi casa, rodeada de mis mejores amigas o al menos las que pudieron asistir en ese momento, Kenia, Sheccid, Lia y Fernanda, sus miradas estaban puestas en mí llenas de preocupación.

—Ahora que lo eh estado recordando, me di cuanta que desde hace unas semanas, las cosas con Alvaro no habían estado sido las mismas, habíamos estado discutiendo mucho, creí que lo íbamos a poder superar, como todas las veces anteriores, pero aparece que al final no pudimos.

Mis amigas se intercambiaron miradas, asintiendo con la cabeza, conocían a Alvaro desde hacía tiempo, y habían visto cómo nuestra relación había evolucionado, no pude evitar soltar algunas lagrimas mientras les contaba como había sucedido, Sheccid me tendió una caja de pañuelos y me abrazó con fuerza.

—Lo siento mucho, Danna —dijo Kenia con voz suave—. Sé que esto te está doliendo mucho...

—Gracias —respondí, sollozando—. Es solo que... lo amaba tanto y aun no puedo creer que hayamos llegado a este punto.

—Sé que es difícil —dijo Lia, acariciando mi cabello—. Pero tienes que ser fuerte, te mereces a alguien que te valore y te haga feliz.

Asentí con la cabeza, sintiendo un poco de consuelo en sus palabras, sabía que tenían razón.

—¿Y ahora qué? —pregunté.

—Ahora nos tienes a nosotras —dijo Sheccid con una sonrisa—. Vamos a pasar una noche de chicas, a comer helado, a ver películas cursis y a reírnos hasta que nos duela la panza.

Fernanda asintió con entusiasmo para después decir

—Exacto y después, cuando estés lista, empezaremos a buscarte planes nuevos, a salir, a conocer gente, ademas en algunos días ya vamos a entrar a la escuela y vas a ver cómo pronto te olvidarás de todo esto.

Sonreí a mis amigas, sintiendo un profundo agradecimiento por tenerlas en mi vida, sabía que con ellas a mi lado, iba a salir adelante. Cuando se fueron mi teléfono estaba en silencio, me sentía agotada emocionalmente, pero también había una sensación de liberación, haberles contado a mis amigas me había hecho sentir menos sola.

Antes de dormir me llego un mensaje.

Kenia —Mañana pasaremos por ti a las 11, ponte linda.

No pude evitar sonreír, deje el teléfono aun lado y me acurruqué bajo las sábanas, me quede mirando el techo, no podía dejar de pensar en todo lo que había pasado, sabía que lo que me esperaba seria difícil, pero también sabía que no lo iba a enfrentar sola, porque aunque ya no lo tuviera a él, tenía a mis amigas a mi lado y ellas eran todo lo que necesitaba para seguir.




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