Sal de mi piel

Incomodo

El sonido de mi alarma me sacó de mi sueño profundo, me levanté de la cama tratando de asimilar que otro día de escuela había llegado, me dirigí al baño, en donde comencé mi rutina matutina. Mientras caminaba hacia la escuela, mi teléfono vibró, al sacarlo vi que era un mensaje.

Kenia —Danna corre acabo de llegar a la escuela y él está en el salón.

Mi corazón latió con fuerza, él era un chico que había estado detrás de Kenia durante los últimos días antes de salir de vacaciones, por lo que me contó había sido un flechazo a primera vista, al menos por parte de ella, ya que ademas habían compartido algunos momentos, los cuales me había contado con entusiasmo sobre aquellas salidas, detallando cómo él la hacía reír y la hacía sentir especial, pero de repente un día para otro había cambiado todo entre ellos, habían dejado de hablarse sin ninguna explicación aparente.

Le respondí a Kenia tratando de tranquilizarla.

—Tranquila, seguro que todo estará bien, respira profundo y actúa con naturalidad, si te sientes incómoda, puedes inventar alguna excusa para salirte del salón.

Sabía que mis palabras no la harían sentir completamente segura, pero era lo mejor que podía hacer en ese momento, así que me apresuré a llegar, con cada paso que daba mi mente divagaba, pensaba en mi amiga y en la situación incómoda que estaba atravesando, no quería que sufriera, pero tampoco quería entrometerme en sus asuntos. Al llegar al salón, mis ojos la buscaron entre los estudiantes, la encontré sentada hasta el fondo en su pupitre, pude notar que al verme su rostro se iluminó.

—Danna —exclamó mientras levantaba la mano.

Me acerqué a ella y me senté a su lado.

—¿Ya lo viste? —me preguntó en un susurro.

Asentí con la cabeza, él estaba sentado en la esquina contraria a nosotras, parecía estar muy concentrado leyendo un libro titulado "El político y el científico".

—No sé qué hacer —confesó, mordiéndose el labio inferior—. Nunca pensé que Mateo estaría aquí.

—Todo saldrá bien, te lo prometo —le aseguré una vez más, tratando de transmitirle toda la confianza que podía.

Lo mejor que podía hacer era estar ahí para ella, como la buena amiga que era, y aunque no podía controlar lo que sucediera entre Kenia y él, al menos podía apoyarla en todo momento. Observé al profesor garabatear frases en el pizarrón, pero mi mente ya estaba empezado a divagar, me gire a mi lado para ver a mi amiga y note como tamborileaba nerviosamente los dedos sobre su cuaderno, sabía exactamente en qué pensaba.

—No sé por qué me puso tan nerviosa verlo, a mi nunca me pasa esto —susurró Kenia, su voz apenas audible sobre los murmullos de los demás.

—Tranquila —le respondí.

En ese momento, la puerta se abrió y entro nuestro amigo Asher, que al parecer no nos vio porque se dirigió hacia los asientos vacíos del fondo, pero para nuestra sorpresa, se detuvo justo frente al chico, intercambiaron un saludo rápido, para después sentarse a su lado y casi de inmediato comenzaron a platicar.

—Pero qué casualidad —exclamé, sin poder evitarlo.

Kenia me miró con los ojos muy abiertos, porque eso era algo que ninguna de las dos había previsto, Asher y Mateo se conocían.

—No me lo puedo creer, ¿y tú no sabías nada?

—No tenia ni idea —dije negando la cabeza—. ¿Cómo es que se conocen?

—No lo sé —respondió Kenia, frunciendo el ceño.

—Tendremos que preguntarle a Asher más tarde.

Durante el resto de la clase, no pude evitar mirar a Mateo y Asher de vez en cuando, parecían llevarse bien, ya que reían y hablaban como si fueran amigos de ya bastante tiempo. La clase termino antes de tiempo, por lo que Kenia y yo nos apresuramos a salir del salón y nos dirigimos hacia la cafetería. Al llegar a la entrada, nos encontramos con Uziel.

—Hola —nos saludó.

Después de un breve intercambio de saludos, nos sentamos en una mesa vacía al fondo de la cafetería, nuestra conversación fluía con naturalidad, hasta que apareció Mateo.

—Kenia, necesito hablar contigo un momento —dijo aun lado de Kenia.

Mi amiga se disculpó con Uziel y conmigo, se levantó para seguir a Mateo afuera de la cafetería, me quedé sola con Uziel y de repente me sentí un poco incómoda, ya que no nos conocíamos muy bien y Kenia era la que nos unía a ambos en la conversación, aunque supongo que era un chico agradable, no sabía cómo iniciar una platica con él, traté de pensar en algún tema, pero nada se me ocurría.

—Eh... ¿todo bien? —pregunté tratando de romper el hielo.

—Sí, sí, todo bien —respondió él sin mirarme.

Intenté iniciar de otra otra forma, pero cada tema que se me ocurría parecía más forzado que el anterior, hasta que finalmente me rendí.

—Bueno, creo que voy a ir al baño —dije levantándome.

—Claro.

Me alejé de él sintiéndome un poco tonta, ¿por qué siempre que estaba con Uziel me sentía tan incómoda?, aunque por su parte él parecía igual de incómodo. Cundo regrese, él seguía donde lo había dejado, pero aun no había ningún rastro de Kenia, estuvimos un rato mas envueltos en silencio incómodo, hasta que sacó su teléfono y comenzó a revisarlo, lo que me hizo sentir un poco ignorada, pero tampoco quería presionarlo.

Por lo que también termine sacando mi teléfono, revise la hora y para mi mala suerte aun faltaban algunos minutos para que iniciara la siguiente clase, levante mi mirada y él seguía igual, así que continuamos con el silencio, cada uno perdido en su propio mundo, no paraba de preguntarme qué le diría Kenia a Mateo y si todo estaría bien entre ellos, también pensaba en lo extraño que era la situación.

Finalmente Kenia regresó y se sentó en medio de nosotros, tenía una expresión mas relajada en el rostro, después de un rato más decidimos que era hora de irnos, nos despedimos de el chico silencioso y salimos de la cafetería, mientras caminábamos hacia nuestro siguiente salón, no pude evitar sentirme por alguna razón un poco desanimada, ya que a veces las cosas simplemente no salen como uno espera.




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