Hoy es viernes. No sé si a ustedes también les gustan los viernes, pero a mí sí. Son días tranquilos, igual que yo. Y para rematar, llega el fin de semana, cuando me libero de la rutina cansada. ¿Acaso puede haber algo mejor.
—¡Kim, alístate rápido! ¡Vamos al cumpleaños de tu tía! —una voz gritó a lo lejos.
—¿Mamá? ¿Eres tú? —pregunté con preocupación.
—¡Sí! ¡Ya alístate rápido, ya vamos a salir!
Me sorprendí. Habían pasado años sin ver a mi madre y, de pronto, iba a llevarme a una de esas típicas fiestas familiares. No tenía planes para hoy; no sé si la extrañaba, pero sí me alegró verla. Así que la abracé sin dudar. Sentí una calidez suave que envolvía mi corazón, como un niño que encuentra a sus padres.
Llegar no fue nada fácil. Pasamos horas buscando la dirección del cumpleaños. ¿Por qué a los adultos les encantan las fiestas enormes? Seguramente terminaría en el famoso cumpleaños de la hermanastra de mi mamá, hablando de "cosas de la vida" con alguien al azar por horas.
*suspiro* Al final llegamos. Casi me da una crisis, se los juro. Pero debo admitir que el lugar estaba increíble. Mi tía nunca falla con sus fiestas. Era como un cuento: un pequeño pozo en la entrada, el columpio de quinceañera, la mesa de billar, los animales de granja decorando el ambiente y una piscina gigante en la que moría por meterme. También podíamos pedir tragos, pero yo pedí sin alcohol porque mi mamá no me quitaba la mirada de encima. Creo... que sí me extrañó mucho jeje.
Fue en aquel instante, cuando aún no terminaba de admirar la belleza del lugar, que él apareció. Habíamos volteado al mismo tiempo y nos miramos a lo lejos pero parecía muy cercano.
No lo podía creer: era Omar. Me sudaban las manos y mi corazón latía fuerte. Fuiste como el complemento perfecto en aquella noche tan hermosa e inolvidable.
Tú eras el chico que tanto me gustaba cuando tenía 10. Estabas más alto, te habías cortado el cabello y podía percibir el perfume que tanto me gustaba de ti, y aún lo usabas. Habían pasado seis largos años, algo difíciles, tengo que admitir. No podía creer que estuvieras en esta fiesta tan aburrida, pero con el escenario perfecto para una historia de amor.
¿Qué estoy pensando? Tú nunca te fijarías en mí. Siempre me trataste como una prima, aunque no compartamos la misma sangre. Siento que debo renunciar a este fuerte sentimiento.
—¿Kim, eres tú? —se oyó una voz joven y femenina que se acercaba rápidamente hacia mí.
—¿Camila? —respondí.
¡Era Camila, mi prima favorita! Ella es hermana gemela de Omar y sí, es mi prima, aunque tenga un año más que yo.