Luego volvimos a casa, pero yo ya había visto a mis padres que estaban conversando buen rato cuando nosotros estábamos en la playa. Luego mi mamá entró molesta al auto de mi papá, y regresamos a casa. Como el ambiente estaba tenso, le dije a Abel que mejor se fuera a su casa. Preparamos la cena entre todos y mi mamá seguía aquí; esto me tenía muy fastidiada. No sabía si solo vino para molestarnos o para quedarse, y espero que no sea eso.
—Oigan, niños, ¿y qué les parece si mañana vamos al parque de las leyendas?
—Ya no somos niños —dice mi hermano.
Esa pregunta de ella me hizo estallar y sentía que ya no podía seguir con ella bajo el mismo techo.
—Marta, ¿y a qué hora te vas? —pregunté.
—Mi niña, eso mismo quería preguntarles a ustedes, si querían que volviera a la casa.
Así que antes de que mi hermano respondiera, dije:
—¿No te basta con habernos arruinado la infancia y la vida de mi padre por andar como chiquilla en la calle?
—Mira, Kim, la relación con mi exjefe no iba muy bien y... —Ah, es tu jefe, ¿no? ¿Y cuál era su empresa? Ah, cierto... se me había olvidado que tú engañaste a mi papá en una tienducha de caramelos.
—Mira, Kimder, lo quieras o no, yo soy tu madre y no quiero que me vuelvas a hablar así.
—Mi nombre es Kim y mi madre murió cuando yo tenía diez. Yo a usted no la conozco.
Así que luego de esa conversación que tuve con ella, se fue de la casa. Ni idea de quién la habrá recibido, pero no se llevó nada más, aparte de sus palabras.
El ambiente estaba tenso y el semblante de mi padre lo decía todo. Creo que ella quería recuperar lo que tenía con mi papá, pero ya no se puede hacer nada más. Y en unos días nos recuperamos; luego me sentí un poco mal por haberle hablado así a mi mamá, pero la situación nos afectaba a todos, y solo haría que las cosas empeoren. Esto se lo comenté a mi líder y a mi mejor amigo, los cuales me dijeron que sí estuvo mal, pero yo, sinceramente, no quiero verla. Luego nos enteramos que mi tía, la cual es madre de Omar, la acogió a mi mamá; claramente, nadie más que yo, mis primos y Abel sabemos de lo sucedido. Nadie más debe saber.