Y bueno, ya es domingo y también el día del amor... pongo énfasis al del amor, porque el amor no es solo romanticismo y eso. Nos alistamos para ir temprano a la iglesia, y como también se acerca el campamento, opté voluntariamente por buscar un trabajo para colaborar con la paga y ahí me llamaron para lavar carros dentro de la cochera de la iglesia, y el encargado y supervisor del trabajo es el pastor, así que alisté mi balde con mi trapo, y me puse un pantalón y una camiseta cómoda para ir a lavar carros.
Llegué a las 7:30, por fortuna mi papá me dejó en la iglesia y luego se fue a dar vueltas por ahí porque es taxista, pero no había ningún carro todavía, el pastor estaba durmiendo. Pero el paisaje era simplemente hermoso, es que me gusta levantarme temprano porque siento que todo en la mañana es más bonito y el aire más puro. La iglesia estaba vacía, nunca la había visto así, creo que estuve explorando toda la iglesia por una hora, el eco era tan abrazante. Y el culto en el templo ya había empezado así que entré un rato y me dio un poco de hambre y fui al mercado a comer.
Pero regresé y ya estaban todos lavando carros y eran las 12:00.
—KIM, ¡¡tan tarde vienes?? Ven, te toca el rojo de allá y ese taxi negro.
Noooooo ayyyyyy justo me tocó una camioneta y un taxi que estaba en todo el sol, ese carro desde lejos emanaba un calor infernal; cuando fui a lavar la camioneta todo tranquilo porque me ayudaron, pero luego el pastor me seguía repitiendo que debía terminar de lavar ese carro negro yo solita y justo era el último turno para lavar carros y faltaban 10 minutos para que el culto termine y vengan a llevarse sus carros, me quería dar un paro.
Así que me fui corriendo con mi balde y lo llené de suficiente agua, y sumergí mi trapo, di un largo suspiro porque mis manitos ya intuían cómo se sentiría ese carro, ¡¡PORQUE EL DUEÑO LO ESTACIONÓ JUSTO EN EL SOL!! pero igual tenía que terminar sí o sí con ese carro, así que le pasé el trapo y se sentían como esos juegos del parque que están hechos con fierro y que justo te sacaban cuando había sol, pero igualmente tenía que seguir, y seguí sobando con el trapo y el pobre carro echaba humo, no es mentira, estaba humeando y mi pobre mano sentía que estaba en el infierno, y el pastor luego vino y me dijo:
—Kim no te olvides las llantas.
Así que llené mi balde y le comencé a echar baldazos y a mí siempre me daba miedo subirme a la llanta para limpiar el techo del carro, pero yo sin miedo me subí al carro.
Y grité: TODO POR EL CAMPAMENTO y una de las que estaba apoyando se me quedó mirando, pero yo igualmente seguí; estaba bien concentrada en el carro. No sé cómo hice para subirme tantas veces sin caerme y a algunas partes que no llegaba les tiraba con mi trapo, como si estuviera azotando al pobre carro. Y de pronto ahí el pastor me estaba mirando desesperanzado porque creía que no iba a poder sola y faltaba secar todavía, porque no basta con solo mojar el carro, porque quedan unas manchas. Y exprimí con todas mis fuerzas el trapo y comencé a secarlo. Al final me fijé en mi celular y sí lo logré. Yo me senté en las gradas con una sonrisa enorme y cansada, pero lo logré, ya que habitualmente cuando lavamos carros en grupo nos demoramos una hora por carro o media hora. Y si dudan, pueden lavar un carro y comprobarlo. Espero que me den buena paga por ello. Y saliendo de la iglesia me encontré con mi líder y otros de mi red, vendiendo comida.
—Hola Kim, ¿nos ayudas a vender marcianos? —pregunta mi líder.
—Claro.
—Uy, llegó la rarita, ¿y ese look? ¿te disfrazaste de chatarrera?
—¿Lo dices porque yo venderé más marcianos que lo que vayas a vender tú? —dije.
—¿Es un reto?
—Tómalo como quieras —respondí.
—Acepto el reto.
Y parecíamos dos ambulantes del mercado queriendo llamar más clientes.
—Hola señora, ¿no quiere un marciano? Es de pura fruta, ¿quiere? —pregunté algo ansiosa.
—A ver, hijita, ¿de qué tienes? —respondió la señora.
—No, señora, no le compré. Ella no se lavó las manos cuando las hizo. ¿No quiere mejor una empanada? —dice César.
—¡Oye, eso no se vale!
Y así continuamos, parecíamos perros y gatos, pero igual yo gané el reto.
—Bueno, rarita, tú ganas. ¿Y con quién la pasarás hoy, el día de los novios? —pregunta con atrevimiento.
—Y también el día de la amistad y la pasaré con mi familia y mi mejor amigo.
—Ay, ya, niñita, no te pongas así. Mira, mi papá me dio 200 soles y no sé qué hacer con esto.
—Ahorra, pituco, ¿y no vas a salir con tu novia?
—Ella está ocupada y como me ganaste quería pagártelo. ¿Qué dices, vamos a la Plaza de San Miguel?
—Contigo ni acá ni en la China.
—Entonces, ¿en otro lugar sí?
—¿QUÉ TIENES? Aparte, yo no necesito nada.
—Mira, uno quiere ser amable contigo y tú no colaboras.
—Es porque respeto a las personas con pareja.
—¿Celosita?
—Oye, ya acepto, pero no molestes.
—Yaya pequeña.
—Ayyyyyy, pero ¿Qué te acabo de decir?
Y así fue como terminé saliendo con él al mall. Cada uno pagó su pasaje y simplemente lo que compramos fue algo de ropa. Él llevaba las cosas mientras que lo guiaba a qué tiendas quería ir. También le dije que íbamos a una tienda de maquillaje y me compré ese brillo labial que tanto quería y unos audífonos. Íbamos 100, todavía faltaba gastar lo que quedaba. Mi papá me llamó y le dije que estaba con un amigo en el mall y que fuera a recogerme luego a la iglesia. Nunca me había pasado algo parecido, ni con Abel he ido al mall. Luego, como ya no sabíamos en qué gastar lo que restaba, lo usamos en los juegos del Coney Active, y toda la Plaza de San Miguel estaba con la temática. Hasta nos preguntaron si éramos pareja y yo dejé en claro que ni siquiera éramos amigos, y él me seguía molestando un poco. Luego volvimos a la iglesia del día tan divertido que tuvimos y creo que me comenzó a caer algo bien.