Dime el brillo de tus ojos
hablame con el sabor de tus labios,
dibujame en la brisa de tu aliento.
Alivia mi corazón con tu pecho,
sálvame con tu vino,
traza con tu saliva mis ansías,
esas ansías que tengo de ti,
vacía sobre mi tu río de temores,
y deshoja ese espasmos de tus pliegues.
Dame palabras y misterios,
llévame en una noche a tu cielo,
que griten nuestras pieles,
está noche,
que se unan nuestros labios,
y deja mis manos sobre tu vientre.
Dame ese grito sudoroso de tu piel,
llévame a la plenitud de tu entrepierna,
desbordado de ti
en el silencio,
y sin latidos.