Salto De Fe (#2)

Capitulo 22

Capitulo Veintidós: " Genial ... "

KENJI HILXMAN

El caos era abrumador. Sebastián estaba fuera de control, completamente consumido por su miedo, y yo no sabía qué más hacer para ayudarlo. Lo sostuve como pude, sintiendo la tensión en sus músculos, su cuerpo tembloroso y su respiración entrecortada. Verlo así me dolía más de lo que quería admitir.

Le lancé una mirada a Jordan, quien no necesitó más para entender. Se giró y salió corriendo por el pasillo, probablemente en busca de alguien que pudiera manejar esto mejor que yo. Porque yo... yo no sabía si tenía la fuerza para sostener a Sebastián y, al mismo tiempo, mantenerme firme.

Entonces, de pronto, la imagen de él se distorsionó ante mis ojos, y fue como si el pasado regresara a golpearme con la misma brutalidad de aquella vez.

Su rostro, cubierto de sangre.
Sus manos, temblorosas, manchadas hasta los codos.
Sus ojos azules, desorbitados, atormentados, repitiendo frases ininteligibles entre sollozos desesperados.

El recuerdo de Isabella desplomándose frente a él luego de un atentado contra Sebastián donde ella se interpuso entre una bala y él salvándole la vida, el sonido seco del impacto, el grito ahogado de Sebastián... Todo volvió de golpe, arrastrándome por un instante a ese momento en el que lo vi romperse por primera vez de esa forma tan descomunal.

Parpadeé con fuerza, obligándome a regresar al presente.

Me aferré a él con más fuerza, con los dientes apretados, sintiendo cómo mi propio corazón se estrujaba en mi pecho. Hatson seguía suplicando al otro lado de la puerta, golpeándola con desesperación. Aiden estaba a su lado, con el rostro tenso, mientras que Eduardo sollozaba en silencio, cubriéndose la boca con una mano, con Andrew abrazándolo, como si de esa forma pudiera contenerlo.

Negué internamente. No podía permitirme flaquear. No ahora.

La ansiedad me apretaba la garganta como una soga, cada segundo se sentía como un hilo más tenso a punto de romperse. Pero no me importaba. No debía importarme.

Yo estaba aquí solo por ellos, por mis hermanos. Nada más.

No por ella.

Porque yo no sentía nada por ella. No debía sentir nada por ella.

Mi mujer estaba en casa esperándome.

Mire a Sebastián otra vez, él sollozaba y su cuerpo temblaba. Esto era una broma cruel del destino para él, perder a la mujer que amaba Dos veces...

Lo abrace con más fuerza sin saber qué hacer, el soltó un grito ahogado, mire a Jordan regresar con una enfermera detrás de él, nos señaló y yo cubrí la cabeza de Sebastián contra mi pecho, asentí apenas a la enfermera y ella se acercó inyectando algo en su brazo con cuidado, Sebastián soltó un grito, maldijo y me golpeó a mi cuando intento golpearla a ella para apartarla de él.

No mucho después, quedó inconsiente con el rostro empapado de lágrimas.

¿Se encuentra bien?- pregunté a la enfermera, ella me miró y asintió lentamente. Me dedico una mirada de pesar puro.

Llamaré a alguien más para trasladarlo a alguna habitación.- dijo, negué.

Está bien, solo lo sentaré por aquí.- asegure, me gritaría aún más si al despertar estaba lejos de donde se encontraba Lyra.

Hatson se notaba desorientado también, pero no lo suficiente para pedirle que trajera otro sedante a la enfermera. Mire a Jordan y le dije que le ayudara a mover a Sebastián.

Lo sentamos con cuidado y limpie el rostro de mi hermano con delicadeza sonriendo mi pecho doler.

Esto era una jodida locura...

Hatson había pasado horas metido en esa sala de quirófano, Mikaelis al no poder controlar a Sebastián me llamó a mí, me suplico que porfavor fuera. Salí del departamento con cualquier excusa práctica huyendo de Fabiola la cual empezó a gritarme obscenidades porque sin duda alguna escucho la llamada.

Una enfermera salió rápidamente de quirófano y Hatson salto a ella con rapidez.

¿Como está ella?- pregunto con la ansiedad latente en su voz, ella le dedico una mirada cargada de lástima y negó librándose de él rápidamente para correr por el pasillo sin decir nada.

Luego de dejar a Sebastián en los asientos me acerqué a él.

Hatson- lo llamé, el me miró, su mirada estaba tan atormentada. Trague en seco, esto era complicado. Lo atraje a mí y lo abrace con cuidado, forcejeo al inicio pero al final se rompió otra vez aferrando sus manos a mi camisa ocultando su cara en mi pecho.

Luego de un rato, todos estábamos sentados en fila hombro a hombro frente a la fila de asientos frente al quirófano, mirábamos a las enfermeras entrar y salir con apuro hasta que ya ninguna volvió a salir del quirófano.

Habían pasado otras tres horas desde que Hatson salió de quirófano y sus gritos habían desatado el terror.

Pase mis manos por mi rostro sintiéndome cansado, llevaba meses sin dormir correctamente. Fabiola me estaba volviendo loco, arrastrarla al doctor para que hiciera sus chequeos de rutina para ver si el bebé estaba bien era una tortura.

Mikaelis apenas y llamaba para saber cómo iba el embarazo, y Aiden era un verdadero imbécil cada vez que llegaba al departamento. Fabiola se lanzaba literalmente a él y yo me removía con un asco cada vez más notorio.

Pase mis manos por mi rostro mirando al techo, el silencio se había apoderado del pasillo donde todos estaban como si estuvieran esperando un milagro.

Era estúpido, yo mismo escuché el pitido de la máquina anunciando que ella estaba muerta. Sin importar cuantos esfuerzos hicieran el doctor y las enfermeras dado su embarazo muy probablemente ella ya estaba más fría que témpano de hielo y el doctor simplemente estaba alargando más de lo necesario el sufrimiento de mis hermanos.

Lo odie por hacerlo.

Ellos seguían con la esperanza latente, Hatson temblaba en su lugar. Abrí mis ojos cuando escuché pasos rápidos acercarse, mi mirada se ensombreció y me contuve a no rodar los ojos cuando lo miré.




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