Capitulo Veintinueve: " Llamarada Súbita "
KENJI HILXMAN
No supe que tanto tiempo había pasado, pero lo sentí demasiado eterno. Lyra seguía a mi lado, sosteniendo mis manos y dándome palabras tranquilizadoras.
El sonido de la puerta doble abriéndose hizo que me pusiera de pie tan rápido que sentí que el alma me regresaba al cuerpo.
Un médico de bata larga, rostro cansado y cubrebocas todavía en la barbilla, se acercó hacia nosotros con paso seguro. Tenía la expresión seria de alguien que carga con noticias delicadas todos los días. Mi corazón golpeaba tan fuerte que por un momento pensé que no escucharía nada de lo que dijera.
—¿Familiares de Fabiola Lomboso? — preguntó con tono formal, deteniéndose frente a nosotros. Yo di un paso al frente, con Lyra aún aferrada a mi brazo tratando de darme ánimo, Sentía su fuerza contenida como si ella también estuviera respirando con mis pulmones.
—Soy su pareja —le dije inmediatamente con seguridad, de todas las presencias en ese pasillo, solo la de Lyra me daba cierta quietud y tranquilidad.
El doctor asintió, consultó su tabla digital y comenzó a hablar con la voz mesurada de alguien que quiere dar tranquilidad sin falsas esperanzas.
—La señora Lomboso se encuentra estable. La cesárea fue completada sin complicaciones mayores. Hubo una pérdida de sangre moderada, pero fue controlada a tiempo. La contusión en su cabeza no produjo daño craneal ni hematoma cerebral, sin embargo, vamos a mantenerla en observación por al menos veinticuatro horas debido a un cuadro de desorientación inicial al despertar. También presenta una lesión por impacto en la caja torácica, específicamente en el lado izquierdo, pero ya fue descartada fractura costal; solo fue un traumatismo fuerte. Estará con analgésicos y bajo monitoreo constante.
Tuve que parpadear varias veces para entender que estaba hablando de ella… viva. Estable.
—¿Y el bebé? —pregunté antes de que mi garganta colapsara del todo.
El doctor me miró por encima de sus gafas.
—El bebé nació en condiciones óptimas. Tiene un buen tono muscular, llanto fuerte, y puntuación Apgar de ocho al minuto, y nueve a los cinco minutos. Lo han llamado Nicklas, ¿correcto?— Asentí, sintiendo como mi pecho se comprimía, esta vez de alivio. —Lo llevaremos a la unidad neonatal para observación rutinaria durante las próximas horas, como hacemos con cualquier recién nacido tras una cesárea de urgencia. Pero pueden estar tranquilos, está bien.
Lyra fue la primera en soltar un suspiro pesado, tembloroso… como si estuviera liberando el aire que había contenido desde el inicio de todo. Apoyó suavemente su frente contra mi brazo.
Yo seguía de pie, congelado. Las palabras del doctor aún daban vueltas en mi cabeza, repitiéndose una y otra vez, como si quisieran asegurarse de que las entendiera, de que aceptara que todo estaba bien.
Mis piernas temblaban. Quería dejarme caer. Sentarme en el suelo, llorar o gritar. Pero no lo hice. No frente a ellos. No todavía. No hasta que los tuviera a los dos en mis brazos, a salvo, vivos. Solo entonces me permitiría quebrarme.
Detrás de mí, Aiden soltó un suspiro largo, como si hubiera estado aguantando la respiración desde hacía horas. Mikaelis le dio una palmada a Jordan, quien simplemente cerró los ojos, como si le diera gracias al universo por haber escuchado. Incluso Eduardo, que rara vez mostraba emoción, murmuró un “menos mal” tan bajito que se perdió entre el zumbido de los monitores y las luces fluorescentes.
El doctor se retiró poco después, prometiéndonos que cuando Fabiola despertara podríamos entrar uno por uno a verla.
Pero yo ya lo sabía: no iba a permitir que nadie más la viera antes que yo.
No después de todo lo que habíamos pasado. No después de haber sentido que podía perderla para siempre.
Lyra levantó la mirada hacia mí. Sus ojos estaban llenos de ese calor que no se apaga ni en las peores noches. Me rodeó con los brazos, y en su abrazo encontré un ancla. Una promesa silenciosa de que todo volvería a su lugar.
—Van a estar bien —me susurró—. Los dos.
Y por primera vez en horas, respiré. De verdad. Sentí el aire llenar mis pulmones y no dolió. No quemó.
Devolví el abrazo con cuidado, acariciando su espalda con suavidad. Luego me separé, esta vez por completo. Ella me miró con cierta sorpresa pero no dijo nada. Solo tomó el perchero que sostenía su suero y se acercó a Sebastián. Lo abrazó, hundiendo el rostro en su pecho mientras en su rostro apareció una pequeña sonrisa genuina.
Volví a sentarme, pasando la mano por mi cabello, exhalando con fuerza, sintiendo cómo mis músculos comenzaban a soltar la tensión acumulada.
—Kenji.
La voz de Mikaelis me sacó de mi ensimismamiento. Estaba frente a mí, con esa postura seria, casi fría que me hizo sentir que iba a decir algo que no me gustaría.
—¿Mmm? —gruñí apenas, sin ganas.
—Hay que hacerle una prueba de ADN al bebé —soltó, sin titubear.
Fue como si me tiraran un balde de agua helada encima.
Me puse de pie de golpe, el corazón otra vez desbocado y la sangre hirviendo.
—¿¡Qué carajos contigo!?, ¡Apenas acaban de salir de una situación crítica y lo que te preocupa es saber si el niño es tuyo! —estallé, sin filtros, con rabia acumulada.
—Mikaelis, eso fue grosero —intervino Lyra, su voz firme, pero serena.
Y aun así… sentí todo dentro de mí sacudirse de nuevo.
—¡Tú no te metas! —bramé, girando hacia ella.
Lyra me miró atónita. Sus ojos se abrieron en sorpresa heridos por mi tono, pero no dijo nada. Asintió suavemente retrocediendo un par de pasos sin cuestionarme.
Mi pecho dolía otra vez.
—Ya me sacaron sangre —continuó Mikaelis con una serenidad casi mecánica que me retorció las entrañas—. La enfermera vendrá por las demás muestras. Está todo pagado. No se le hará daño al niño. Solo falta tu muestra, Kenji. Y esto se acaba.
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Editado: 20.07.2026