Capítulo Treinta Y Tres: " Fabi, Fabi... "
FABIOLA LAMBOSO
Su cuerpo dolía como si cada músculo estuviera envuelto en brasas ardientes recordándole cada decisión que la había llevado a ese abismo. Había ido a ver a la mujer que la controlaba, la que tenía a su madre y no tenía otra opción.
No recordaba con claridad cómo había llegado al hospital, cómo su cuerpo había terminado en el suelo, ni cómo había sobrevivido el miedo que la mantenía en vilo desde que supo que Nicklas había nacido.
Cada pensamiento era un torbellino: la mujer con su sonrisa cruel y amenazante; su madre, pálida y débil; los recuerdos de su infancia, los golpes de su padre alcohólico, las noches escondida en armarios para protegerse mientras su madre trataba de que su padre no se llevara el dinero. Todo se mezclaba con el presente, con la ansiedad de mantener a su hijo a salvo y el terror de que algo le ocurriera.
Nicklas... su pequeño bebé. Apenas había tenido la oportunidad de verlo desde que despertó. Su existencia era un delicado hilo de esperanza tan frágil que temía romperlo con un solo movimiento equivocado.
Si alguien supiera que estaba bien, si Kenji lo repitiera demasiado, si cualquier acción fuera del plan se filtraba... podría ponerlo en peligro. Y la idea de que algo le sucediera era intolerable. Su miedo la paralizaba mezclado con la culpa y el amor que sentía por Kenji, un amor que la consumía y a esas alturas del maldito juego la enloquecía y la enfermaba.
El conflicto moral la desgarraba desde dentro. Cada acto que debía ejecutar la convertía en alguien que despreciaba: alguien capaz de dañar a los que amaba. Cada paso que daba hacia la mujer que controlaba su vida, cada orden cumplida, la alejaba de Kenji y de sí misma.
Pero el miedo de perder a su madre era un ancla que no podía soltar. Si no obedecía, Isabel moriría, y Fabiola no podía soportar esa idea. No después de todo lo que había sufrido ella Lara mantenerla a salvo de alguna forma..
Recordó los años oscuros de su juventud: noches interminables de violencia y abandono, el abuso de su padre, el asqueroso aroma a alcohol barato, la desesperación de una madre que nunca pudo sostenerla del todo y cómo esas sombras le habían enseñado a vivir en modo de supervivencia.
La mujer que ahora la obligaba a actuar había explotado esa vulnerabilidad prometiéndole seguridad para su madre a cambio de su obediencia. Una cadena invisible que Fabiola aceptaba por miedo, por amor, por culpa, por desesperación.
Sus manos temblaban mientras trataba de mantenerse erguida. Cada respiración era un recordatorio de lo que ocurría: la vida de su madre, ahora incluso podía ser la vida de su hijo, y la suya propia —aunque su propia vida jamás le importo demasiado para ser honestos—. No podía permitirse fallar. Ni un segundo de duda podía permitirse.
Se levantó de la camilla con dificultad, el dolor físico era un recordatorio constante de que su cuerpo estaba jodido, roto, igual que la vida de su madre que debía proteger aún así. Cada músculo tenso, cada pensamiento una tormenta de culpa y miedo, cada latido de su corazón un recordatorio del riesgo: Isabel, y ahora Nicklas dependían de ella, y la responsabilidad era demasiado grande para fallar.
Y aun así mientras avanzaba, mientras cumplía órdenes que la convertían en alguien que no reconocía, una parte de ella resistía: la Fabiola que había sobrevivido al pasado, que había aprendido a ser firme contra la tormenta, a esconderse cuando era necesario y atacar cuando llegará el momento, a usar cada recurso para proteger a los suyos, la que no permitiría que la oscuridad volviera a ganar del todo...
Esa parte de ella la mantenía en pie, incluso cuando todo parecía perdido. Y estaba aferrada a eso...
Fabiola estaba dispuesta a hacer lo que fuera necesario para protegerlos, El recuerdo la golpeó como un puñetazo tan fuerte que todavía sentía el ardor en su pecho. El olor a alcohol y a látex llenaba la habitación mezclándose con el silencio pesado que empezaba a enllquecerla.
Recordaba perfectamente esa noche, Frente a ella estaba la desconocida en ese entonces: rostro desfigurado por cicatrices profundas, piel chamuscada y ojos oscuros que brillaban con una intensidad fría y calculadora cargada de un odio visceral que le estremeció Cada fibra de su ser. Cada movimiento de aquella mujer estaba medido, como si hubiera sobrevivido a mil tragedias y ahora pudiera controlar la vida de cualquiera sin titubear.
Fabiola entendió entonces que no estaba tratando con alguien común; aquella mujer había escapado a la muerte de una forma que parecía milagrosa, y ahora tenía todo el poder sobre su vida. Y lo odiaba.
—Fabiola —dijo la mujer con voz rasposa, firme y sin un ápice de emoción—. Muy pronto alguien vendrá a quitarte a Kenji. Si no haces exactamente lo que te digo... no solo lo perderás a él, también perderás a tu madre.
Sacó un sobre y con manos frías deslizó una foto frente a ella. Isabel Lomboso, su madre, acostada en una camilla de hospital, pálida, débil, y con el rostro marcado por la enfermedad: cáncer de páncreas avanzado. La imagen le arrancó un escalofrío a Fabiola. Su pecho se contrajo y el miedo la inundó. Cada latido se sentía como un martillo golpeando su corazón.
—Si quieres seguir con tu vida, si quieres a Kenji a tu lado, debes hacer exactamente lo que te digo —continuó la mujer, con un tono que no admitía discusión—. Nada de improvisaciones. Cada paso, cada movimiento... al pie de la letra.
Fabiola tragó saliva luchando por mantener la calma. Su corazón estaba dividido: ella solo amaba a Kenji, y la sola idea de involucrarse con Sebastián, Hatson, Aiden, Jordan o Mikaelis la horrorizaba, para ser más honestos, la asqueaba... No podía pensar en mezclarse con ellos sin que una arcada burbujeara desde lo más profundo de su garganta.
Cada uno de ellos había estado para Kenji de alguna manera, y aunque su amor era solo para él, la mujer le ordenaba mover las piezas de aquel tablero como si fueran fichas de ajedrez. Se negaba a traicionar el amor de Kenji de esa forma tan cruel.
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Editado: 20.07.2026