Salto De Fe (#2)

Capítulo 34 - Parte Dos

Capítulo Treinta y Cuatro: "Fabi... Fabi..."

FABIOLA LAMBOSO

El sonido de la puerta de la habitación abriéndose la arrancó de sus pensamientos, de aquellos recuerdos amargos que la ahogaban en silencio desde dentro. Su corazón latía con fuerza, como si quisiera romper su pecho, y cada segundo que pasaba sin control sobre lo que veía y sentía la hacía más frágil.

-Fabiola -la mirada preocupada de Kenji le retorció las entrañas, sintió su garganta apretarse y sus ojos inundarse de lágrimas.

-¿Cómo estoy aquí? -preguntó apenas con un hilo doloroso de voz. Kenji se acercó a ella sin dudarlo, la sostuvo con firmeza para que no cayera, llevándola de regreso a la camilla con movimientos suaves y medidos, como si temiera que se rompiera en cualquier momento.

-Me llamaron, amor... Caíste por unas escaleras -se aferró a ella con cuidado mirándole con preocupación; los moretones aún estaban en su mejilla, el punto en su frente apenas sanaba a simple vista y sin contar las costillas rotas y los hematomas que cubrían su cuerpo-. Fue una gran caída... -murmuró aterrado.

Fabiola tragó en seco sintiendo un espasmo de terror que la atravesaba como electricidad, mientras los recuerdos de la mujer que la había obligado a obedecer la golpeaban con más fuerza que cualquier dolor físico.

El eco de las palabras de esa mujer, antes de empujarla, la alcanzó como un relámpago: "Te va a doler, pero vivirás. Tranquila. Para tu suerte aún te necesito viva."

Las lágrimas inundaron sus ojos sin poder controlarlas y el miedo la mezclaba con una culpa que no podía despojarse de su pecho.

-¿Nicklas? -susurró en un hilo de voz cargado de terror. Kenji tomó su rostro entre sus manos con delicadeza haciendo que lo mirara; sus ojos también estaban llenos de lágrimas.

-Lo viste esta mañana, mi niña... -recordó él.

-Ya... ya lo sé... Me refiero... ¿Él está bien? -murmuró con voz temblorosa aferrando su mano temblorosa al brazo de Kenji, enterrando sus uñas largas en él sin poder controlarlo.

-Sí, amor, está bien. Muy bien, lo hiciste estupendo... -acarició su mejilla con ternura mirándola a los ojos con toda la paciencia y el amor que tenía.

Pero mientras escuchaba su voz, Fabiola sentía cómo una parte de ella se rompía por dentro. Recordó la última orden de la mujer, la amenaza implícita y su corazón se retorció con un dolor que la desgarraba.

-Él... Nicklas... ¿De- de quién es? -murmuró con dolor sin poder evitarlo. Cada palabra le dolía en el alma porque traicionar a Kenji de esa forma la convertía en alguien que despreciaba. Kenji la miró un instante, notó un destello de rabia en su mirada, y luego la abrazó con suavidad.

-Mío. Por supuesto -susurró él acariciando su cabello. Fabiola sintió vértigo; su corazón y su mente parecían luchar entre sí.

De Kenji... de su amor...

Una parte de ella estaba feliz, aliviada, y la otra... aterrorizada, como si estuviera cayendo sin control en un abismo. Su llanto fue incontrolable en ese instante; lágrimas gruesas escaparon de sus ojos como ácido quemando desde dentro mientras los sollozos se sucedían uno tras otro, cada uno más doloroso que el anterior.

"No... no... no tenía que ser de él. No tenía que ser de Kenji, tenía que ser de alguno de los demás, no de él..." se repetía mientras la desesperación la ahogaba sintiendo que su mente se fragmentaba en mil pedazos.

El miedo y el alivio se entrelazaban en una contradicción que la consumía. Cada respiración era un recordatorio del peligro, cada pensamiento un duelo entre el amor que sentía y las órdenes que la atormentaban y la desquiciaban. Su instinto le decía que debía obedecer para proteger a su madre, pero su corazón solo deseaba a Kenji y su felicidad, vivir juntos a él el resto de su vida siendo felices... Cómo una familia.

Su cuerpo temblaba, su mente giraba, y los pocos fragmentos de cordura que le quedaban se desvanecían entre espasmos de dolor. La sensación de perder el control era aterradora: podía sentir que su identidad se deshacía, que su amor por Kenji y su miedo a la pérdida de su madre se convertían en un torbellino capaz de aplastarla.

"No puedo fallar... no puedo" pensaba entre lágrimas mientras jadeos crueles que apretaban sus pulmones sin piedad le arrebataban el aire "No puedo perderlos... no puedo perderlo a él."

La contradicción la desgarraba: obedecer significaba traicionar, traicionar significaba salvar, salvar significaba perder su paz, y perder su paz era morir un poco por dentro.

El llanto seguía escapando desde lo más profundo de su garganta, una mezcla de alivio, terror y desesperación, recordándole que su amor por Kenji y su responsabilidad hacia su madre la habían convertido en alguien atrapada a punto de perder todo.

Ni siquiera sabía cuál era el odio que le tenía esa horrenda mujer a Lyra Kingahan, ni por qué la obligaba a torturarla de esa manera. Todo era un caos en su mente: órdenes, amenazas, recuerdos de su madre enferma, su pequeño Nicklas que apenas había nacido y apenas abría sus ojitos al mundo... y el amor inmenso e irracional que sentía por Kenji.

Solo quería acabar con todo, desaparecer del tablero, eliminar a Lyra Kingahan de una vez por todas para poder ser libre... libre del miedo, del terror, del dolor que la consumía. Ya era demasiado tiempo soportando, tres años, tres tortuosos años sintiéndose no más que un maldito juguete sobre un jodido tablero maldito que empezaba a robarle en cada movimiento fragmentos de su alma.

Sintió cómo su mente se rompía desde dentro; cada pensamiento se convertía en un nudo de desesperación. El llanto seguía nublándole los ojos, mientras los recuerdos más oscuros de su infancia se mezclaban con el presente: su padre alcohólico golpeándola, las noches escondida con sus manos cubriendo su boca para no emitir ningún sonido uqe pudiera delatar donde estaba, el miedo constante de perder a Isabel, su madre, y cómo ahora esa mujer había convertido su amor por Kenji en un arma contra ella.




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