Salva a la villana

Capítulo 31: ¡Los celos de Layla!

Capítulo 31: ¡Los celos de Layla!

Layla prestaba mucha atención a la clase que se había llevado a cabo hace unas dos horas y terminó hace unos segundos. Mirando a otro lado vio la carita de su querido Kijiro y sonrió con dulzura al verlo muy pensativo por la nueva información que recibieron de esta primera clase…

Kijiro está pensando seriamente si existen esos monstruos que el maestro Arturo mencionó, ya sean los monstruos de la tribu pelota que tienen una forma muy terrible. "Layla, el maestro Arturo mintió sobre esos monstruos", habló repentinamente a la niña al lado que lo mira con dulzura.

Layla no cambió la mirada y respondió como de costumbre: —Sí, esos son reales, amor. ¿Por qué crees que son falsos? —dijo con calma y al final tenía una mirada de curiosidad.

Kijiro esperó para aclarar sus ideas antes de contestar y habló. —Se me hace muy terrible la forma peculiar de esos monstruos —dijo con voz débil y avergonzada para señalar una página específica del libro que les entregaron para la clase. En la página del libro se observa la imagen de una criatura parecida aún trasero con enormes colmillos sobresaliendo de lo que parecía… Qué criatura muy extraña.

Layla no entendía qué había de malo en esa criatura y deslumbró la imagen. Decidió tomar el libro y comenzar a leer la información en voz alta. —Monstruo pesto, forma parecida a un trasero con una inteligencia muy alta. Las fortalezas son dos que utiliza para cazar y estas dos fortalezas son: Enormes reservas de maná casi infinitas con las que nos lleva a la siguiente fortaleza, y esta se trata de un veneno muy fuerte que puede no afectar de manera mortal, pero es de intensidad muy desagradable que puede durar hasta dos meses impregnado en la piel de la víctima y no hay tratamiento disponible. Por el momento. —Terminó de leer la información escrita en la página de la criatura extraña y una fuerte sensación de escalofríos le llegó de repente al observar de cerca la imagen de la criatura y se sonrojó como una manzana roja.

Kijiro tenía la cara algo preocupada al ver a la siempre arrogante Layla callada con la cara roja. Se le quedó viéndola de una manera muy extraña, pensando en que tal vez esta criatura le trajo malos recuerdos y rápidamente se puso de pie para caminar hasta estar enfrente de la niña sentada. Este repentino acercamiento trajo la atención de varios estudiantes informativos que miraban con una fuerte atención a las siguientes acciones del niño genio.

Kijiro vio que tenía la total atención de Layla y habló de manera solemne con un aura fría. —Layla, no tengas miedo de esos monstruos. Yo te voy a proteger por el resto de mi vida y nunca más volverás a tenerles miedo… —(Acercándose aún más hasta quedar cara a cara, volvió a hablar) —Mientras aún viva en este mundo, no volverás a tener miedo, sufrimiento, odio y tristeza. Te guiaré para que tengas un buen final —Termino de hablar de manera mortalmente solemne con una atmósfera intensa y genial.

Los niños que aún seguían viendo se quedaron congelados en su lugar y no sabían qué diablos acaba de pasar; primero esos dos hablaron del monstruo extraño y después ese niño se declaró a la Señorita Layla Nessro una noble, ese sirviente de basura. Varios niños nobles y arrogantes sintieron mucho odio evidente por la repentina propuesta del niño basura que no tenía nada.

Uno de los niños no pudo soportar mirar más esta escena y lo que hizo que se levantara de su lugar fue ver que la cara sería de la niña que había robado su corazón. Tenía esa mirada llena de amor puro, un amor igual al que tenían sus padres cuando se miraban y eso lo molestó bastante. Rápidamente, se paró y encaró al bastardo mayordomo —¡Oye! ¡Usted, basura de un sirviente! ¡Oye! —gritaba con arrogancia y sacando el pecho.

Kijiro escuchó la nueva voz de un niño arrogante y por cortesía se separó de la niña avergonzada que lo miraba con intensidad. Al hacerlo vio aún niño pelirrojo pecoso, cabello largo atado en una cola de caballo, ojos amarillos y una piel delicada blanca; no digas ese rostro hermoso y aristocrático lleno de nobleza. — Sí, señor noble. ¿En qué puedo ayudarle? —preguntó con calma y sin cambiar el rostro siempre serio.

El niño noble habló enojado: —No te igualas de mí persona. No somos iguales, mi nombre es Pichón Volyop Werloz de la casa más noble y mis padres son manos derechas del emperador, también soy amigo de infancia del príncipe heredero y usted está molestando a la futura esposa del príncipe —dijo con voz llena de arrogancia que hasta un cierto niño emo con cabello parecido a un trasero de pato se quedaría asombrado.

Kijiro sintió que todo su mundo se derrumbaba al escuchar el nombre tan peculiar del niño y habló: "Te llamas Pichón… "¡Mierda grande!". Exclamó repentinamente y miró al niño con un rostro lleno de horror como ver algo extraño.

Rápidamente, sintió que expresarse de esa manera muy vulgar con un niño es algo feo y habló: —Perdón por mi repentina exclamación, me sorprendió demasiado saber que usted tiene un alto rango y también es alguien muy importante —dijo tratando de alabar al niño idiota que saca el pecho aún más hasta el punto de sacar las nalgas y el pecho afuera, pareciendo una especie de resorte, pero la cara arrogante nunca se fue.

Pichón habló — Me alegra que sepas quien manda y te perdonó esta vez, se agradecido sirviente. Esta es tu fortuna el hablarme directamente —dijo con una voz muy ronca y, aún caminando de esa manera extraña, hizo una extraña pose con la mano derecha y los niños restantes en el salón salieron junto al Pichón.

Kijiro miró a Layla y viceversa. Ambos se quedaron solos en el salón sin saber qué hacer después y Kijiro habló: —Layla, me puedes acompañar para buscar a Sofía, la extraño mucho y espero que aún me recuerde —dijo con una voz dulce y los ojos desorbitados al recordar el dulce beso de despedida que se dieron.

Layla se paró de golpe del asiento y vio a Kijiro con una mirada llena de tristeza con los ojos rojos llorosos y gritó: —¡Buscala tú! ¡Rápido ve por esa! ¡Kijiro eres un idiota! —gritó enojada y salió corriendo del salón de clases, dejando aún asombrado a Kijiro sin saber que había dicho.




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