Al otro lado del mundo, en el dominio de la oscuridad el mayor imperio de la tierra se movia en las sombras, eran conocidos como los Kuroshi, ellos eran los enemigos definitivos de los Kamashinori desde el los inicios de la creación, no hubo momento que no intentaran sumergir al mundo en un mar de caos y sangre pero todos sus esfuerzos siempre fueron derrotados por los ejércitos Kamashinori.
Incontables batallas se libraron entre ambos reinos terminando siempre en su derrota, pero en el momento que consiguieron seducir a uno de ellos y convertirlo en un traidor, su oportunidad había llegado y como era de esperarse, no la desaprovecharon.
Desde aquel día aciago el mundo perdió a sus máximos defensores y vio sumergido en el caos, el líder responsable de comandar los ejércitos demoniacos era el primero y mas grande demonio de todos, el demonio Yamiro.
Un dia Yamiro estaba viendo desde un balcon en su palacio, ubicado en la ciudad de Haku en el continente Mirai(Asia), se tomo el tiempo de hacer una pausa en su rutina para pensar en su pasado y medir su futuro, hasta ahora todos sus ejercitos arrasaban con cualquier resistencia,todos los continentes temblaban con su nombre y la esperanza de victoria era cada vez mas débil.
Era consciente de que un grupo de reyes tenían un frente unido contra sus tropas, pero desde la derrota de sus verdaderos rivales, ya nadie podía detenerlo, incluso pensaba que era divertido mirar como los hombres se alimentaban de una fe vacía, ver como confiaban en sus fuerzas era similar a ver un cachorro luchar contra un dragón, tiernos e ingenuos.
Eran su diversión, pero en días como hoy se sentia vacio, incluso aburrido, al no tener un reto que enfrentar, los humanos eran demasiado débiles cuando luchan solos, sin embargo, siempre recuperaba el animo al recordar que alguien lo estaba observado, alguien estaba sufriendo al ver al mundo agonizar y para Yamiro, ese alguien merecía sufrir un infierno por cada alma que arrastrara al abismo.
---Mi señor Yamiro, perdone por molestar.
Uno de sus concejeros entro a su balcón y se postro ante él.
---Habla.
--- Todos están reunidos en la sala del trono, solo esperan su llegada mi señor.
--- ¿Ya estan todos?
--- Si.
---Entiendo, vamos.
Ambos comenzaron a caminar hacia el lugar de reunión, el concejero se mantuvo en completo silencio atento a cualquier orden mientras avanzaban ya que su señor no era alguien que repitiera dos veces una orden.
---Concejero.
Solo una palabra fue suficiente y el concejero se concentro por completo en su señor.
--- A sus ordenes.
--- Quiero que me respondas una pregunta, ¿que opinas sobre los logros de mi imperio?.
Una pregunta general, sin matices claros ni sentido obvio, esas eran las peores ya que cualquier respuesta podía estar equivocada, pero también sabia que debía responder algo rápido, Yamiro odiaba la indecisión.
--- Sus ejércitos aplastan y conquistan reinos enteros, su palabra es cumplida en toda la tierra y su nombre es temido por todo ser viviente, puedo decir que mi señor es el mejor gobernante de todos los tiempos.
Una típica respuesta, Yamiro ya esperaba recibir una alabanza de entre tantas dedicadas a él.
--- Eso es cierto, pero ¿No te sientes vacío?.
---¿Mi señor?.
--- ¿No extrañas a las luciérnagas?.
Luciérnagas, el nombre de burla que todos usaban para los Kamashinori, ahora el concejero estaba al borde del abismo, su señor le estaba preguntando si extrañaba a sus máximos enemigos, la respuesta obvia seria que no, nadie lo haria, pero ademas de la indecisión, Yamiro odiaba que le mintieran, lo cual era irónico, siendo el padre de todas las mentiras.
El terror lo invadió dejando su mente en blanco, sabia que debía decir algo, pero no podía pensar en nada al punto de darse por muerto, pero Yamiro noto el miedo que emanaba del concejero y pensó que tal vez podía hacer una excepción.
--- Estas callado, no me has respondido.
--- Lo siento mi señor, yo....
--- Habla, solo por hoy te permito hablar sin consecuencias, dime lo que piensas.
Increible, su señor le dio una oportunidad, el concejero pudo sentir como el miedo comenzó a irse pero sabia que debía contestar, su suerte no duraría mucho.
--- Si me permite, pienso que el mundo se volvio frio y gris sin ellos, es verdad que son nuestros enemigos y sirven al Dios creador, merecen nuestra rabia y odio, pero ya que no están, todo se ha vuelto vacío, sin propósito, un poco aburrido.
El concejero dijo lo que pensaba cumpliendo la orden pero al terminar de hablar tuvo la sensación de que hablo de mas y comenzó a temer de nuevo, pero en lugar de gruñidos o gritos, comenzó a escuchar las risas de su señor.
Yamiro reconoció que no esperaba esa respuesta y comenzó a reírse, era interesante saber lo que pensaban sus súbditos cuando no estaban bajo amenaza de muerte, el concejero en definitiva le alegro el dia.
--- Tienes una mente muy activa concejero, me complace tu respuesta.
--- Siempre a sus ordenes mi señor.
Luego de su breve conversación, Yamiro llego a las puertas de la sala del trono, dos altas planchas de acero negro decoradas con bordes de cráneos y rubíes en sus ojos, cuatro soldados Kuroshi vigilaban la entrada y al verlo llegar le abrieron las puertas inclinándose ante él.
En el lugar de reunión estaban los principados, las potestades y los gobernadores de todos los frentes, ejércitos y territorios Kuroshi, al verlo llegar todos se levantaron en reverencia y solo se sentaron cuando Yamiro llego a su trono.
Esta solo era una reunión mas , pero al igual que antes, todos los presentes habían aprendido a leer el animo de su señor, ya sabian como reaccionar si estaba molesto, serio o pensativo pero la emoción mas peligrosa de todas en Yamiro era el estar contento, para los presentes significaba que cualquiera que le hiciera perder ese animo, le seria mejor escapar al fondo del infierno que caer en sus manos.