En las profundidades de Haku la oscura capital de los Kuroshi, Yamiro regresaba con sus ejércitos triunfante de la batalla contra la Coalición, a pesar de que tuvieron más problemas de los que esperaban Yamiro estaba decepcionado, confiaba al menos que se vería obligado a pelear que lo acorralarían y que por un momento sentiría en el aire el olor de la derrota.
Pero no, entendió que había esperado demasiado de sus inocentes enemigos, Yamiro estaba frustrado y ya no le divertía triunfar, ni conquistar, así que con un suspiro de resignación entro a su castillo, bajo de su caballo mientras que veía la jaula de hierro negro que encerraba a la última esperanza de los hombres.
Esos tres patéticos reyes cuyos espíritus se había encargado de destrozar, Yamiro decidió subir por las escaleras de su torre personal hacia su balcón privado, ese era su lugar exclusivo y él se encargaba de asesinar al valiente que entrara sin su permiso aunque fuera por una emergencia, si, ese era su lugar favorito pero cuando empezaba a disfrutar un poco de la vista sintió una presencia a su espalda que lo enfureció.
--- Veo que de nuevo estas aquí en tu pequeño rincón de soledad, ¿me pregunto porque?.
Era Osan, el único de sus generales con la suficiente fuerza y locura para desafiar incluso las ordenes de Yamiro de no entrar a riesgo de su muerte pero a él no le importaba, así que desde la puerta comenzó a acercarse.
--- En serio, no entiendo que te pasa, deberías estar eufórico por haber vencido y en vez de eso estas aquí, hasta parece que lamentas haber triunfado.
--- No vale la pena celebrar una victoria que no demanda sacrificios---, respondió Yamiro al mismo tiempo que alrededor de el unos rayos rojos comenzaron a salir del suelo y sus puños se envolvieron en fuego negro emanando energia suficiente para que Osan lo pensara mejor y dejara de acercarse.
--- Espero que tengas una muy buena razón para entrar y no quiero que me vengas con estúpidos informes de guerra que me tienen asqueado---, dijo Yamiro.
--- Tranquilo, no me jugaría la vida si no fuera por algo importante---, Osan hizo una pausa como jugando con la paciencia de Yamiro.
---Finalmente hemos encontrado la ciudad de Himitsu.
Yamiro al oír esas palabras tuvo que reconocer que se impresiono y su furia disminuyó ya que esa ciudad la daba por extinta.
--- Bien, entonces manda a una tropa de Shindas que la arrasen y maten a todo el que encuentren, 300 serán suficientes.
---Entiendo, como digas, pero quisiera que me dijeras porque te molestas tanto en asaltar unas ruinas, si no hay nada allí.
Osan había cambiado su tono ya que a pesar de su actitud desafiante hacia Yamiro también recordaba que era su rey y por lo tanto le debia respeto.
---No quiero dejar nada a la suerte, si no hay nada allí solo se habrá perdido tiempo y recursos que de ambas cosas me sobran, quiero estar seguro de que ahí no hay nada que se pueda usar o personas vivas que puedan ser de ayuda.
---¿De ayuda dices?, no lo entiendo ¿de ayuda a quién?---, pregunto Osan.
--- Quien sabe, a veces me gusta imaginar que hay alguna luciérnaga rondando por ahí y si te soy sincero me gustaría que así fuera---, dijo Yamiro.
Osan ahogo lo mejor que pudo su expresión de sorpresa ya que no se lo esperaba.
---Oye, no entiendo porque dices eso, ¿quieres que vuelvan los Kamashinori?, si nos costó tanto derrotarlos.
Yamiro suspiro de melancolía reconociendo que Osan tenia razón.
---Lo sé pero si regresaran el mundo tendría otra vez un sentido, las batallas tendrían propósito y sería más interesante destruir el mundo frente a los hijos de ISOD, pero.......supongo que solo es eso, un deseo que no se cumplirá, en fin ¿cuánto tardaran en llegar allá los Shindas?.
Osan le resto importancia a los desvaríos de Yamiro y reviso entre las hojas del informe que llevaba con él.
--- Llegaran en cinco días.