Majime al terminar de levantarse miro a sus 500 hombres que lo acompañaban y miro a los 300 Shindas que los veían desde la distancia, Majime esperaba que al contener la horda de los Akoguns eso bajaría la moral de los Shindas y les permitiría contraatacar, pero cuando la esperanza se comenzaba a ver en las filas del ejército verde, Majime sintió como se venía abajo al ver que en las filas rojas nuevamente crecía el número de enemigos emergiendo de la tierra en medio de niebla roja otros 1500 Akoguns que rugían con furia.
Majime sin poder creer lo que veía sintió que su sorpresa aumentaba de golpe al oír una voz que se proyectaba en todo el campo de batalla como si viniera del cielo.
--- ¡¡¡MUY BIEN HECHO MIS AMIGOS, NO PENSE QUE PODRIAN SOBREVIVIR TANTO!!!.
--- ¿Qué es eso mi señor?---, pregunto el general de Majime.
--- Hechiceria de incremento sónico, una habilidad de los Kuroshi, el enemigo está proyectando el sonido de su voz a través del aire.
--- ¡¡¡NONONO, HAN SIDO UN POCO GROSEROS EN RECHAZAR LA MUERTE RÁPIDA QUE LES OFRECIMOS!!!.
Majime al oír esas palabras tan cargadas de insolencia no pudo soportar e interceptando la magia del general Shinda con su poder respondió:
--- ¡¡¡¿ qué clase de oferta es esa, enviar a lobos gigantes a que nos masacren? Discúlpame por rechazar tan amable oferta!!!---, respondió Majime escupiendo al suelo en señal de desprecio.
--- Ja , vaya , no pensé que el gran Majime fuera tan bueno contando chistes ─,dijo el general de los Shindas sujetándose la barriga por un ataque de risa.
--- Ja, que bueno, casi hasta lamento tener que destruirte, pero bueno, el deber es el deber, en fin para que vean lo piadosos que somos les daremos una segunda oferta de muerte rápida pero por favor no la desaprovechen esta vez .
Al terminar de hablar, el general Shinda con una morbida sonrisa hizo una seña con su brazo señalando a los Himitsura y al hacerlo los nuevos Akoguns cargaron en estampida hacia ellos.
Majime pudo sentir como el suelo temblaba por los pasos de los lobos rojos que se acercaban pero mientras que a sus hombres eso les daba miedo, a él no le daba más que una furia que crecía con gran fuerza, sentía impotencia al ver lo descarada que era esa matanza decorada como muerte rápida, le daba nauseas tener un enemigo tan podrido y cuando la furia dentro de él fue tan grande, todo su cuerpo comenzó a brillar con luz verde clara cegadora del color de su armadura, avanzó unos 10 metros al frente dejando a sus hombres detrás suyo y aunque sabía que lo que iba a hacer era muy imprudente también sabía que era lo que podía hacer para proteger a sus debilitados hombres.
Majime al estar solo frente a los 1500 Akoguns que se acercaban a solo 500 metros de distancia comenzó a invocar su energia secreta mas fuerte
─ " ¡¡¡NATURA PROCTAE FILIO DEFENDUM!!!
Al terminar de invocar las palabras Majime estiro sus brazos a los lados al máximo posible y de ellos salieron dos potentes rayos verdes hacia la jungla y desde los árboles se levantaron dos enormes pilares de energía que llegaron al cielo y cambiaron su color negro y rojo por un color verde esmeralda casi majestuoso, el repentino cambio del cielo impresiono a ambos frentes pero lo inesperado fue que del interior de la jungla salieran enormes raíces que se arrastraban por el piso a gran velocidad tomando de a 20 Akoguns cada una y arrastrándolos al interior de la jungla para luego ver como se alzaba una enorme nube de niebla roja como señal de que los Akoguns habían muerto.
Y no solo eran las raíces, también de la tierra crecieron enormes arboles separando a los Shinda de los Himitsura y atrapando con grandes enredaderas a los Akoguns en medio del bosque recién formado, 100 Akoguns lograron escapar de la trampa pero como si tuvieran vida los arboles lanzaron esporas de color verde oscuro con las puntas brillando en un verde claro de aspecto venenoso que se clavaron en cada uno de ellos convirtiéndolos en enormes masas rojas cubiertas de espinas verdes por todas partes para luego caer al piso abatidos y evaporarse en niebla.
Pero la suerte de los que quedaron atrapados en el bosque no fue mejor ya que desde los troncos de los arboles salieron cientos de espinas que atravesaron a los Akoguns dejándolos empalados y de la raíz de cada árbol brotó de golpe un gas a alta presión de color verde hacia el cielo creando una enorme cortina en la cual se comenzaron a colar cientos de hileras de niebla roja que sobresalían en las copas de los arboles eliminando a los 1500 Akoguns enviados.
Tanto los Himitsura como los Shinda estaban asombrados, en las filas verdes había admiración y euforia al ver la enorme fuerza de su gobernante y en las filas rojas comenzaba a surgir la duda ya que habían sido enviados casi como una precaución, tenían órdenes de matar a todo ser vivo pero no esperaban que hubiera a quien matar en una ciudad supuestamente desierta y menos alguien tan fuerte.
Pero la alegría de los Himitsura no duro mucho ya que mientras celebraban el valor de su rey, en el lado de los Shinda el general se paró en el frente de nuevo proyectando su voz en el aire con disgusto
--- ¡¡¡¿COMO? VEO QUE NO LES GUSTO NUESTRA AMABLE OFERTA!!!---, dijo con una voz de amabilidad engañosa y con una sonrisa peligrosamente serena pero notablemente forzada.
---¡¡¡SI QUIEREN MORIR...........MUEEEEEEERAAAAAN---, dijo con su verdadera voz.
Junto con sus desmedidas amenazas el general Shinda disparó al cielo un rayo de oscuridad roja que cambió el color verde que tenía por uno rojo cegador, ya ni siquiera era oscuro como el anterior, este nuevo color era de varios tonos de rojo que irradiaban potentes rayos con tanta fuerza que rugían como truenos, el brillo del cielo hizo que todo el bosque perdiera su color y se viera rojo intenso bañando al ambiente con una atmosfera de sangre y muerte.
Pero no conforme con eso el general Shinda concentro su hechiceria en sus manos y levantándolas al cielo con fuego rojo en sus manos invocó de la tierra a un ejército de Akoguns los cuales aparecieron en medio de columnas de niebla roja que salieron disparadas a alta presión todas al mismo tiempo, siendo capaz de llamar a 10000 de ellos sin contar con la ayuda de sus soldados.