Mientras que los Himitsura se retiraban, el general de los Shindas rodeado de sus soldados y bestias esperaba y veía, sus soldados estaban listos para enviar a sus bestias cuando él lo ordenara pero no entendían la demora, cada vez mas de los Himitsura entraban a la ciudad y los Shindas no comprendían esta espera que mantenía su general hasta que uno de ellos se decidió a preguntar.
--- Señor, si no le molesta, ¿podría decirnos que espera para dar la orden de atacar?.
--- ¿ Qué es lo que te molesta soldado?---, respondió el general Shinda con un tono de ansiedad por las ganas de poder disfrutar su anhelada masacre.
---Señor, no entendemos porque estamos esperando en vez de atacar y liquidarlos antes de que se refugien en sus muros donde será más difícil alcanzarlos.
--- ¿ Y eso te da miedo?---, le pregunto mirándolo fijo a los ojos.
--- ¡¡¡Para nada señor, es solo que estamos cada vez más ansiosos por la matanza!!!---, se apresuró a explicar el soldado ante la mirada acusadora y peligrosamente alegre de su general.
---Bien, entonces si tienes tantas dudas, aunque no tengo porque hacerlo, te lo explicare, primero, sus murallas son de madera por muy grandes que sean así que no suponen un obstáculo importante, segundo, nuestro número es al menos diez veces mayor al de ellos, un poco de suspenso no daña a nadie---, dijo el general con una risa contenida.
---Y tercero, nuestro señor Yamiro hablo conmigo antes de venir y me dijo que esta misión es solo por precaución, que era un desperdicio de recursos venir a una ciudad arrasada, pero, que en caso de que aquí encontráramos habitantes, nos encargáramos de hacer sufrir hasta el último segundo a los que se atrevieron a reconstruir lo que la bestia del fin había destruido.
El general Shinda hizo una pausa y miro a los acobardados Himitsura refugiándose en sus murallas, ya casi todos habían entrado pero para él era igual que tanto se tardaran ya que su misión además de matanza, también era de tortura, así que mirando de nuevo al soldado continuo con su explicación.
--- Caos, miedo, duda, impotencia, desesperación, todos esos sentimientos junto con el dolor son el sufrimiento que nos corresponde darles, así que este pequeño respiro no es más que un toque de misterio y un leve retraso a su devastación, ja , te apuesto lo que quieras a que su rey se debe estar preguntando que estamos esperando.
---¿Y que esperamos?---, pregunto el soldado.
--- Eso.
El general Shinda señalo a las puertas para mostrar que el último de los Himitsura ya había entrado y las puertas ya estaban cerradas.
--- Vuelve a tu puesto.
El soldado se apresuró a regresar, y el general Shinda con la ansiedad por la batalla al límite, deseoso de comenzar la diversión, gritó con todas sus fuerzas.
--- ¡¡ATAQUEN!!.
Acto seguido un grito en todas las filas rojas resonó en todo el campo y los Shindas sin esperar más enviaron a sus miles de Akoguns directo a la ciudad, pero el general de los Shinda se guardaba una sorpresa, ya que cuando los Akoguns iban a mitad de camino, solto un potente grito al aire mientras invocaba un hechizo de ataque.
--- ¡¡ IMBER SANGUINUS!! (lluvia de sangre).
Al decir esas palabras, del cielo cayo un diluvio de sangre que formo una cortina entre los Shinda y la ciudad de los Himitsura destruyendo el bosque que había levantado Majime, que al ser atravesada por los Akoguns, en su avance estos aumentaron su tamaño hasta tres veces más, pasando de medir 2 metros en cuatro patas a 5 metros de altura con 7 metros de largo transformando al ejercito de bestias en un ejército de abominaciones gigantes imparables.
Los Himitsura desde las murallas hacían desesperados intentos por frenarlos levantando raíces en el camino de los Akoguns atravesándolos y dejándolos empalados, también hicieron grandes hoyos en la tierra que se llevaban a 5 bestias cada uno pero a pesar de sus esfuerzos, los 400 soldados de la muralla solo lograron eliminar a 1500 de ellos que a pesar de ser un buen número no había hecho el daño suficiente a los 8500 que seguían avanzando.
En un último intento por resistir, 200 Himitsura concentraron su energia en la puerta para reforzarla haciéndola brillar por la fuerza contenida pero no contaban con el enorme tamaño de las bestias ya que aunque la muralla medía 30 metros de alto, el aumento de tamaño también subió su fuerza permitiéndoles saltar por encima de la muralla sembrando el caos en los aterrados defensores que se desvivían tratando de repelerlos.
Majime esperaba en la puerta junto con los 500 soldados de vanguardia a una distancia de 10 metros de la puerta, podía ver el caos que había en la cima de las murallas con los Akoguns que aumentaban de numero a cada segundo, pero cuando estaba a punto de ordenar que 200 de sus hombres fueran a reforzarlos confiando en que las puertas resistirían, una enorme explosión le hizo cambiar de opinión.
Desde afuera, un grupo de 500 Akoguns concentraron su aliento de fuego en las puertas para crear una bomba imparable que para sorpresa de los Himitsura arraso con sus puertas reforzadas como si fueran de cristal, Majime pudo ver que desde las puertas destrozadas en medio del humo salían disparados cientos y cientos de Akoguns que los ignoraban rodeándolos y algunos hasta brincándoles por encima gracias a su gran fuerza corriendo directo hacia la ciudad, Majime desesperado por reaccionar grito con todas sus fuerzas a sus hombres.
--- ¡¡ DISPERSENSE, NUESTRA MISION ES SALVAR A TODOS LOS QUE PODAMOS, RESISTAN HERMANOS HASTA EL FIN!!.
Todos los hombres le respondieron con un fuerte grito de batalla y se dispersaron con la misión de buscar y eliminar tantos enemigos como pudieran, Majime sabía que estaban condenados, era imposible que pudieran sobrevivir ellos solos así que cuando todos sus hombres corrieron a la batalla y estuvo solo en medio del caos elevo una pequeña oración al cielo.