Mientras que en la ciudad de Himitsu se libraba una desesperada batalla por la supervivencia, en los bordes internos de la jungla de Kanningura se abría un portal entre el follaje por el cual salían Kaishi, Yoshi y Nari en compañía del pequeño que habían rescatado de los Shindas, al llegar a las afueras de la ciudad pudieron ver la destrucción a la que había sido sometida dejándose ver grandes explosiones desde la distancia.
El niño sin poder soportar ver a su hogar en ese estado rompió a llorar desconsolado pensando que ya era tarde pero en medio de su llanto Kaishi acercándose a él y poniéndole una mano en su hombro le dio palabras de ánimo.
--- No estés triste, seguro podemos ayudar.
--- Pero, pero, mi hogar esta en llamas, ¿aún hay tiempo de ayudar?---, dijo el chico mirando a Kaishi con los ojos llorosos.
---No lo sé, pero aquí parados no haremos nada---, dijo Kaishi mirando a la ciudad decidido a salvarla
--- ¿Puedes llevarnos al interior de la ciudad?.
--- S...si, si puedo---, dijo el niño secándose las lágrimas en un esfuerzo por controlarse.
Yoshi sabiendo que el tiempo era importante y que no podían desperdiciarlo les dijo que debian hacer.
---Necesitamos hablar con el gobernante de Himitsu ya que algo debe estar haciendo para defender su pueblo, ¿lo conoces?.
---Si, somos una ciudad pequeña y todos conocemos a el rey Majime.
---Bien llévanos lo más cerca que puedas de él, la sala de trono sería útil---, dijo Yoshi.
---Entiendo, solo conozco lo básico de mi energia pero los llevaré, júntense todos.
Los tres siguieron las instrucciones del chico, y parándose en las direcciones de los cuatro puntos cardinales el chico cerro sus ojos, abrió su mano y de la palma emergió una pequeña esfera verde que brillaba débilmente esperando la orden del chico.
--- Viat (VIAJE).
De la esfera salieron cuatro lazos verdes que se impactaron en el pecho de los cuatro, una por cada uno, luego sus cuerpos se comenzaron a inundar de un resplandor que cada vez cobraba más y más fuerza hasta el punto de que todas sus partes corporales no eran más que siluetas de luz, el resplandor aumento hasta que finalmente en medio de una ráfaga de viento sus cuerpos desaparecieron de golpe.
Kaishi por un momento pudo sentir que su cuerpo no tenía forma física, notaba su presencia pero no sentía su cuerpo, a Kaishi esta sensación le pareció muy extraña pero al mismo tiempo emocionante, cuando antes estaban parados todos juntos viéndose las caras, de la nada solo podía ver oscuridad y un punto de luz a la distancia que se acercaba cada vez más.
Kaishi ya había practicado los saltos de un lugar a otro pero este tipo de energía era diferente, más misteriosa pero desarrollada lo cual le hizo pensar que si esta ciudad era inferior a los Kamashinori en fuerza y podían hacer saltos como esos, entonces la capacidad de los Kamashinori era verdaderamente omnipotente y suprema.
Luego de lo que fueron como 30 segundos, todos aparecieron frente a un edificio que aunque tenía una estructura simple se notaba que era diferente a los demás, frente a ellos había cuatro columnas de 4 metros de altura, cada una junto a la otra de color marrón con líneas doradas que subían envolviendo a cada columna, sobre ellas el dintel que las unía tenía una imagen hecha en oro, un mapa en un pergamino con un libro abierto al final del camino y un árbol sobresaliendo de sus páginas sobre él, representando el camino a la sabiduría y a la vida.
Detrás de las columnas aisladas estaba la entrada del pequeño palacio, las puertas eran de roble oscuro con figuras de plantas y animales que no conocían, las columnas eran de color verde con plantas que se enredaban en ellas, las paredes eran de mármol blanco con pequeños detalles decorativos en color azul, el palacio era un poco raro, sus decoraciones eran algo simples para un rey y el espacio era muy reducido, cuando mucho habían cinco metros del techo al suelo y por las historias que Yoshi contaba, los palacios reales eran obras gigantescas de hasta cincuenta metros de altura y decorados con las más valiosas gemas y metales preciosos.
---¡¡¡Rápido tenemos que entrar!!!---, dijo el chico sacudiendo el brazo de Kaishi para que se moviera ya que se había embelesado un poco con el palacio.
--- ¿Eh?, si, perdona.
Al entrar, los cuatro pudieron ver que lo que se suponía era la sala del trono estaba llena de personas heridas, enfermeros corriendo con vendas de un lado al otro, voces que aullaban de dolor mientras les trataban las heridas, Nari contuvo un gemido y se esforzó por no llorar, era deprimente y desolador ver a niños, ancianos, hombres y mujeres gravemente heridos, piernas rotas, brazos sangrando e incluso heridas en sus cabezas, realmente era desolador.
Avanzaron entre la caótica enfermería improvisada hasta lo que debían ser los tronos y sobre uno de ellos había una mujer sentada que daba órdenes a cada segundo, iba vestida con una bata blanca manchada de sangre y aunque no lo pareciera se notaba que era la reina por su forma de hablar y la obediencia que todos le daban.
---¿Ella es la reina?---, pregunto Yoshi con voz baja al chico para evitar que lo oyeran.
--- Si es ella, y en seguida..........
Sus palabras fueron cortadas por la voz de la reina que al verlos gritó con una voz de alegría y duda.
─¡¡HIJO!!.
Sin pensarlo dos veces la reina se levanto del trono corriendo con lagrimas en los ojos directo hacia el chico que habían rescatado y aunque tardaron un momento en asimilar su reacción, finalmente lo habían entendido.
Habían salvado la vida del príncipe de Himitsu.