Salvación

Dudas, rabia y combates

Explosiones, gritos, caos, muerte era todo lo que Majime podía ver a su alrededor, sus hombres hacían todo lo que podían para defender a su pueblo derribando a los Akoguns los más rápido posible pero simplemente no podían contener a tantos enemigos siendo tan pocos defensores.

Hasta el momento no se sabía sobre bajas civiles lo cual era un alivio, sus hombres habían creado un cerco de seguridad alrededor de la zona del palacio ya que en él se había habilitado una enfermería y en los edificios a sus alrededor los habitantes se habían refugiado lo mejor que podían pero, Majime sabía que a pesar de sus esfuerzos no lograrían mantener por mucho tiempo la pequeña zona segura que defendían.

Majime estaba con diez de sus hombres junto a él cuándo pudo ver a un grupo de 70 Akoguns que corrían hacia ellos destruyendo los callejones por los que pasaban, Majime formo a sus soldados lado a lado que levantando las manos al cielo hicieron que salieran 5 raíces de 4 metros de altura con varias espinas incrustadas en cada una de ellas tan afiladas como cuchillas.

Juntando sus manos como para orar empezaron a mover la mano derecha frente a ellos sin mover la mano izquierda haciendo círculos en el aire causando que las raíces también giraran creando unas enormes cierras giratorias que mantuvieron en sus posiciones, cuando la manada de Akoguns choco contra las raíces fue un espectáculo desagradable ya que las paredes de las casas cercanas se vieron manchadas de pedazos de los cuerpos de las bestias.

Varios de los Akoguns fueron despedazados dispersando sus partes por toda la calle para luego evaporarse, a pesar de sentir un poco de náuseas por lo que veía, Majime también se sentía satisfecho al ver que su defensa improvisada de raíces era efectiva pero una repentina explosión le arrebato su satisfacción ya que pudo ver que sus raíces reventaron en medio de un fuego negro que las consumía dejando ver a más o menos 30 Akoguns que no habían caído en su trampa.

Majime rápidamente recordó que todos los edificios eran de madera y con eso mente tuvo una idea, los Akoguns sin esperar ni un segundo continuaron su ataque hacia los Himitsura con ira salvaje, dientes manchados de rojo y una mirada asesina pero su avance se cortó de golpe al chocar contra una barrera cristalina de color verde que les impedía el paso.

Esa barrera fue levantada por Majime y sus hombres con una niebla verde que hicieron brotar de la tierra como una defensa rápida que logro frenarlos cubriendo el espacio entre los edificios que aún estaban en pie.

Majime desde el otro lado de la barrera veía como los Akoguns embestían con fuerza una y otra vez haciendo temblar el piso, sabía que en cualquier momento podrían saltar la barrera y hacerlos pedazos pero los Akoguns eran bestias torpes que caían fácilmente en un caos y desorden si no había algún Shinda que los dirigiera, Majime sin perder más tiempo junto con sus hombres empezó a actuar.

Cruzaron sus brazos como equis cada uno en su pecho con los puños cerrados luego 5 de ellos estiraron el brazo derecho a la derecha sin mover la izquierda mientras que los otros cinco hicieron el mismo movimiento solo que extendiendo el brazo izquierdo a la izquierda, después todos movieron sus brazos estirados al frente haciendo que de las paredes de madera de los edificios salieran enormes estacas que empalaron a los 30 Akoguns desprevenidos.

Luego movieron la mano que tenían empuñada en el pecho al cielo para causar que los techos se desprendieran de las paredes y se fusionaran en una enorme placa de madera que al bajar los puños de los magos, descendió con fuerza sobre los mutilados Akoguns para hacerlos desaparecer en niebla.

Majime al ver que su estrategia fue efectiva relajó un poco su castigada mente, planear la defensa, recibir los informes, repeler al enemigo con total desventaja eran tareas agotadoras, Majime estaba desesperado y trabajaba su mente a sobre marcha tratando de encontrar una salida, ya daba su ciudad por perdida así que todos sus esfuerzos se enfocaban en sacar a toda su gente de ahí.

Sin darse cuenta de lo mucho que se había sumergido en sus pensamientos, Majime se vio devuelto a la realidad por una violenta explosión que hizo temblar el suelo.

--- ¿Que fue eso?---, pregunto Majime sorprendido por la fuerza del estruendo.

---No lo sabemos mi señor, pero vino del área del palacio.

--- ¿Que?, ahí están los heridos tenemos que......

Las palabras de Majime fueron interrumpidas por una segunda explosión, luego vino una tercera y una cuarta explosión, Majime se sentía desconcertado por esas extrañas explosiones pero lo que más lo confundía era que cada una de ellas había dejado un enorme hongo de energía dorada que se elevaba al cielo.

---Señor ¿ cuáles son sus órdenes?.

---No podemos arriesgarnos a mover a nuestras tropas y descuidar las calles---, dijo Majime meditando la situación--- así que iremos nosotros, vamos.

Al dar la orden Majime y sus 9 soldados se dirigieron a la zona de donde venían las explosiones pero mientras iban de camino Majime no podía evitar hacer una plegaria en su mente.

--- " Por ISOD, que no sea otra sorpresa".

Α ─ Ω ─ Α ─ Ω ─ Α ─ Ω ─ Α ─ Ω

Mientras en las afueras de la ciudad los 300 Shindas observaban como la ciudad caía ante el caos de sus criaturas, efectivamente todos estaban eufóricos por ver que los Himitsura el pueblo que había desafiado a su amo era borrado de la tierra pero lo que experimentaba su general era una sensación más intensa y concentrada, placer, deleite, calor, dulzura, excitación, dentro de su mente y negro corazón el general Shinda sentía una mezcla de emociones perversas y morbosas al ver que su misión se cumplía a la perfección.

Ver tantas muertes y caos frente a él lo sumían en un estado de éxtasis que incluso resultaba un poco extraño entre sus soldados pero esa sensación se vio interrumpida de golpe por una serie de explosiones que dejaban a su paso un enorme hongo de energía dorada lo bastante grande para que desde su lejana posición pudieran verlos.



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En el texto hay: suspenso, fantasia, misterio

Editado: 05.06.2026

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