Sálvame

Capítulo 25

 

 

—Alena ha accedido a darnos la identificación del sujeto bajo una condición.

— ¿Condición? ¡Esa mujer está colmando mi paciencia! Luke, esto se nos está yendo de las manos, ya no puedo seguir metiendo mis manos al fuego por los lobos.

—Lo sé, yo también estoy cansado y el clan está nervioso, no pensarás en exiliarla ¿O sí?

—No lo sé, ¿cuál es esa condición?

—Que lo dejes vivo, y como prisionero del clan.

 

Conversación entre Sean Wells y su lugarteniente.

 

 

Eleine recibió a Tanya con su mejor sonrisa falsa, dos días habían pasado desde que dejó a Caleb en Greensbrough, la soledad se hacía pesada y eso era una verdadera molestia para ella.

—Hey, esa cara me dice que algo anda mal. —Tanya entró y dejó su bolso encima de un sillón— ¿Dónde está tu prisionero?

Una media sonrisa se le escapó, recordarlo le hacía sentir cosas incorrectas, contradicciones.

—No le llames así —dijo yendo a su lugar, tenía sus papeles, archivos y su computadora encima de la mesa central—. Lo dejé, en Greensbrough.

Tanya se sentó, la expresión en su rostro digna de un drama que sólo ella podía mostrar.

— ¿Dejaste al pobre sólo en el medio de la nada? —Lo dijo con fingida aflicción, se llevó una mano al pecho—. Ay por favor Eleine, eso es cruel.

—No exageres —replicó, no estaba de humor para bromas—. Y de todos modos ya recuperó la memoria.

Tanya abrió esos expresivos ojos verdes.

— ¿Y quién es realmente?

Eleine cerró sus labios con fuerza, desvió su mirada al trabajo que seguía en proceso, la pantalla encendida con un documento en blanco, llevaba más de cuarenta y ocho horas sin ser capaz de escribir una sola palabra para comenzar su informe. Y todo por culpa de Caleb, de sus ojos y su sonrisa amable que no la dejaba concentrarse.

—Su verdadero nombre es Shane Meyer, y es un cambiante lobo. —un temblor se dejó sentir en esas últimas palabras.

Era difícil creer que estuvo en peligro todo este tiempo, pensar que en un solo momento él podría haberla atacado con garras y dientes... Eso era aterrador, pero parte de ella, la que lo extrañaba tanto que dolía, esa parte se negaba a creer que hubiese estado en un verdadero peligro. Las acciones de Caleb decían mucho más que lo que se ocultaba bajo su piel.

—Vaya, eso sí es una sorpresa. —Eleine sintió la aguda mirada de su amiga—. Y también es algo irónico, pero no explica que lo hayas dejado.

— ¿No lo hace? —Habló con firmeza—. Yo no iba a regresar a mí casa con uno de esos lobos.

Enfrentó a su amiga con dolor en sus ojos, su cuerpo tenso, y su corazón latiendo fuerte, lista para defenderse por si Tanya intentaba influenciar sus acciones.

— ¿En qué momento te volviste una extremista? —Tanya preguntó, centró su atención en el desorden de papeles sobre la mesa— ¿Dónde se fue mi amiga que sonreía y jugaba en el bosque a las escondidas? Recuerdo que antes no te interesaban los debates raciales, ni la diplomacia, ni salvar a una raza que desde dos siglos atrás ya está condenada.

— ¡Murió cuando un maldito lobo puso sus colmillos en su cuello! —Alzó la voz— ¡Eso pasó! No intentes meterme tus discursos de paz en mi cabeza, porque no hay lugar para esas cosas.

Tanya frunció el ceño y se tomó el puente de la nariz con dos dedos, dio un largo suspiro y luego todo quedó en un incómodo silencio.

—Eleine, sabes que no existe una cantidad de lamentos para llenar el hueco que tienes adentro, y no pretendo ser cruel con un tema que es tan sensible, pero ya pasaron dieciocho años, y todavía sigues siendo una ermitaña que aleja a todos con su afán de vengarse, eso no es sano.

—No me podrás convencer, si has venido a eso puedes retirarte.

—Ese no es mi objetivo. —Tanya agarró su mano, Eleine intentó alejarse pero su amiga no se lo permitió—. Ese chico te veía con una emoción tan fuerte... Que me atreví a pensar que sentía algo por ti, lo supe por la forma en que reaccionaba hacia cada cosa que hacías, y en la manera que intentaba que no sintieras miedo, ese chico era especial, el primero que no se espantó por tu pasado, y lo dejaste ir.

Sus ojos se nublaron, el recuerdo de Caleb se hizo más presente que nunca, pero luego el sonido de gruñidos y gritos de dolor lo desvaneció por completo. Eleine se hizo fuerte.

—Si tan especial era, puedes ir a buscarlo al clan Moon Fighters, ya no me importa.

No era del todo cierto, pero la mentira todavía seguía dando vueltas, la herida todavía era fresca, una más para la colección que la vida en su miserable antojo le regaló para truncar su percepción.

Tanya soltó su mano y se alejó.




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