CAPÍTULO 8: «Shanghái: La puerta»
Shanghái era demasiado. Tras semanas de nieve y desolación, entrar allí fue como meterse en un sueño ajeno. Color demasiado, ruido y gente. Gladys estaba allí con su bolsa, preguntándose si había cometido un error, hasta que encontró la pensión metodista en la calle Morrison.
—Necesito llegar a la provincia de Shanxi. A un lugar llamado Yangcheng —le dijo Gladys a la mujer del mostrador. —¿A Yangcheng? ¿Sola? —la mujer se recostó en su silla—. Hay una misionera escocesa aquí, Jeannie Lawson. Lleva veinte años en China y vive allí. Pero te advierto: no es una mujer fácil y el lugar es peligroso. Bandidos, señores de la guerra... no es para débiles de corazón.
Gladys subió a la habitación de Jeannie. Le abrió una mujer de setenta y tres años, demacrada y de mirada endurecida.
—¿Qué quieres? —preguntó bruscamente. —Soy Gladys Aylward. Voy a ser misionera. Me han dicho que usted está en Yangcheng.
Jeannie la dejó entrar. El cuarto estaba abarrotado de libros y papeles.
—Llevo veinte años aquí —dijo Jeannie con amargura—. ¿Sabes cuántas conversiones reales he visto? Dos. El resto solo busca comida gratis. ¿Y tú quieres ir allí? -Si. —Hice una promesa a Dios —continuó Jeannie—. Dije que daría mi vida y lo estoy haciendo, aunque nadie recuerde mi nombre cuando muera. —Yo lo recordaré —dijo Gladys.
Algo cambió en los ojos de Jeannie. Una grieta en su armadura.
—Necesito ayuda para el albergue —confesó—. Alguien que hable con los muleros y predique a su manera. —Yo puedo hacerlo. —No hablas chino. —Aprenderé. —Si vienes —sentencia Jeannie—, no hay vuelta atrás. Estarás comprometida con Dios, con el trabajo y conmigo. ¿Puedes vivir con eso? —Sí —respondió Gladys sin dudar.
Jeannie ascendió. Partirían en dos semanas.
—Tu nombre es Gladys —dijo Jeannie antes de que ella saliera—. Es un nombre inglés, un nombre de debilidad. En China necesitarás un nombre que sepa de quién eres realmente. — ¿Quién soy? —preguntó Gladys. —Eso lo descubriremos cuando lleguemos a Yangcheng.
Esa noche, Gladys miró las luces de Shanghái. Supo con certeza que el viaje apenas comenzaba, pero al menos ya no estaría sola.
Editado: 13.02.2026