CAPÍTULO 12: «Idioma e identidad»
El mandarín era una lengua de fantasmas. No solo por su dificultad, sino porque cada carácter que Gladys memorizaba parecía tener un alma propia. Pasaba horas cada noche estudiando. Sus dedos se teñían de tinta y su mente a veces se quedaba en blanco. Los fracasos eran humillantes.
Una vez, intentando decir «buenos días» a un anciano, terminó diciendo algo que significaba «tu burro es hermoso», y nunca estuvo segura de si realmente había un burro cerca o si simplemente había insultado a su familia. Otra vez, intentando pedir agua, pidió «aguja» tres veces antes de que la entendieran. Pero no se detuvo.
A los tres meses, mantenía conversaciones simples. A los seis, contaba historias completas. Y una mañana, Gladys se despertó descubriendo que había estado soñando en chino. No era un sueño épico, solo trataba de comprar arroz en el mercado, pero sus pensamientos habían fluido en mandarín. Su idioma interno había cambiado. Ya no era solista Gladys Aylward de Londres; Era algo más.
—Ha cruzado un umbral —le dijo Jeannie—. Ahora eres dos, pero pronto serás una sola. — ¿Qué significa eso? —Significa que has dejado de ser una extranjera que habla chino. Ahora eres una china que recuerda el inglés. Es un cambio más profundo. Es lo que necesitabas ser.
Editado: 13.02.2026