Salvó 94 Niños

Capítulo 20

CAPÍTULO 20: «Sola en el albergue»

Después de que Jeannie Muriera, Gladys estaba verdaderamente sola.

Los papeles del albergue ahora eran suyos. El trabajo ahora era completamente de ella. No había nadie para compartir la carga, nadie para las dudas, nadie ante quien pudiera desmoronarse cuando era demasiado.

Pero sucedió algo interesante: la aldea no se fue.

Si algo, la muerte de Jeannie pareció fortalecer el compromiso de Yangcheng con el albergue. Los muleros venían más frecuentemente. Los aldeanos trajeron comida. Una familia incluso ofreció dinero cuando se enteraron de que Gladys estaba teniendo problemas para mantener el lugar.

Gladys amplió el trabajo. Comenzó a traer niños de la calle. Niños cuyos padres habían muerto en la guerra o por enfermedad. Niños cuyo único futuro parecía ser la mendicidad o el crimen.

Los traía al albergue. Los alimentaba. Les enseñaba a leer. Les contaba historias. Lentamente, sin ningún drama, los convertía en personas. Los transformaba de niños abandonados en seres humanos con dignidad.

Para el final de 1936, había una docena de niños viviendo permanentemente en el albergue. Para el final de 1937, había treinta. Para el final de 1938... bueno, para entonces, el mundo había cambiado.

La vida en el albergue durante estos años fue monótona. Monótona en el sentido que describimos cuando algo es repetitivo, previsible, sin sorpresa. Cada día era como el anterior. Se levantaba antes del amanecer. Preparaba comida. Enseñaba. Cuidaba de los enfermos. Predicaba. Dormia.

Semana tras semana. Mes tras mes. Año tras año.

No había días de descanso. No había distracciones. No había vida fuera de estas montañas. La única conexión con el mundo exterior eran las cartas de sus padres, que llegaban cada pocos meses, cada vez más finas, el papel más frágil, la letra de su padre menos firme.

Sabía lo que significaban esas letras más débiles.

Supo que su padre estaba envejeciendo. Que la vida se le escapaba. Y que ella estaría aquí, en China, cuando muriera. Estaría aquí sin despedirse. Estaría aquí sin un funeral. Estaría aquí con solo una carta diciéndole que su padre ya no existía en la tierra que lo había criado.

Pero continuó.

Continuó porque era lo único que sabía hacer. Continuó porque Jeannie le había pedido que continuara. Continuó porque los niños la necesitaban. Continuó porque no sabía cómo dejar de creer que su vida tenía un propósito.

Y luego, en 1937, todo cambió.



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En el texto hay: misterio, drama, accion

Editado: 14.02.2026

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