CAPÍTULO 28: «La lista de Gladys Aylward »
Gladys apenas estaba consciente cuando llegaron al orfanato de Xi’an.
Estaba siendo sostenida por Chen y la señora Wang, sus pies apenas tocando el suelo. Su visión era un borrón. Su mente flotaba en y fuera de la realidad.
Lo único de lo que estaba completamente consciente era que tenía que entregar a los niños. Tenía que saber que estaban seguros. Tenía que asegurarse de que todas sus vidas, todo lo que la montaña le había hecho pasar, había tenido significado.
El director del orfanato, un hombre europeo de unos sesenta años, salió a recibirlos.
Su cara pasó por varias emociones cuando vio el grupo.
Sorpresa. Incredulidad. Luego, finalmente, admiración.
—¿Cómo...? —comenzó—. ¿Cómo hizo esto?
Gladys no respondió.
Simplemente entregó a los niños.
Tenía papeles, documentos rudimentarios que confirmaban los nombres y edades. Tenía la lista que había hecho, contando cabezas cada noche.
—Noventa y cuatro niños —dijo con lo último de su voz—. Caminé desde Yangcheng. Todos salvos.
Luego se desmoronó.
No dramáticamente. Simplemente se derrumbó, como si alguien hubiera cortado los hilos que la sostenían.
Chen y la señora Wang la atraparon.
El director gritó órdenes. Sirvientes corrieron. Llevaron a Gladys a una habitación.
Y luego, finalmente, después de semanas de caminar a través de montañas, después de ser baleada, después de soportar fiebre y neumonía, después de cargar a niños pequeños y su propio cuerpo destrozado,
Gladys Aylward se permitió descansar.
Editado: 14.02.2026