Salvó 94 Niños

Capítulo 30

CAPÍTULO 30: «El despertar»

La habitación del hospital era blanca.
Demasiado blanca. Tan blanca que cuando Gladys abrió los ojos, por un momento creyó estar muerta, que había llegado a algún lugar más allá de la vida, más allá del dolor, más allá de todo.
Pero luego sintió dolor.
Un dolor profundo, constante, que vivía en cada célula de su cuerpo. Un dolor que confirmaba que aún estaba viva.
Intentó levantarse. Su cuerpo no le obedeció. Sus brazos se movieron, pero era como si estuvieran conectados a cables rotos. Sus manos temblaban sin control. No tenía fuerza.
Intentó hablar. Su garganta producía solo un sonido áspero, como arena raspándose contra piedra.
—¿Dónde...? —susurró, aunque no supo si la palabra había sido audible realmente o solo había sido un pensamiento en su mente.
Una voz pequeña respondió.
—Despertaste.
Gladys giró la cabeza, lentamente, porque incluso ese movimiento requería concentración.
Era Mei-Li. La niña de siete años estaba sentada en una silla al lado de la cama, como si hubiera estado esperando ese momento exacto durante meses.
—Mei-Li —murmuró Gladys—. ¿Estás... aquí?
—He estado aquí —respondió Mei-Li simplemente—. Cada día. Sabía que despertarías. No sabía cuándo, pero sabía que lo harías.
Gladys quiso sonreír, pero descubrió que su cara no cooperaba. Simplemente permitió que las lágrimas corrieran por sus mejillas.
—¿Los niños? —preguntó—. ¿Están...?
—Aquí —respondió Mei-Li—. Todos aquí. Todos vivos.
Un doctor entró, un hombre de mediana edad con la expresión de alguien que había visto milagros lo suficiente como para creer en ellos.
—Señorita Aylward —dijo, hablando lentamente, como si no estuviera seguro de que comprendería—. Ha estado inconsciente durante tres meses. Su cuerpo ha sufrido un trauma extremo.
Gladys intentó hablar, pero produjo solo un sonido ronco.
—No hable —ordenó el doctor—. Descanse. Cualquier movimiento podría ser... problemático.
Pero Gladys ignoró esto.
—¿Los niños? ¿Están todos? —preguntó nuevamente, su voz áspera pero clara.
El doctor pareció sorprendido de que pudiera hablar.
—Están todos —confirmó—. Todos vivos. Todos aquí. Todos en el orfanato. Han estado preocupados y orando hasta con lágrimas por usted. Han estado esperando que despertara.
Gladys cerró los ojos.
Y permitió que su cuerpo se relajara. No completamente. La tensión de la supervivencia aún estaba allí. Pero lo suficiente como para permitirse creer que había hecho lo que se suponía que debía hacer.
Que los noventa y cuatro niños estaban vivos. Agradeció a Dios que estuvieran vivos y se quebrantaron sus ojos y su corazón.



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En el texto hay: misterio, drama, accion

Editado: 14.02.2026

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