¿Alguna vez has visto a alguien?
Bueno, obviamente sí, pero a lo que me refiero es si, ¿alguna vez has visto a alguien tan atractivo, seductor, llamativo, hermoso —evidentemente es una exageración— que te deja deslumbrada, que te deja flechada, pero te resignas a no volver a ver jamás a la persona porque es muy poco probable que se vuelvan a encontrar?
Algunos guardan la esperanza, la ilusión, la fe, de que volverán a toparse algún día con esa persona y otros como yo sencillamente nos resignamos, y honestamente eso es lo más lindo que tiene la sociedad, la dualidad, unos dan otros reciben, unos pierden otros ganan, pero en fin no hablamos sobre eso.
Por más que digan que el mundo es un pañuelo, que el planeta es redondo y hará que nos encontremos de nuevo o aún peor, que la fuerza del destino moverá sus hilos y hará que veamos a esos individuos nuevamente, es más que obvio que nunca, pero nunca volveremos a ver a esos humanos, y si no es así, necesito que cualquiera me diga que no le ha sucedido eso, que volvió a ver a esa persona.
Y yo... yo pensaba lo mismo, supongo que lo sigo pensando... pero él fue la excepción, jamás se me pasó por la cabeza que nuestro mundo si era un pañuelo, que el planeta redondo donde vivimos nos haría encontrar de nuevo o aún peor... que el destino nos iba a hacer cruzarnos de la forma más inesperada posible.
Por momentos sigo creyendo que ir a San Diego fue el error más costoso de mi vida (literalmente hablando) y por ratos creo que no, lo único cierto es que para el amor nunca hay una salida, de él no puedes escapar o al menos eso dijo la señora que me leyó las cartas
en medio de la calle.